Después de la comida con mi familia y de la larga sobremesa comencé a arreglarme. Serían las ocho más o menos. Mi padre me había llamado por la mañana para felicitarme y una semana antes me había enviado un libro como regalo. Nunca se lo he dicho pero preferiría que no me regalase nada y simplemente viniera a verme el día de mi cumple. Pero nunca lo hacía... Llevaba años sin estar conmigo ese día y éste solo sería un año más.
Diego también apareció para regalarme una camiseta preciosa que le prometí que me pondría esa misma noche. Luego volvió a su casa para ducharse y cambiarse. Además casi no pudimos hablar porque mis abuelos, mis tíos y mis primos andaban todos por allí.
- Ok me voy - me dijo - pero esta noche sin falta me cuentas lo de que besaste a una chica. No creas que se me olvidó...
Puse los ojos en blanco.
- Vaaale, esta noche.
Nos despedimos y seguí arreglándome. Había quedado con Britney en el portal quince minutos antes que con los demás. Yo ni siquiera tenía la ilusión de que se acordara de mi cumple porque solo lo habíamos mencionado una vez desde que la conocí. Y aunque se acordara tampoco tenía por qué regalarme nada, al fin y al cabo aún no habíamos ni hablado de qué tipo de relación teníamos y de si íbamos en serio o no. Para mí estaba claro que yo quería estar con ella exclusivamente y no solo como un lío más. Pero para eso ambas personas tenían que desear lo mismo y sobre todo, tenían que hablarlo.
Cuando bajé al portal ella estaba cotilleando en los buzones. Llevaba unos vaqueros grises y una camiseta negra de tirantes. El pelo un poco ondulado en esta ocasión, le caía sobre los hombros. Una vez más estaba realmente guapa. Es algo a lo que, aunque habíamos quedado varias veces, no llegaba a acostumbrarme. Bajé la rampa y noté cuando le abrazaba que tenía una mano detrás de la espalda escondiendo algo.
- ¿Qué es eso? - dije con curiosidad.
- ¿Qué es qué? - intentó hacerse la tonta pero por mi cara vio que no le había funcionado demasiado bien - No coló ¿no?
- Me da que no... ¿Qué es?
- Tu regalo.
- ¿Mi regalo?
- ¿Creías que me había olvidado de tu cumple?
Ambas sonreímos y sacó un paquetito envuelto en papel de regalo. Yo ya iba a cogerlo pero lo echó hacia atrás para que no lo alcanzara.
- Espera. Quiero explicarte algo - dijo algo nerviosa y mirando al suelo - Yo... no tengo muy claro... Aún no hemos hablado de esto y puesto que hoy es tu cumpleaños quería dejar claro lo que siento. Yo no sé qué piensas tú pero quería que supieras que me gustas mucho y que pienso a todas horas en ti. Aún no estoy segura de que tú quieras una relación estable con una chica; pero es lo que yo quiero. Tengo miedo a...
- ¿A qué? - dije yo al ver que no seguía.
- A ser solo el rollo de una chica hetero que quiere probar algo nuevo.
- ¿Qué? No eres eso para nada. A mí nunca me había gustado alguien así, de esta forma, con esta intensidad. Pero también tengo miedo.
- ¿De qué?
- Tú tienes más experiencia y ya has estado con chicas antes, no quiero ser solo una más.
- No eres una chica más, Amy. Eres MI chica.
La abracé de nuevo. Y sin separarme de ella le dije:
- ¿Entonces estamos de acuerdo? Nada de liarse con otras.
- Ni con otros - me dijo.
Asentí.
- ¿Puedo ver por fin mi regalo?
- Jaja, claro.
Rompí el papel de regalo con mis manos algo temblorosas. Era un anillo de plata pero con una franja, que recorría la parte central, de color azul. Me encantó.
- Tiene algo grabado - dijo poniéndose un poco colorada.
"Siempre estaré contigo" Eso era lo que ponía. Me dio un vuelco el corazón cuando lo leí. Me puse el anillo y sin importarme que aún estuviéramos en el portal de mi casa y que o mis hermanos o mi madre o algún vecino pudiera bajar, la besé.
Como yo aún no le había dicho a nadie que estaba con Britney (a excepción de Vero) al principio intentamos que no se notara mucho y nos controlamos bastante a la hora de tocarnos o abrazarnos. Pero creo que a medida que pasaba la noche y que el nivel de alcohol en mis venas iba aumentando me costaba más no ser tan cariñosa con ella y creo que a Britney le pasaba lo mismo.
Cuando estábamos en la plaza delante del ayuntamiento, hora y media después de que hubiéramos quedado, y Britney se había ido un momento con Vero; Diego se me acercó con su nuevo rollo (Jéssica) y me preguntó a qué chica había besado. Me sorprendió un poco que lo hiciera allí, delante de Jessica y de repente pero me di cuenta de que ya empezaba a estar... llamémoslo "contentillo". Jéssica nos miró algo asombrada.
- ¿Y por qué quieres saberlo? - le dije evadiendo el tema.
- Porque soy tu mejor amigo. Y además el hecho de que evites responder a la pregunta y de que no me lo hayas contado antes me da a entender que es importante.
Levanté la mirada y en ese momento Britney venía hacia nosotros. Se sentó a mi lado.
- ¿Qué tal va tu cumple? - me dijo mientras ponía una mano en mi pierna.
- ¡Genial! Es un cumpleaños prácticamente perfecto.
Para que Jéssica y Diego no lo oyeran se me acercó más y me susurró al oído:
- Haré todo lo que pueda para que a partir de ahora todos tus cumples sean perfectos.
Automáticamente una sonrisa se me dibujó en la cara.
- A ver si es verdad... - le dije.
Por un momento se me olvidó que no estábamos solas, que Diego y Jéssica estaban allí. Era algo a lo que empezaba a acostumbrarme cuando estaba con Britney.
- ¡Ey Brit! - gritó Vero de repente desde el banco de al lado - Ven un momento.
Después de mirarme sonriendo y darme un pequeño empujón con el hombro se fue con Vero.
Diego quiso insistir en el tema de a qué chica había besado. Y en cuanto lo preguntó Jéssica dijo en voz baja:
- ¡Joder!
- ¿Qué? - preguntó Diego desconcertado.
- ¿En serio? ¡Hombres...! - Dijo ella poniendo los ojos en blanco - ¿estás ciego o qué?
La miré sorprendida.
- ¿Tan evidente es? - pregunté.
- Al parecer solo para las mujeres.
- Tampoco debería extrañarnos que los tíos no se enteren de nada.
- Ya - coincidió ella - Y sin embargo siguen sorprendiéndonos con su habilidad para no ver lo que pasa delante de sus propias narices.
No pude evitar echarme a reír. Esa chica me estaba empezando a caer bien.
- ¿Qué me he perdido? - dijo Diego.
Me levanté y poniéndole una mano en el brazo le dije que la chica a la que había besado era Britney. Inmediatamente puso unos ojos como platos.
- ¡Guau! - dijo - Eso puedo imaginármelo...
- ¡Oye! - Jéssica le dio un puñetazo en el hombro.
Me fui para que hablaran, dejando a Diego totalmente sorprendido por mi confesión.
Me lo pasé fenomenal el resto de la noche. Fuimos a la discoteca y bailé hasta las tantas. Entre las copas acumuladas durante toda la noche, que nunca había estado en una discoteca antes, el calor y que ver a Britney bailar me volvía loca no pude evitar cogerla de la mano y susurrar algo como que íbamos al baño para sacarla de allí y poder besarla sin convertirme por ello en el centro de atención de la discoteca. En la zona de los baños y sin gente alrededor en ese momento, nos liamos por primera vez. No fue uno o dos besos, como las veces anteriores. Estuvimos allí unos diez minutos, parando únicamente para coger aliento. No quería separarme de ella ni un segundo aunque sabía que tarde o temprano tendríamos que volver. Nadie me había besado antes con tanta pasión y yo no dejaba de recorrer su cuerpo con mis manos y de acercarla a mí, como si quisiera que nos convirtiéramos en una sola persona. Supongo que durante esos diez minutos pasó gente por allí y nos vio, pero ni me di cuenta ni me importó. Era realmente feliz con Britney a mi lado.
Cuando empezaba a resultar increíble que hubiéramos estado tanto tiempo en el baño bajamos.
- ¿Había cola? - me dijo Vero con una sonrisa pícara.
- No la suficiente - le susurró Britney después de mirarme.
Las tres nos echamos a reír.
Creo sinceramente que ese día en el que cumplí 16 años, ese cumpleaños del 2008, fue el mejor de mi vida. Y quizás, si no hubiera sido por la ausencia de mi padre, habría sido el cumpleaños perfecto.
lunes, 1 de febrero de 2010
CAPÍTULO 6 (PARTE 2)
Esa misma noche Britney me invitó a ir al cine con ella al día siguiente. Hablamos por messenger hasta las cuatro de la mañana (hora en la que las dos decidimos que necesitábamos dormir un poco). Al día siguiente estaba muy nerviosa, como siempre que iba a ver a Britney; aunque también puede que tuviera algo que ver el hecho de que cuando ya estaba preparada para salir se me callera pasta de dientes en la camiseta y tuviera que volver a cambiarme. Fuimos durante todo el camino hacia el cine riéndonos de algunas cosas que habían pasado la otra noche. Y cuando de vez en cuando nos quedábamos calladas yo la miraba de reojo y me di cuenta de que ella también parecía nerviosa... por tonto que suene eso me tranquilizó un poco. Pagamos las entradas y cogimos un paquete grande de palomitas para compartir entre las dos y un par de pepsis. Habíamos ido a ver "La última casa a la izquierda". A mí la verdad es que no me gustaban mucho las pelis de miedo, pero habría ido aunque fuera a ver los teletubbies por estar con ella. Nos sentamos en la penúltima fila casi en el momento en el que los anuncios de no ensucien, apaguen sus móviles y demás empezaban. La sala estaba casi vacía. Para ser sinceros Pontevedra no era un sitio en el que la gente fuera demasiado al cine; de vez en cuando para ver algún estreno de público masivo pero poco más. Y claro, que la peli tampoco fuera gran cosa también influía. Pero a Britney le encantaba el género de terror...
No soy de esas personas que tienen miedo fácilmente, pero en un momento puntual de la película me asusté un poco e impulsivamente cogí la mano de Britney que estaba apoyada en la butaca. Ella se limitó a sonreírme y me dijo al oído con tono de burla:
- Tranquila que estoy yo aquí para protegerte.
- Sí, claro... - le dije con cara de ofendida.
- No seas tonta, que era broma - mientras lo dijo me apartó el pelo y empezó a besarme el cuello.
- Mmmmm - después de un rato y de que se me pasara un poco la sorpresa de que me hubiera vuelto a besar; la aparté un poco - por esto querías venir a una peli de miedo ¿verdad? - le dije sonriendo.
- Puede... - no me dejó contestar; simplemente volvió a besarme.
Puedo decir que esa fue una de las primeras películas de miedo que fui a ver al cine; pero si me preguntan por el argumento o final de la peli no sabría muy bien que decir. Desde ese momento no dejamos de besarnos, acariciarnos o hablar entre susurros y yo solo tenía ojos para Britney. ¡Hasta me sorprendió un poco cuando sonó la música de los créditos y las luces se encendieron!
Volvimos a casa y me costó un montón despedirme de ella, pero no me quedó otro remedio: esa noche había cena familiar. El novio de mi madre, Javier, venía esa noche a cenar. Era algo que desde que habían empezado a salir, un año atrás, hacíamos frecuentemente. Al principio porque mi madre se esforzó mucho para que Javier se llevara bien con nosotros y encajara en la familia. Ahora que eso ya había pasado simplemente lo hacíamos porque era una costumbre. Lo que tanto mis hermanos como yo no entendíamos era por qué no se habían ido a vivir juntos todavía. Y desde que conocí a Britney y se convirtió en mi nueva vecina, lo único que esperaba era que si alguien se tuviera que mudar fuera Javier a nuestra casa.
Durante esa semana quedamos un par de veces más. Hacíamos tonterías, cosas simples como ir a tomar algo o simplemente pasear. Pero con ella todo me parecía divertido. En seguida me di cuenta de que era una chica especial: podías hablar con ella de mil cosas distintas (no como con esa gente que a la segunda frase ya no tiene más conversación), era divertida y un poco irónica, eso me gustaba. Además era sincera, sabía pasárselo bien, pero a la vez si había que hablar de algo difícil o necesitabas que te escuchara allí estaba.
Antes de que Vero y Diego llegaran había pasado unos días realmente malos y me sentía muy perdida (como ya expliqué anteriormente). Ahora sentía que había encontrado lo que me faltaba. Con Diego, cuando salíamos, faltaba precisamente lo que tenía ahora con Britney. Me llevaba bien con Diego y era guapo, pero cuando nos liábamos no sentía lo mismo que ahora con Britney. Y me había pasado lo mismo con otros chicos, no era problema de Diego. Por decirlo claramente, no me ponían. Antes no lo entendía, pero desde que empecé a conocer a Britney todo cobró sentido. Era difícil de asumir, aquello cambiaba las cosas de una manera radical, pero al menos era un paso más para entenderme a mí misma y para encontrar esa felicidad que llevaba tanto tiempo buscando.
El día de mi cumpleaños había quedado con Diego y una "amiga" suya, Pablo, Vero y Britney para salir todos juntos. Esa noche por fin podía ir a la discoteca; tendría 16 años. Por tonto que pueda parecer lo cierto es que me hacía ilusión.
Ese día me desperté más temprano de lo habitual porque venían a comer a casa el novio de mi madre, mis abuelos e incluso un par de tíos a los que no veía muy a menudo. Mi madre y mis hermanos se habían puesto de acuerdo y me regalaron entre todos una cámara de video (llevaba un año pidiéndola) y un portátil. Fueron unos regalos cojonudos, la verdad es que no podía pedir más.
Vero vino a casa por la mañana para felicitarme una vez más (lo había hecho a las 00:00 en punto, como todos los años) y también me trajo un regalito: era un CD antiguo de mi grupo favorito, Oasis; llevaba años buscándolo en cada tienda a la que iba.
- ¡Oh Dios! - le dije abrazándola - No me puedo creer que lo hayas encontrado. ¿Dónde?
- ¿Te acuerdas de que el finde antes de irme al campamento mis padres me llevaron a Madrid? Pues lo busqué por varias tiendas. Y apareció - lo dijo con una sonrisa de oreja a oreja, orgullosa de su regalo.
- ¡Joder, Vero, es el mejor regalo que me podrían haber hecho, además de un apartamento en Nueva York o una casa en una playa de California!
- Jajaja - dijo ella irónicamente.
La abracé de nuevo.
- No, en serio, gracias. Eres la mejor amiga que se puede tener.
Y era la verdad. Vero había estado a mi lado durante años y habíamos pasado de todo: el divorcio de sus padres, nuestros primeros novios, su primera vez, cuando se dio cuenta de que era bisexual, el accidente de mi hermano... de TODO. Pero Vero siempre estaba allí, no me había fallado nunca. Me sentía realmente orgullosa y afortunada de que fuera mi mejor amiga.
No soy de esas personas que tienen miedo fácilmente, pero en un momento puntual de la película me asusté un poco e impulsivamente cogí la mano de Britney que estaba apoyada en la butaca. Ella se limitó a sonreírme y me dijo al oído con tono de burla:
- Tranquila que estoy yo aquí para protegerte.
- Sí, claro... - le dije con cara de ofendida.
- No seas tonta, que era broma - mientras lo dijo me apartó el pelo y empezó a besarme el cuello.
- Mmmmm - después de un rato y de que se me pasara un poco la sorpresa de que me hubiera vuelto a besar; la aparté un poco - por esto querías venir a una peli de miedo ¿verdad? - le dije sonriendo.
- Puede... - no me dejó contestar; simplemente volvió a besarme.
Puedo decir que esa fue una de las primeras películas de miedo que fui a ver al cine; pero si me preguntan por el argumento o final de la peli no sabría muy bien que decir. Desde ese momento no dejamos de besarnos, acariciarnos o hablar entre susurros y yo solo tenía ojos para Britney. ¡Hasta me sorprendió un poco cuando sonó la música de los créditos y las luces se encendieron!
Volvimos a casa y me costó un montón despedirme de ella, pero no me quedó otro remedio: esa noche había cena familiar. El novio de mi madre, Javier, venía esa noche a cenar. Era algo que desde que habían empezado a salir, un año atrás, hacíamos frecuentemente. Al principio porque mi madre se esforzó mucho para que Javier se llevara bien con nosotros y encajara en la familia. Ahora que eso ya había pasado simplemente lo hacíamos porque era una costumbre. Lo que tanto mis hermanos como yo no entendíamos era por qué no se habían ido a vivir juntos todavía. Y desde que conocí a Britney y se convirtió en mi nueva vecina, lo único que esperaba era que si alguien se tuviera que mudar fuera Javier a nuestra casa.
Durante esa semana quedamos un par de veces más. Hacíamos tonterías, cosas simples como ir a tomar algo o simplemente pasear. Pero con ella todo me parecía divertido. En seguida me di cuenta de que era una chica especial: podías hablar con ella de mil cosas distintas (no como con esa gente que a la segunda frase ya no tiene más conversación), era divertida y un poco irónica, eso me gustaba. Además era sincera, sabía pasárselo bien, pero a la vez si había que hablar de algo difícil o necesitabas que te escuchara allí estaba.
Antes de que Vero y Diego llegaran había pasado unos días realmente malos y me sentía muy perdida (como ya expliqué anteriormente). Ahora sentía que había encontrado lo que me faltaba. Con Diego, cuando salíamos, faltaba precisamente lo que tenía ahora con Britney. Me llevaba bien con Diego y era guapo, pero cuando nos liábamos no sentía lo mismo que ahora con Britney. Y me había pasado lo mismo con otros chicos, no era problema de Diego. Por decirlo claramente, no me ponían. Antes no lo entendía, pero desde que empecé a conocer a Britney todo cobró sentido. Era difícil de asumir, aquello cambiaba las cosas de una manera radical, pero al menos era un paso más para entenderme a mí misma y para encontrar esa felicidad que llevaba tanto tiempo buscando.
El día de mi cumpleaños había quedado con Diego y una "amiga" suya, Pablo, Vero y Britney para salir todos juntos. Esa noche por fin podía ir a la discoteca; tendría 16 años. Por tonto que pueda parecer lo cierto es que me hacía ilusión.
Ese día me desperté más temprano de lo habitual porque venían a comer a casa el novio de mi madre, mis abuelos e incluso un par de tíos a los que no veía muy a menudo. Mi madre y mis hermanos se habían puesto de acuerdo y me regalaron entre todos una cámara de video (llevaba un año pidiéndola) y un portátil. Fueron unos regalos cojonudos, la verdad es que no podía pedir más.
Vero vino a casa por la mañana para felicitarme una vez más (lo había hecho a las 00:00 en punto, como todos los años) y también me trajo un regalito: era un CD antiguo de mi grupo favorito, Oasis; llevaba años buscándolo en cada tienda a la que iba.
- ¡Oh Dios! - le dije abrazándola - No me puedo creer que lo hayas encontrado. ¿Dónde?
- ¿Te acuerdas de que el finde antes de irme al campamento mis padres me llevaron a Madrid? Pues lo busqué por varias tiendas. Y apareció - lo dijo con una sonrisa de oreja a oreja, orgullosa de su regalo.
- ¡Joder, Vero, es el mejor regalo que me podrían haber hecho, además de un apartamento en Nueva York o una casa en una playa de California!
- Jajaja - dijo ella irónicamente.
La abracé de nuevo.
- No, en serio, gracias. Eres la mejor amiga que se puede tener.
Y era la verdad. Vero había estado a mi lado durante años y habíamos pasado de todo: el divorcio de sus padres, nuestros primeros novios, su primera vez, cuando se dio cuenta de que era bisexual, el accidente de mi hermano... de TODO. Pero Vero siempre estaba allí, no me había fallado nunca. Me sentía realmente orgullosa y afortunada de que fuera mi mejor amiga.
CAPÍTULO 6 (PARTE 1)
Desperté a la mañana siguiente con la débil luz que entraba por las persianas medio bajadas de mi habitación. Abrí los ojos lentamente y me di cuenta de que no estaba mirando hacia la pared (que era la posición en la que me había dormido) sino hacia en el otro lado. Por un momento estuve realmente confundida e incluso llegué a pensar que me lo había imaginado todo; que había sido un magnífico (y largo) sueño del que ahora despertaba. Cuando esa idea pasó por mi mente durante un instante, me dolió muchísimo; no quería que solo fuera un sueño. Sabía que, en parte, debería sentirme aliviada si todo lo de aquella noche no hubiera pasado porque había descubierto algo de mí que no conocía y que me asustaba, me había empezado a gustar una chica. Y cuando Britney me contó por lo que había pasado ella, lo de decírselo a sus padres y amigos, supe que algún día posiblemente yo iba a tener que hacer lo mismo y que aquello, para bien o para mal cambiaría mi vida. Pero por extraño que pueda parecer ni siquiera sentí ese alivio. Solo deseaba que Britney fuera real. Y fue entonces cuando comprendí que lo que mi subconsciente me estaba diciendo con aquel extraño despertar era que Britney me gustaba de una forma especial, distinta a como me habían gustado todos los tíos con los que había salido y que daba igual las posibles consecuencias de ese hecho; iba a luchar hasta el final por estar con Britney.
Tras ese breve instante de confusión debido a que estaba recién despertada y es probable que también debido a la resaca, noté que el brazo de Britney rodeaba mi cintura. Escuché su respiración acompasada; parecía dormida. Me giré despacio, intentando no despertarla, hasta quedar frente a frente. La observé durante unos cinco minutos sin atreverme a despertarla; estaba preciosa cuando dormía. Después empecé a acariciarle la cara y a darle besos por el brazo y los hombros hasta que despertó.
- Hmmmm. Buenos días - susurró con una sonrisa en la cara a pesar de que parecía cansada.
- Buenos días.
Nos quedamos un tiempo en silencio, mirándonos. Era uno de esos momentos que no quieres que acaben, uno que sabes que no vas a olvidar, un momento prácticamente mágico.
Pero claro...siempre tiene que venir alguien a joderte el momento.
Vero entró en la habitación como un torbellino y sin llamar antes. Britney y yo nos sobresaltamos y nos incorporamos en la cama.
- ¡Mierda! Perdón... - dijo Vero rápidamente. Estaba muy sorprendida de que estuviéramos en la misma cama.
- Vero ¡joder! Llama al menos ¿no?
- ¡Ya! Perdón.
- No pasa nada - dije levantándome. La situación ya era bastante rara como para que yo me quedara allí tumbada con Britney mientras Vero hablaba - ¿Qué querías?
- Es que me duele un montón la cabeza y no encuentro las aspirinas - no pude evitar reírme - Además ya son las doce y siempre te despierto a esta hora.
Eso era cierto. Siempre que se quedaba a dormir conmigo ella se despertaba antes y a las doce o así me avisaba.
- Vamos a por las aspirinas anda - le dije saliendo de la habitación.
En la cocina, mientras yo cogía la caja donde guardaba mi madre todos los medicamentos sentía su mirada clavándoseme en la espalda. Cogí el paquete, me giré y se lo di. Ella no dejó de mirarme.
- ¿Qué? - le dije finalmente.
- ¿Cómo que qué? ¿Lo habéis hecho ya?
- ¡No!
- ¿Seguro?
- Piensa lo que quieras... es demasiado temprano para discutir...
- Te creo - dijo con cierta resignación.
- Solo faltaba...
Cuando Vero cogía un vaso de agua para tomar más fácilmente la aspirina Britney entró ya vestida con su ropa.
- Te he dejado el pijama encima de la cama.
- Ok.
Se quedó mirándome un rato apoyada en el marco de la puerta. Yo tampoco apartaba los ojos de ella. Y Vero parecía observarnos a las dos, tal vez intentando saber si era cierto que no nos habíamos acostado.
Britney se acercó.
- Tengo que estar en casa cuando llame mi hermana así que mejor voy bajando.
Asentí. No quería que se fuera pero sabía que tenía que hacerlo. Al principio creí que se iba a ir sin más o tal vez dándome un beso en la mejilla o un abrazo. Pero me di cuenta de que ese no era su estilo. A ella le daba igual que Vero estuviera delante, si quería besarme lo haría y a mí me pasaba lo mismo.
Me agarró por la cintura.
- Gracias por ser como un sueño - me susurró al oído.
Y para despedirse me besó.
- Hasta luego Vero.
- Chao - dijo Vero todavía algo sorprendida.
En cuanto la puerta se cerró Vero me dijo:
- Cuéntame ahora mismo todo lo que pasó anoche porque casi no me acuerdo de nada. ¡Y con todos los detalles!
Y mientras desayunábamos a base de tostadas y zumo le narré la noche anterior.
Tras ese breve instante de confusión debido a que estaba recién despertada y es probable que también debido a la resaca, noté que el brazo de Britney rodeaba mi cintura. Escuché su respiración acompasada; parecía dormida. Me giré despacio, intentando no despertarla, hasta quedar frente a frente. La observé durante unos cinco minutos sin atreverme a despertarla; estaba preciosa cuando dormía. Después empecé a acariciarle la cara y a darle besos por el brazo y los hombros hasta que despertó.
- Hmmmm. Buenos días - susurró con una sonrisa en la cara a pesar de que parecía cansada.
- Buenos días.
Nos quedamos un tiempo en silencio, mirándonos. Era uno de esos momentos que no quieres que acaben, uno que sabes que no vas a olvidar, un momento prácticamente mágico.
Pero claro...siempre tiene que venir alguien a joderte el momento.
Vero entró en la habitación como un torbellino y sin llamar antes. Britney y yo nos sobresaltamos y nos incorporamos en la cama.
- ¡Mierda! Perdón... - dijo Vero rápidamente. Estaba muy sorprendida de que estuviéramos en la misma cama.
- Vero ¡joder! Llama al menos ¿no?
- ¡Ya! Perdón.
- No pasa nada - dije levantándome. La situación ya era bastante rara como para que yo me quedara allí tumbada con Britney mientras Vero hablaba - ¿Qué querías?
- Es que me duele un montón la cabeza y no encuentro las aspirinas - no pude evitar reírme - Además ya son las doce y siempre te despierto a esta hora.
Eso era cierto. Siempre que se quedaba a dormir conmigo ella se despertaba antes y a las doce o así me avisaba.
- Vamos a por las aspirinas anda - le dije saliendo de la habitación.
En la cocina, mientras yo cogía la caja donde guardaba mi madre todos los medicamentos sentía su mirada clavándoseme en la espalda. Cogí el paquete, me giré y se lo di. Ella no dejó de mirarme.
- ¿Qué? - le dije finalmente.
- ¿Cómo que qué? ¿Lo habéis hecho ya?
- ¡No!
- ¿Seguro?
- Piensa lo que quieras... es demasiado temprano para discutir...
- Te creo - dijo con cierta resignación.
- Solo faltaba...
Cuando Vero cogía un vaso de agua para tomar más fácilmente la aspirina Britney entró ya vestida con su ropa.
- Te he dejado el pijama encima de la cama.
- Ok.
Se quedó mirándome un rato apoyada en el marco de la puerta. Yo tampoco apartaba los ojos de ella. Y Vero parecía observarnos a las dos, tal vez intentando saber si era cierto que no nos habíamos acostado.
Britney se acercó.
- Tengo que estar en casa cuando llame mi hermana así que mejor voy bajando.
Asentí. No quería que se fuera pero sabía que tenía que hacerlo. Al principio creí que se iba a ir sin más o tal vez dándome un beso en la mejilla o un abrazo. Pero me di cuenta de que ese no era su estilo. A ella le daba igual que Vero estuviera delante, si quería besarme lo haría y a mí me pasaba lo mismo.
Me agarró por la cintura.
- Gracias por ser como un sueño - me susurró al oído.
Y para despedirse me besó.
- Hasta luego Vero.
- Chao - dijo Vero todavía algo sorprendida.
En cuanto la puerta se cerró Vero me dijo:
- Cuéntame ahora mismo todo lo que pasó anoche porque casi no me acuerdo de nada. ¡Y con todos los detalles!
Y mientras desayunábamos a base de tostadas y zumo le narré la noche anterior.
lunes, 25 de enero de 2010
CAPÍTULO 5 (PARTE 3)
- Por eso te hiciste el tatuaje...
- Sí. No quería olvidar la suerte que tuve de tener una familia que me apoyara. El tatuaje es como un agradecimiento y a la vez, como un símbolo de que siempre los llevo conmigo, de que estamos unidos.
- Me parece precioso. Aún más que antes.
Se secó las lágrimas y me abrazó.
- Siento haberme puesto tan ñoña.
- ¡Shhh! No digas tonterías. Me encanta que me lo hayas contado.
Sin apartar sus ojos de los míos se acercó más a mí, cuando estábamos muy cerca los cerró y me besó. Mientras sus labios y su lengua se perdían en mi boca de forma sensual, con una mano empezó a acariciarme el cuello. Fue un beso largo e intenso. Nos apartamos al cabo de unos minutos para tomar aliento. Britney tenía el poder de hacer que cuando me besaba me olvidara del resto del mundo, incluso de mis propios pensamientos. Y eso me encantaba porque por lo general soy una persona poco impulsiva y le doy muchas vueltas a todo. Con ella, simplemente, la atracción y las ganas de tenerla cerca eran demasiado fuertes, me daba igual lo que me dijera mi cabeza o las futuras consecuencias de empezar a salir con una chica. En ese momento solo existíamos ella y yo.
- ¿Sabes qué? - me dijo mientras se tumbaba apoyando la cabeza en mis piernas.
- Dime.
- Cuando nos vimos por primera vez, en el portal.
- Sí.
- Cuando te fuiste hacia el ascensor y yo salí a la calle pensé: creo que me va a encantar vivir aquí.
Me reí; mientras empecé a acariciarle el cuello, la cara y a jugar con su pelo.
- Y aunque suene raro - prosiguió - o incluso dé un poco de miedo lo cierto es que en ese momento ya quería conocerte, de alguna forma ya me gustabas. Ya sé que aún no sabía nada de ti, pero sentía una conexión extraña, no sé si me explico. Igual te parece que estoy loca...
- No me faltaría razón si lo pensara porque parece de locos, pero te entiendo, yo también sentí eso. De hecho, cuando iba en el ascensor una parte de mí me decía: vuelve abajo.
- Somos raras.
- Puede. Pero si ser raro es sentir esto, me encanta serlo.
Sonrió y me cogió por el cuello suavemente empujándome hacia abajo para que volviera a besarla.
Estuvimos un buen rato hablando. Hasta que ambas empezamos a tener sueño. Me levanté para ir a beber agua y cuando volví me tumbé en mi cama. Ella se metió dentro de la suya para taparse con la sábana. Se giró para poder mirarme y yo hice lo mismo. Y me di cuenta de que me iba a costar muchísimo dormirme teniéndola tan cerca pero sin poder tocarla. Quería dormir abrazada a ella y despertarme a su lado.
Sin levantarme de la cama estiré la mano y ella me la cogió. A medida que acariciaba su mano mientras la miraba las ganas de dormir con ella se multiplicaban; pero no me atrevía a decírselo porque supuse que creería que quería hacerlo con ella. Y, definitivamente, yo no estaba preparada para eso. Era virgen y aunque me gustaba mucho, lo cierto es que apenas conocía a Britney. Y además hasta que la conocí nunca me había planteado de verdad estar con una chica, mucho menos hacerlo con una chica. Necesitaba pensar en todo lo que me estaba pasando y en cómo me sentía antes de hacer algo tan definitivo como perder la virginidad.
Por suerte no tuve que decir nada porque fue ella la que dio el primer paso.
- Ven.
- ¿Qué...? - le dije.
- Duerme conmigo.
La miré con cara de duda.
- Solo dormir - insistió - Quiero abrazarte.
Me levanté de la cama y me hizo un hueco en la suya.
- Hoy ha sido una de las mejores noches de mi vida - lo dije sinceramente.
- Y de la mía.
Me besó la mano, la muñeca, el brazo, apartó un poco la camiseta para seguir por el hombro y me mordió suavemente el cuello.
- Mmmm ... mejor paro que si no no voy a poder cumplir mi promesa de solo dormir.
Sonreí y la besé en el cuello echándole hacia atrás el pelo.
- Buenas noches, Amy - me susurró al oído.
- Buenas noches.
Se giró hacia la pared cogiendo mi mano y poniendo así mi brazo alrededor de su cuerpo. Me acerqué un poco más a ella hasta estar totalmente juntas. Había dormido alguna vez con alguien en la misma cama pero nunca lo había hecho abrazada a nadie. Cerré los ojos y dejé que su olor me envolviera; su pelo rozando mi cara, su mano cerrada en la mía, su piel... No sé cuando me quedé dormida exactamente, pero recuerdo haber estado despierta, mirándola, durante mucho tiempo.
Sin duda y como le dije a ella, fue una de las mejores noches de mi vida.
- Sí. No quería olvidar la suerte que tuve de tener una familia que me apoyara. El tatuaje es como un agradecimiento y a la vez, como un símbolo de que siempre los llevo conmigo, de que estamos unidos.
- Me parece precioso. Aún más que antes.
Se secó las lágrimas y me abrazó.
- Siento haberme puesto tan ñoña.
- ¡Shhh! No digas tonterías. Me encanta que me lo hayas contado.
Sin apartar sus ojos de los míos se acercó más a mí, cuando estábamos muy cerca los cerró y me besó. Mientras sus labios y su lengua se perdían en mi boca de forma sensual, con una mano empezó a acariciarme el cuello. Fue un beso largo e intenso. Nos apartamos al cabo de unos minutos para tomar aliento. Britney tenía el poder de hacer que cuando me besaba me olvidara del resto del mundo, incluso de mis propios pensamientos. Y eso me encantaba porque por lo general soy una persona poco impulsiva y le doy muchas vueltas a todo. Con ella, simplemente, la atracción y las ganas de tenerla cerca eran demasiado fuertes, me daba igual lo que me dijera mi cabeza o las futuras consecuencias de empezar a salir con una chica. En ese momento solo existíamos ella y yo.
- ¿Sabes qué? - me dijo mientras se tumbaba apoyando la cabeza en mis piernas.
- Dime.
- Cuando nos vimos por primera vez, en el portal.
- Sí.
- Cuando te fuiste hacia el ascensor y yo salí a la calle pensé: creo que me va a encantar vivir aquí.
Me reí; mientras empecé a acariciarle el cuello, la cara y a jugar con su pelo.
- Y aunque suene raro - prosiguió - o incluso dé un poco de miedo lo cierto es que en ese momento ya quería conocerte, de alguna forma ya me gustabas. Ya sé que aún no sabía nada de ti, pero sentía una conexión extraña, no sé si me explico. Igual te parece que estoy loca...
- No me faltaría razón si lo pensara porque parece de locos, pero te entiendo, yo también sentí eso. De hecho, cuando iba en el ascensor una parte de mí me decía: vuelve abajo.
- Somos raras.
- Puede. Pero si ser raro es sentir esto, me encanta serlo.
Sonrió y me cogió por el cuello suavemente empujándome hacia abajo para que volviera a besarla.
Estuvimos un buen rato hablando. Hasta que ambas empezamos a tener sueño. Me levanté para ir a beber agua y cuando volví me tumbé en mi cama. Ella se metió dentro de la suya para taparse con la sábana. Se giró para poder mirarme y yo hice lo mismo. Y me di cuenta de que me iba a costar muchísimo dormirme teniéndola tan cerca pero sin poder tocarla. Quería dormir abrazada a ella y despertarme a su lado.
Sin levantarme de la cama estiré la mano y ella me la cogió. A medida que acariciaba su mano mientras la miraba las ganas de dormir con ella se multiplicaban; pero no me atrevía a decírselo porque supuse que creería que quería hacerlo con ella. Y, definitivamente, yo no estaba preparada para eso. Era virgen y aunque me gustaba mucho, lo cierto es que apenas conocía a Britney. Y además hasta que la conocí nunca me había planteado de verdad estar con una chica, mucho menos hacerlo con una chica. Necesitaba pensar en todo lo que me estaba pasando y en cómo me sentía antes de hacer algo tan definitivo como perder la virginidad.
Por suerte no tuve que decir nada porque fue ella la que dio el primer paso.
- Ven.
- ¿Qué...? - le dije.
- Duerme conmigo.
La miré con cara de duda.
- Solo dormir - insistió - Quiero abrazarte.
Me levanté de la cama y me hizo un hueco en la suya.
- Hoy ha sido una de las mejores noches de mi vida - lo dije sinceramente.
- Y de la mía.
Me besó la mano, la muñeca, el brazo, apartó un poco la camiseta para seguir por el hombro y me mordió suavemente el cuello.
- Mmmm ... mejor paro que si no no voy a poder cumplir mi promesa de solo dormir.
Sonreí y la besé en el cuello echándole hacia atrás el pelo.
- Buenas noches, Amy - me susurró al oído.
- Buenas noches.
Se giró hacia la pared cogiendo mi mano y poniendo así mi brazo alrededor de su cuerpo. Me acerqué un poco más a ella hasta estar totalmente juntas. Había dormido alguna vez con alguien en la misma cama pero nunca lo había hecho abrazada a nadie. Cerré los ojos y dejé que su olor me envolviera; su pelo rozando mi cara, su mano cerrada en la mía, su piel... No sé cuando me quedé dormida exactamente, pero recuerdo haber estado despierta, mirándola, durante mucho tiempo.
Sin duda y como le dije a ella, fue una de las mejores noches de mi vida.
CAPÍTULO 5 (PARTE 2)
Fui al salón y me senté al lado de Britney en el sofá.
- ¿Te lo estás pasando bien?
- Mucho. Ojalá esta noche no se acabara - mientras lo dijo me cogió la mano.
- No tiene por qué acabarse. Puedes quedarte a dormir.
- Me encantaría, pero no quiero molestar.
- No vas a molestar, además Vero también se queda. Así que si a mis padres no les importa que se quede una amiga tampoco les importará que se queden dos.
- ¿Segura?
- Sí. Pero si no quieres o no te apetece no pasa nada...
- Claro que quiero.
Vero volvió al salón y estuvimos hablando y bailando las tres hasta tarde. Vero había bebido bastante y hacia las cuatro de la mañana estaba prácticamente k.o. así que con ayuda de Britney la tumbé en la cama de mi hermana. En mi habitación, debajo de mi cama, había otra que se podía desplegar fácilmente. En un principio allí era donde iba a dormir Vero, como hacíamos siempre que se quedaba a pasar la noche en mi casa, pero en ese momento Vero ya estaba dormida y yo aún no había sacado la cama. Britney me ayudó a poner las sábanas. Me empecé a poner nerviosa cuando me di cuenta de que sería ella la que durmiera allí, en la misma habitación que yo.
Al principio ella quiso ayudarme a recoger un poco las botellas y todo lo demás del salón, pero la convencí de que ya lo haríamos al día siguiente. Volvimos a mi habitación y le dije que podía coger algo de ropa para cambiarse y dormir más cómoda. Cogió un pantalón corto y una camiseta de tirantes.
Cuando iba a empezar a cambiarse de ropa la miré de reojo. Me mordí el labio porque estaba bastante nerviosa, ¿qué debía hacer? ¿marcharme de la habitación para que se cambiase? ¿o quedarme como lo hubiera hecho si la que se estuviera cambiando fuera Vero? Al final decidí que lo mejor era dejarle un poco de intimidad y salir de la habitación. Cogí el pijama de verano que iba a ponerme, pero cuando ya iba hacia la puerta Britney me agarró suavemente por la muñeca.
- No tienes que irte - dijo sonriendo.
- ¿Segura?
Asintió.
- A no ser que estés incómoda y tú quieras cambiarte a solas...
- No, estoy bien Britney.
Ambas sonreímos. Volví a la cama para dejar la ropa encima y empezar a cambiarme. Ella se había entretenido mirando las fotos que yo tenía colgadas en un tablón. En la mayoría salía con Vero o con Diego, aunque también había más amigos en otras. Mientras Britney las miraba me quité la ropa y me puse el pijama. Dejé todo encima de la mesa y me tumbé en la cama. Cuando terminó de curiosear por mi habitación y se quitó la camiseta para ponerse la que yo le había prestado, no pude evitar mirar de reojo. Se había soltado la coleta y el pelo le caía sobre el sujetador negro. Era realmente preciosa; y en ese instante supe que nadie podría decirme nunca lo contrario. Me fijé en que tenía un pequeño tatuaje en la espalda, justo debajo del hombro izquierdo: eran tres estrellas pequeñas, azules por el borde.
- No sabía que tenías un tatuaje. ¿Dolió?
- Un poco, pero no mucho.
- ¿Cuándo te lo hiciste?
- Bueno... es prácticamente nuevo. Me lo hice hace un par de meses. Llevaba un tiempo pidiéndoselo a mis padres y al final, en mi cumpleaños, me dijeron que podía hacérmelo; fue su regalo.
- Me encanta. Te queda muy bien. ¿Sabes? Sienna Miller tiene uno igual en el hombro.
- Lo sé - dijo riendo.
- Recuerdo que cuando lo vi me encantó, me pareció un tatuaje bonito pero discreto.
- Ya, no las típicas horteradas que se ponen los famosos.
- Exacto.
- A mí también me gustó cuando se lo vi. Pero lo cierto es que no me lo hice por eso.
Se quedó callada.
- ¿Y por qué te lo hiciste?
- Bueno, es una historia un poco larga.
Ya había terminado de cambiarse y se sentó en la cama de al lado.
- Tenemos tiempo.
Me miró y dudó durante un rato. Se tumbó en la cama, boca abajo, pero mirando hacia mí.
- A ver... el tatuaje es como un símbolo, por eso me lo hice.
Dejé que siguiera explicándomelo, que encontrara sus propias palabras.
- Son tres estrellas porque representan a mi madre, mi padre y mi hermana. Quería... es que no sé muy bien cómo explicarlo.
- Tranquila, tómate tu tiempo.
- Estas Navidades mi hermana me preguntó por Jesse, no recuerdo qué me preguntó exactamente. Pero al final le acabé contando que estaba saliendo con ella. Mi familia aún no sabía que soy lesbiana; así que Rachel fue la primera en saberlo.
- Rachel es tu hermana ¿no?
- Sí. Se lo tomó muy bien, me dijo que en cierto modo ya lo sospechaba pero que quería esperar a que yo estuviera preparada para hablar de ello. Y estuvimos hablando durante mucho tiempo... Luego, al día siguiente me senté a hablar con mis padres y se lo dije. Ellos no se lo esperaban, sobre todo mi padre. Creo que fue el que más se sorprendió.
- Bueno, los hombres suelen ser menos observadores no es de extrañar que fuera el más sorprendido.
- Ya - se rió.
- ¿Y cómo fue? ¿Cómo reaccionaron?
- Pues eso, al principio les pillé desprevenidos y no reaccionaban. Luego hablamos de ello, me preguntaron si estaba segura o si se trataba solamente de una fase. Les expliqué cómo me sentía. Y creo que al final me entendieron.
- ¿Fue difícil?
- ¿Decírselo? Sí, fue bastante duro. Nosotros no somos una familia muy religiosa ni cerrados de mente pero aún así... Ser gay en Estados Unidos no es fácil. Bueno, no es fácil en ningún sitio; pero al menos en Europa ya hay muchos países que permiten el matrimonio gay ¿entiendes? La sociedad americana sigue siendo bastante conservadora. Eso va cambiando poco a poco pero...
- Ya, lo entiendo.
Y realmente lo entendía. Aquí, al menos, la ley respalda a los homosexuales, bisexuales y transexuales. Allí muchas veces no es así.
- Yo... no quería decepcionarles - siguió - Era lo que más miedo me daba, que no me aceptaran y me obligaran a elegir entre ellos o mi felicidad. Porque era consciente de que eso podía pasar, de que ocurre en muchas familias. Sabía que existía la posibilidad de perderlos, pero no pensaba renunciar a mi felicidad, a lo que soy. Gracias a Dios no tuve que hacerlo. Cuando se les pasó la sorpresa creo que lo primero que querían era protegerme. Se dieron cuenta de que iba a sufrir mucho. Aquello no iba a ser fácil para mí porque vivíamos en un sitio pequeño y se iba a correr la voz en seguida. Y no es que me importara especialmente, pero la gente podía llegar a ser tan cruel... ellos no quería ser los primeros en hacerme daño, querían apoyarme desde el principio.
Paró un momento. Se incorporó y se sentó en la cama apoyando la espalda en la pared.
- Me dijeron que seguía siendo quién era, que aquello no cambiaba mi personalidad, que no significaba que hubiera dejado de ser divertida, inteligente, dulce y buena persona. Que todo eso seguía formando parte de mí y que por eso me querían - noté que empezaba a tener los ojos llenos de lágrimas - tanto si era hetero como si no.
Me pareció que realmente se estaba abriendo conmigo y que aquello era importante para ella, todavía ahora le afectaba de forma visible. Me conmovió que estuviera tan cómoda conmigo y tuviera la confianza para contarme algo que era tan importante para ella.
Una lágrima le rodó por la mejilla. Me levanté de la cama y me senté a su lado. Besé una de las lágrimas que le caían por la cara.
- ¿Te lo estás pasando bien?
- Mucho. Ojalá esta noche no se acabara - mientras lo dijo me cogió la mano.
- No tiene por qué acabarse. Puedes quedarte a dormir.
- Me encantaría, pero no quiero molestar.
- No vas a molestar, además Vero también se queda. Así que si a mis padres no les importa que se quede una amiga tampoco les importará que se queden dos.
- ¿Segura?
- Sí. Pero si no quieres o no te apetece no pasa nada...
- Claro que quiero.
Vero volvió al salón y estuvimos hablando y bailando las tres hasta tarde. Vero había bebido bastante y hacia las cuatro de la mañana estaba prácticamente k.o. así que con ayuda de Britney la tumbé en la cama de mi hermana. En mi habitación, debajo de mi cama, había otra que se podía desplegar fácilmente. En un principio allí era donde iba a dormir Vero, como hacíamos siempre que se quedaba a pasar la noche en mi casa, pero en ese momento Vero ya estaba dormida y yo aún no había sacado la cama. Britney me ayudó a poner las sábanas. Me empecé a poner nerviosa cuando me di cuenta de que sería ella la que durmiera allí, en la misma habitación que yo.
Al principio ella quiso ayudarme a recoger un poco las botellas y todo lo demás del salón, pero la convencí de que ya lo haríamos al día siguiente. Volvimos a mi habitación y le dije que podía coger algo de ropa para cambiarse y dormir más cómoda. Cogió un pantalón corto y una camiseta de tirantes.
Cuando iba a empezar a cambiarse de ropa la miré de reojo. Me mordí el labio porque estaba bastante nerviosa, ¿qué debía hacer? ¿marcharme de la habitación para que se cambiase? ¿o quedarme como lo hubiera hecho si la que se estuviera cambiando fuera Vero? Al final decidí que lo mejor era dejarle un poco de intimidad y salir de la habitación. Cogí el pijama de verano que iba a ponerme, pero cuando ya iba hacia la puerta Britney me agarró suavemente por la muñeca.
- No tienes que irte - dijo sonriendo.
- ¿Segura?
Asintió.
- A no ser que estés incómoda y tú quieras cambiarte a solas...
- No, estoy bien Britney.
Ambas sonreímos. Volví a la cama para dejar la ropa encima y empezar a cambiarme. Ella se había entretenido mirando las fotos que yo tenía colgadas en un tablón. En la mayoría salía con Vero o con Diego, aunque también había más amigos en otras. Mientras Britney las miraba me quité la ropa y me puse el pijama. Dejé todo encima de la mesa y me tumbé en la cama. Cuando terminó de curiosear por mi habitación y se quitó la camiseta para ponerse la que yo le había prestado, no pude evitar mirar de reojo. Se había soltado la coleta y el pelo le caía sobre el sujetador negro. Era realmente preciosa; y en ese instante supe que nadie podría decirme nunca lo contrario. Me fijé en que tenía un pequeño tatuaje en la espalda, justo debajo del hombro izquierdo: eran tres estrellas pequeñas, azules por el borde.
- No sabía que tenías un tatuaje. ¿Dolió?
- Un poco, pero no mucho.
- ¿Cuándo te lo hiciste?
- Bueno... es prácticamente nuevo. Me lo hice hace un par de meses. Llevaba un tiempo pidiéndoselo a mis padres y al final, en mi cumpleaños, me dijeron que podía hacérmelo; fue su regalo.
- Me encanta. Te queda muy bien. ¿Sabes? Sienna Miller tiene uno igual en el hombro.
- Lo sé - dijo riendo.
- Recuerdo que cuando lo vi me encantó, me pareció un tatuaje bonito pero discreto.
- Ya, no las típicas horteradas que se ponen los famosos.
- Exacto.
- A mí también me gustó cuando se lo vi. Pero lo cierto es que no me lo hice por eso.
Se quedó callada.
- ¿Y por qué te lo hiciste?
- Bueno, es una historia un poco larga.
Ya había terminado de cambiarse y se sentó en la cama de al lado.
- Tenemos tiempo.
Me miró y dudó durante un rato. Se tumbó en la cama, boca abajo, pero mirando hacia mí.
- A ver... el tatuaje es como un símbolo, por eso me lo hice.
Dejé que siguiera explicándomelo, que encontrara sus propias palabras.
- Son tres estrellas porque representan a mi madre, mi padre y mi hermana. Quería... es que no sé muy bien cómo explicarlo.
- Tranquila, tómate tu tiempo.
- Estas Navidades mi hermana me preguntó por Jesse, no recuerdo qué me preguntó exactamente. Pero al final le acabé contando que estaba saliendo con ella. Mi familia aún no sabía que soy lesbiana; así que Rachel fue la primera en saberlo.
- Rachel es tu hermana ¿no?
- Sí. Se lo tomó muy bien, me dijo que en cierto modo ya lo sospechaba pero que quería esperar a que yo estuviera preparada para hablar de ello. Y estuvimos hablando durante mucho tiempo... Luego, al día siguiente me senté a hablar con mis padres y se lo dije. Ellos no se lo esperaban, sobre todo mi padre. Creo que fue el que más se sorprendió.
- Bueno, los hombres suelen ser menos observadores no es de extrañar que fuera el más sorprendido.
- Ya - se rió.
- ¿Y cómo fue? ¿Cómo reaccionaron?
- Pues eso, al principio les pillé desprevenidos y no reaccionaban. Luego hablamos de ello, me preguntaron si estaba segura o si se trataba solamente de una fase. Les expliqué cómo me sentía. Y creo que al final me entendieron.
- ¿Fue difícil?
- ¿Decírselo? Sí, fue bastante duro. Nosotros no somos una familia muy religiosa ni cerrados de mente pero aún así... Ser gay en Estados Unidos no es fácil. Bueno, no es fácil en ningún sitio; pero al menos en Europa ya hay muchos países que permiten el matrimonio gay ¿entiendes? La sociedad americana sigue siendo bastante conservadora. Eso va cambiando poco a poco pero...
- Ya, lo entiendo.
Y realmente lo entendía. Aquí, al menos, la ley respalda a los homosexuales, bisexuales y transexuales. Allí muchas veces no es así.
- Yo... no quería decepcionarles - siguió - Era lo que más miedo me daba, que no me aceptaran y me obligaran a elegir entre ellos o mi felicidad. Porque era consciente de que eso podía pasar, de que ocurre en muchas familias. Sabía que existía la posibilidad de perderlos, pero no pensaba renunciar a mi felicidad, a lo que soy. Gracias a Dios no tuve que hacerlo. Cuando se les pasó la sorpresa creo que lo primero que querían era protegerme. Se dieron cuenta de que iba a sufrir mucho. Aquello no iba a ser fácil para mí porque vivíamos en un sitio pequeño y se iba a correr la voz en seguida. Y no es que me importara especialmente, pero la gente podía llegar a ser tan cruel... ellos no quería ser los primeros en hacerme daño, querían apoyarme desde el principio.
Paró un momento. Se incorporó y se sentó en la cama apoyando la espalda en la pared.
- Me dijeron que seguía siendo quién era, que aquello no cambiaba mi personalidad, que no significaba que hubiera dejado de ser divertida, inteligente, dulce y buena persona. Que todo eso seguía formando parte de mí y que por eso me querían - noté que empezaba a tener los ojos llenos de lágrimas - tanto si era hetero como si no.
Me pareció que realmente se estaba abriendo conmigo y que aquello era importante para ella, todavía ahora le afectaba de forma visible. Me conmovió que estuviera tan cómoda conmigo y tuviera la confianza para contarme algo que era tan importante para ella.
Una lágrima le rodó por la mejilla. Me levanté de la cama y me senté a su lado. Besé una de las lágrimas que le caían por la cara.
CAPÍTULO 5 (PARTE 1)
Cuando se abrió el ascensor y no nos quedó más remedio que separarnos y volver con los demás (sobre todo porque estaban en mi casa), la miré durante un largo instante, intentando descifrarme a mí misma. Me fijé en lo guapa que estaba con el flequillo cayéndole sobre los ojos, en que tenía tres lunares muy sensuales en la parte derecha del cuello y por primera vez me fijé en como me miraba. Vero tenía razón; Britney me miraba de forma especial, acariciándome sin tocarme, hablándome sin decir nada. Justo antes de llamar a mi casa para que nos dejasen pasar, volví a besarla. Fue igual de dulce que el primer beso, pero en este quizás había más complicidad, más deseo.
Oímos pasos que se acercaban a la puerta así que, aunque nos costó, nos separamos inmediatamente. Era Álex que tenía que irse ya a casa. Nos despedimos de él dándole dos besos. Le dijo a Britney que le había encantado conocerla etc. Estábamos deseando entrar antes de que Álex le pidiera su número de móvil o de que le dijera de quedar otro día. Todo eso al final no ocurrió.
Entramos y fuimos hacia el salón, donde estaban todos bailando. Nos unimos a ellos. Y prácticamente me pasé el tiempo que estuvimos bailando casi hipnotizada mirando a Britney. Se notaba que le gustaba bailar y, además, se le daba muy bien. Más tarde cuando ya estábamos un poco cansados de bailar, Diego propuso jugar al "yo nunca", con las cervezas que habíamos traído.
- ¿Os apetece? - dijo Pablo bastante animado.
- A mí me da igual, pero ese juego suele traer problemas - dijo Vero.
- ¡Qué va! Fijo que lo pasamos bien. Y así conocemos mejor a Britney y ella a nosotros.
Para jugar nos sentamos en el suelo en círculo. Tras un par de frases simples hechas a propósito para que todos bebiéramos, Diego dijo:
- Yo nunca... he besado a una chica - hizo un gesto con la botella, como si quisiera brindar aunque no llegó a hacerlo mirando hacia Vero. Esta se rió y bebió, al igual que Pablo y Diego. Lo que no creo que se esperasen tanto es que Britney y yo también bebiéramos.
Vero se quedó mirándome con los ojos como platos y las cejas levantadas en señal de interrogante.
- ¿La has besado? - dijo Diego mirando a Vero.
- ¿Qué? - contestamos ella y yo a la vez.
- Ok, era una tontería - reconoció - Pero es que fue la primera explicación que me vino a la cabeza. ¿Y entonces con quién?
- El juego no es así, no tengo por qué responder a eso.
- Vaaale.
- Tú y yo ya hablaremos luego - me dijo Vero.
- ¿Y tú también has besado a una chica? - le preguntó Diego a Britney con curiosidad.
- He bebido ¿no? Así que sí, he besado a una chica. Aunque en realidad tengo que decirte que han sido varias.
Todos nos reímos, menos Diego que seguía en shock.
- Entonces... tu ex, Jesse, es una chica ¿no?
- Sí, es una chica.
Vero me miró, no sé si inconscientemente o con esa intención. Le sonreí dándole a entender que las cosas estaban bien.
- Ok, siento ser tan cotilla - le dijo a Britney - pero es que Amy y yo habíamos hablado de eso pero no teníamos claro si era una chica o no.
Britney me miró de reojo. Me di cuenta de que ella acababa de pensar que si ya lo habíamos hablado significaba que a lo mejor yo ya me había interesado por ella mucho antes de esta noche. Una sonrisa se asomó en sus labios.
- ¿Entonces eres bi? - insistió Diego.
- No, si tenías en mente un trío siento decepcionarte - volvimos a reírnos todos - Soy lesbiana.
- Ok - Supongo que le pobre Diego estaba intentando disimular su sorpresa pero lo cierto es que no se le daba muy bien.
- ¿Seguimos? - comentó Pablo - Venga, ahora digo yo una. Yo nuca... me he sentido atraído por alguien de esta habitación.
Lo curioso es que todos bebimos. Y mientras yo lo hacía pensé en Britney pero en ningún momento en Diego.
Supongo que en ese instante en las mentes de Diego y Pablo, después de saber que Britney era lesbiana, rondaban las cavilaciones sobre por quién se había sentido atraída ¿por Vero o por mí?
Vero y yo nos miramos. Nosotras no teníamos que pensarlo; ya sabíamos la respuesta.
Jugamos durante unos veinte minutos más y finalmente Pablo y Diego dijeron que tenían que irse. Se despidieron y se marcharon. Ya eran más o menos las dos pero no quería que Britney se fuera.
Me fui un momento con Vero a la cocina para hablar. Lo primero que me dijo cuando Britney ya no podía oírnos fue:
- ¿Os habéis liado? ¿Cuándo? ¿Y cuándo pensabas contármelo?
- Eh, tranqui. En el interrogatorio las preguntas de una en una por favor.
- Si me contaras las cosas no tendría que hacer ningún interrogatorio...
- ¿Cuándo? Si no tuve tiempo. La besé antes, cuando bajamos a por las cervezas a su casa.
- Entonces os liasteis ¿y qué tal?
- No nos liamos, solo fue un beso. Bueno...dos.
- Pues eso, que os liasteis.
Puse los ojos en blanco.
- Vale, nos liamos.
- ¿Te gustó?
Me mordí el labio inferior, realmente no quería mentirle. Pero, tampoco es que me apeteciera tener esa conversación en ese momento. No quería pensar en ello, en lo que esto significaba o en cómo iba a afectar a mi vida en el futuro. Solo quería dejarme llevar... De todas formas, Vero era mi mejor amiga y no quería mentirle, además, sabía de sobra que aunque ahora no pudiéramos y lo dejáramos para otro momento, tarde o temprano tendríamos esa conversación.
- Sí, me gustó. Y mucho...
Vero no pudo evitar echarse a reír.
- Ok, ya hablaremos de esto.
- Por supuesto enana.
- Una cosa, te importa que Britney se quede a dormir. Bueno, no sé si querrá. No le dije nada porque quería preguntarte primero.
- ¿Cómo me va a importar? Para nada... y además te recuerdo que es tu casa. No me tienes que pedir permiso para invitar a alguien.
- Ya lo sé, pero quiero hacerlo.
Le pegué un suave puñetazo en el hombro.
- ¿Seguro que no te importa?
- No me importa, Amy. I mean it.
- Gracias.
- Anda, vete a hablar con ella y dile si quiere quedarse.
Oímos pasos que se acercaban a la puerta así que, aunque nos costó, nos separamos inmediatamente. Era Álex que tenía que irse ya a casa. Nos despedimos de él dándole dos besos. Le dijo a Britney que le había encantado conocerla etc. Estábamos deseando entrar antes de que Álex le pidiera su número de móvil o de que le dijera de quedar otro día. Todo eso al final no ocurrió.
Entramos y fuimos hacia el salón, donde estaban todos bailando. Nos unimos a ellos. Y prácticamente me pasé el tiempo que estuvimos bailando casi hipnotizada mirando a Britney. Se notaba que le gustaba bailar y, además, se le daba muy bien. Más tarde cuando ya estábamos un poco cansados de bailar, Diego propuso jugar al "yo nunca", con las cervezas que habíamos traído.
- ¿Os apetece? - dijo Pablo bastante animado.
- A mí me da igual, pero ese juego suele traer problemas - dijo Vero.
- ¡Qué va! Fijo que lo pasamos bien. Y así conocemos mejor a Britney y ella a nosotros.
Para jugar nos sentamos en el suelo en círculo. Tras un par de frases simples hechas a propósito para que todos bebiéramos, Diego dijo:
- Yo nunca... he besado a una chica - hizo un gesto con la botella, como si quisiera brindar aunque no llegó a hacerlo mirando hacia Vero. Esta se rió y bebió, al igual que Pablo y Diego. Lo que no creo que se esperasen tanto es que Britney y yo también bebiéramos.
Vero se quedó mirándome con los ojos como platos y las cejas levantadas en señal de interrogante.
- ¿La has besado? - dijo Diego mirando a Vero.
- ¿Qué? - contestamos ella y yo a la vez.
- Ok, era una tontería - reconoció - Pero es que fue la primera explicación que me vino a la cabeza. ¿Y entonces con quién?
- El juego no es así, no tengo por qué responder a eso.
- Vaaale.
- Tú y yo ya hablaremos luego - me dijo Vero.
- ¿Y tú también has besado a una chica? - le preguntó Diego a Britney con curiosidad.
- He bebido ¿no? Así que sí, he besado a una chica. Aunque en realidad tengo que decirte que han sido varias.
Todos nos reímos, menos Diego que seguía en shock.
- Entonces... tu ex, Jesse, es una chica ¿no?
- Sí, es una chica.
Vero me miró, no sé si inconscientemente o con esa intención. Le sonreí dándole a entender que las cosas estaban bien.
- Ok, siento ser tan cotilla - le dijo a Britney - pero es que Amy y yo habíamos hablado de eso pero no teníamos claro si era una chica o no.
Britney me miró de reojo. Me di cuenta de que ella acababa de pensar que si ya lo habíamos hablado significaba que a lo mejor yo ya me había interesado por ella mucho antes de esta noche. Una sonrisa se asomó en sus labios.
- ¿Entonces eres bi? - insistió Diego.
- No, si tenías en mente un trío siento decepcionarte - volvimos a reírnos todos - Soy lesbiana.
- Ok - Supongo que le pobre Diego estaba intentando disimular su sorpresa pero lo cierto es que no se le daba muy bien.
- ¿Seguimos? - comentó Pablo - Venga, ahora digo yo una. Yo nuca... me he sentido atraído por alguien de esta habitación.
Lo curioso es que todos bebimos. Y mientras yo lo hacía pensé en Britney pero en ningún momento en Diego.
Supongo que en ese instante en las mentes de Diego y Pablo, después de saber que Britney era lesbiana, rondaban las cavilaciones sobre por quién se había sentido atraída ¿por Vero o por mí?
Vero y yo nos miramos. Nosotras no teníamos que pensarlo; ya sabíamos la respuesta.
Jugamos durante unos veinte minutos más y finalmente Pablo y Diego dijeron que tenían que irse. Se despidieron y se marcharon. Ya eran más o menos las dos pero no quería que Britney se fuera.
Me fui un momento con Vero a la cocina para hablar. Lo primero que me dijo cuando Britney ya no podía oírnos fue:
- ¿Os habéis liado? ¿Cuándo? ¿Y cuándo pensabas contármelo?
- Eh, tranqui. En el interrogatorio las preguntas de una en una por favor.
- Si me contaras las cosas no tendría que hacer ningún interrogatorio...
- ¿Cuándo? Si no tuve tiempo. La besé antes, cuando bajamos a por las cervezas a su casa.
- Entonces os liasteis ¿y qué tal?
- No nos liamos, solo fue un beso. Bueno...dos.
- Pues eso, que os liasteis.
Puse los ojos en blanco.
- Vale, nos liamos.
- ¿Te gustó?
Me mordí el labio inferior, realmente no quería mentirle. Pero, tampoco es que me apeteciera tener esa conversación en ese momento. No quería pensar en ello, en lo que esto significaba o en cómo iba a afectar a mi vida en el futuro. Solo quería dejarme llevar... De todas formas, Vero era mi mejor amiga y no quería mentirle, además, sabía de sobra que aunque ahora no pudiéramos y lo dejáramos para otro momento, tarde o temprano tendríamos esa conversación.
- Sí, me gustó. Y mucho...
Vero no pudo evitar echarse a reír.
- Ok, ya hablaremos de esto.
- Por supuesto enana.
- Una cosa, te importa que Britney se quede a dormir. Bueno, no sé si querrá. No le dije nada porque quería preguntarte primero.
- ¿Cómo me va a importar? Para nada... y además te recuerdo que es tu casa. No me tienes que pedir permiso para invitar a alguien.
- Ya lo sé, pero quiero hacerlo.
Le pegué un suave puñetazo en el hombro.
- ¿Seguro que no te importa?
- No me importa, Amy. I mean it.
- Gracias.
- Anda, vete a hablar con ella y dile si quiere quedarse.
martes, 19 de enero de 2010
CAPÍTULO 4 (PARTE 5)
Una vez en mi casa Diego y yo estábamos en la cocina mientras los otros bailaban en el salón.
- Oye, una cosa - me dijo de repente.
- Dime.
- Álex me pidió que indagues un poco sobre si Britney sale con alguien.
- No sale con nadie. ¿Por?
- Quiere que averigües si se liaría con él.
- ¿Le gusta Britney?
- Eso parece ¿te sorprende?
- No, bueno, es evidente que es guapa.
- Es evidente. Y de paso pregúntale también si le molo yo.
- Que morro tenéis. ¿Y no podéis entrarle vosotros y averiguarlo solitos?
- Venga, Amy, hazme ese favor. Imagina que le entra uno y le rechaza y luego le entra el otro. Va a pensar que en España estamos todos salidos.
- Mucha razón no le faltaría.
- ¿Lo harás?
- Sí. Aunque solo sea porque no quedemos mal todos los españoles.
Me abrazó mientras se reía.
- Gracias. Te adoro.
Britney entró en ese momento.
- Perdón.
- No, no pasa nada. Este ya se iba - y empujé a Diego hacia la puerta de la cocina. Me senté en la mesa y ella se acercó y se puso enfrente de mí, de pie.
- Lo siento si he interrumpido algo.
- Que va.
- ¿Seguro? Parecíais...
- Para nada, todo lo contrario, me estaba hablando de otra chica. De todas formas, la próxima vez que quedemos te voy a pasar una lista con mis posibles líos, para que no me emparejes con gente con la que no hay absolutamente nada, como Vero o Diego - lo dije de coña, pero era cierto; esa noche no daba ni una.
- Entonces será una lista enorme.
- Créeme la tuya sería mucho más grande.
- ¿A qué te refieres?
- A ver, no me gusta andarme con rodeos y mucho menos en estas tonterías que debería saber arreglar solitos.
- No te sigo, Amy.
- A Diego y Álex les gustas. Se supone que tenía que averiguar si alguno te mola sin decirte esto. Pero... ni hay ganas ni mucho tiempo.
- ¿Les gusto?
- ¿Te sorprende? Es decir...mírate a un espejo Britney, claro que les gustas.
Se puso algo colorada y se sentó en la mesa, a mi lado.
- Lo que quieren saber es: ¿si te entraran te liarías con alguno?
- Bueno, son guapos, los dos. ¿Pero tú crees que me liaría con ellos?
- No sé, tampoco te conozco tanto ¿no?
Suspiró.
- Creí que sí lo suficiente. Pensé que te habías dado cuenta.
- ¿De qué?
En ese momento entró Álex y me preguntó si había alguna cerveza. En mi casa no quedaban así que Britney se ofreció a bajar a la suya a por unas.
- ¿Te acompaño? - se ofreció Álex.
Britney me miró. Bajé de la mesa y contesté por ella:
- No hace falta, creo que voy yo.
Nada más salir por la puerta y entrar en el ascensor le volví a preguntar de qué tenía que haberme dado cuenta. Me miró a los ojos.
- ¿En serio?
- Sí.
El ascensor se abrió. Entramos en su casa y me pareció realmente bonita así que se lo dije enseguida.
- Gracias.
Sonrió pero parecía estar nerviosa y creo que no quería seguir con la conversación de antes, le concedí un descanso pero no pensaba quedarme sin saberlo durante mucho tiempo.
- ¿Puedo ver tu habitación? - le pregunté.
- Claro. Es la primera a la izquierda. Voy a coger las cervezas mientras.
- Vale.
Aún llevaban poco tiempo allí y se notaba que Britney había empezado a decorar la habitación a su gusto, aunque tuve la impresión de que aún no había terminado. Recuerdo que lo que me llamó la atención nada más entrar por la puerta fue que encima de la cama había un gran mural hecho con fotos de distintos lugares del mundo. Había algunas que reconocí enseguida, eran fotos de Nueva York, Los Ángeles, Londres, París, Roma, Seattle, Venecia, Las Vegas, Madrid, Sydney... Pero también había muchas otras de sitios menos conocidos. Era sin duda la habitación más original que había visto en mi vida. Porque, al fin y al cabo, tener una foto de un cantante, actor o incluso de un sitio que te guste mucho, no es nada extraño. Pero tener una pared llena con sitios preciosos es, sin duda, algo especial. En ese instante y antes de fijarme en todo lo demás me enamoré de esa habitación. Luego me di cuenta de otras cosas; como por ejemplo, que la habitación era bastante más grande que la mía, ya que habían tirado la pared que en mi casa separaba mi habitación de la de mi hermana para formar una única, la de Britney. Además era muy peculiar el hecho de que la cama fuese tan grande como una de matrimonio. Sin duda no es algo que se suela ver en personas de nuestra edad. Tenía un edredón violeta y blanco precioso. Había también dibujos de ella por todas partes, parecidos o incluso alguno igual a los que vi el día que chocamos y los tiré todos por el suelo. Encima de la puerta había una foto grande enmarcada, al principio no lo reconocí, pero luego me fijé bien y me pareció su ciudad, Willmington. Mientras seguía ojeando la habitación ella volvió.
- ¿Te gusta?
Me giré para mirarla.
- ¿Estás de coña? Es perfecta. Nunca había visto una habitación tan bonita.
Sonrió. Y se puso un poco colorada.
- De todas formas, aún no está acabada.
- Pues será aún más perfecta cuando lo esté.
Volví a mirar el mural.
- ¿Cuando lo hiciste? Es increíble.
- Lo hice hace un par de años. Si te fijas - dijo señalando la esquina de una de las fotos - algunas tienen una pequeña marca; esos son los sitios en los que ya he estado. Mi mayor sueño es ir a todos esos sitios, porque es casi como dar la vuelta al mundo.
Me di cuenta de que no era solo una forma de hablar, ese era su sueño. Se le iluminaba la cara cuando hablaba de ello.
- ¿A cuántos has ido?
- Veinte.
- ¿Y cuántos son?
- Setenta.
- Irás a todos esos sitios, Britney. Lo conseguirás.
Realmente pensé que sería así, que ella iría a todos esos lugares, que su sueño se haría realidad.
- ¿Y tú vendrás conmigo? - lo dijo con un tono de voz que daba la impresión de que no bromeaba.
No contesté, simplemente sonreí.
- ¿Volvemos arriba? - dijo al final.
Pasó a mi lado pero la agarré cogí las cervezas y las dejé en la mesa.
- No nos vamos hasta que me digas de que tenía que darme cuenta.
- ¡Oh! Venga, vamos...
- Britney lo digo en serio, quiero saberlo.
Se quedó callada y me dio la espalda.
- Yo te conté todo lo de los rumores cuando lo preguntaste, ¿qué pasa? ¿No confías en mí? - pregunté algo insegura.
- Pues claro que confío en ti. Es solo que...
- ¿Qué?
- Que no quiero que te alejes de mí, no quiero que dejemos de ser amigas. No conozco a nadie más aquí.
Me acerqué a ella y le cogí la mano.
- Da igual lo que digas. No vamos a dejar de ser amigas por esto. Así que dime: ¿de qué tenía que darme cuenta?
Estuvo en silencio un tiempo antes de contestar. A pesar de que lo hizo aún vi la duda en sus ojos mientras hablaba, creo que se preguntaba si estaba tomando la decisión correcta al contármelo.
- ¿No te has dado cuenta de que tonteo contigo desde el primer dia, de que te trato de forma diferente? ¿No te has dado cuenta de que me gustas? Me gustas mucho Amy.
Al principio me asusté al oírlo. Creo que fui consciente por primera vez de que ella era una chica diciéndome que yo le gustaba, que tonteaba conmigo. Y también era evidente que algo me pasaba con aquella chica porque en ese instante el corazón me latía a mil por hora. Me aterró la idea de que tal vez no me conocía a mí misma tan bien como yo creía, que no sabía quién era yo en realidad. Creo que el miedo y la confusión se reflejaron en mi cara y, sobre todo, en mis ojos. Ella se dio cuenta.
- Déjalo. Olvida que lo he dicho. No quiero perderte por esto, así que haz como si no hubiera pasado.
Pasó a mi lado, cogió las cervezas y salió de la habitación. Escuché como se cerraba la puerta de casa.
Entonces reaccioné. Pensé en que si me olvidaba del miedo, si lo apartaba de mis sentimientos, vería lo que sentía de verdad. Y en el instante en que lo hice me di cuenta de que realmente era feliz en ese momento. Pensé en lo mucho que me gustaba estar con ella y en que me daba igual si era una chica.
Así que salí corriendo de la casa y me metí en el ascensor justo antes de que se cerrara. Sin decir nada cogí las cervezas de sus manos y las puse en el suelo. Me acerqué más a ella. La agarré por la cintura para que levantara la cara y me mirara. Entonces fui consciente de lo que realmente sentía y se lo dije:
- No vas a perderme. No quiero alejarme de ti.
Me acerqué aún más. Cerré los ojos y me dejé llevar. Fue absolutamente el mejor primer beso que podíamos haber tenido. Fue perfecto, aunque sucediera en un ascensor, con el ruido de éste de fondo y las cervezas por el suelo. Aquel era sin duda el mejor beso que me habían dado y no ignoré lo que eso significaba. Todo cambió de repente. Me gustaba una chica. Me gustaba Britney Spencer. La forma en que veía el mundo había cambiado. Y ya no volvería a ser igual. Allí, con ella a mi lado, con sus labios acariciando los míos por primera vez, me sentí más viva que nunca.
- Oye, una cosa - me dijo de repente.
- Dime.
- Álex me pidió que indagues un poco sobre si Britney sale con alguien.
- No sale con nadie. ¿Por?
- Quiere que averigües si se liaría con él.
- ¿Le gusta Britney?
- Eso parece ¿te sorprende?
- No, bueno, es evidente que es guapa.
- Es evidente. Y de paso pregúntale también si le molo yo.
- Que morro tenéis. ¿Y no podéis entrarle vosotros y averiguarlo solitos?
- Venga, Amy, hazme ese favor. Imagina que le entra uno y le rechaza y luego le entra el otro. Va a pensar que en España estamos todos salidos.
- Mucha razón no le faltaría.
- ¿Lo harás?
- Sí. Aunque solo sea porque no quedemos mal todos los españoles.
Me abrazó mientras se reía.
- Gracias. Te adoro.
Britney entró en ese momento.
- Perdón.
- No, no pasa nada. Este ya se iba - y empujé a Diego hacia la puerta de la cocina. Me senté en la mesa y ella se acercó y se puso enfrente de mí, de pie.
- Lo siento si he interrumpido algo.
- Que va.
- ¿Seguro? Parecíais...
- Para nada, todo lo contrario, me estaba hablando de otra chica. De todas formas, la próxima vez que quedemos te voy a pasar una lista con mis posibles líos, para que no me emparejes con gente con la que no hay absolutamente nada, como Vero o Diego - lo dije de coña, pero era cierto; esa noche no daba ni una.
- Entonces será una lista enorme.
- Créeme la tuya sería mucho más grande.
- ¿A qué te refieres?
- A ver, no me gusta andarme con rodeos y mucho menos en estas tonterías que debería saber arreglar solitos.
- No te sigo, Amy.
- A Diego y Álex les gustas. Se supone que tenía que averiguar si alguno te mola sin decirte esto. Pero... ni hay ganas ni mucho tiempo.
- ¿Les gusto?
- ¿Te sorprende? Es decir...mírate a un espejo Britney, claro que les gustas.
Se puso algo colorada y se sentó en la mesa, a mi lado.
- Lo que quieren saber es: ¿si te entraran te liarías con alguno?
- Bueno, son guapos, los dos. ¿Pero tú crees que me liaría con ellos?
- No sé, tampoco te conozco tanto ¿no?
Suspiró.
- Creí que sí lo suficiente. Pensé que te habías dado cuenta.
- ¿De qué?
En ese momento entró Álex y me preguntó si había alguna cerveza. En mi casa no quedaban así que Britney se ofreció a bajar a la suya a por unas.
- ¿Te acompaño? - se ofreció Álex.
Britney me miró. Bajé de la mesa y contesté por ella:
- No hace falta, creo que voy yo.
Nada más salir por la puerta y entrar en el ascensor le volví a preguntar de qué tenía que haberme dado cuenta. Me miró a los ojos.
- ¿En serio?
- Sí.
El ascensor se abrió. Entramos en su casa y me pareció realmente bonita así que se lo dije enseguida.
- Gracias.
Sonrió pero parecía estar nerviosa y creo que no quería seguir con la conversación de antes, le concedí un descanso pero no pensaba quedarme sin saberlo durante mucho tiempo.
- ¿Puedo ver tu habitación? - le pregunté.
- Claro. Es la primera a la izquierda. Voy a coger las cervezas mientras.
- Vale.
Aún llevaban poco tiempo allí y se notaba que Britney había empezado a decorar la habitación a su gusto, aunque tuve la impresión de que aún no había terminado. Recuerdo que lo que me llamó la atención nada más entrar por la puerta fue que encima de la cama había un gran mural hecho con fotos de distintos lugares del mundo. Había algunas que reconocí enseguida, eran fotos de Nueva York, Los Ángeles, Londres, París, Roma, Seattle, Venecia, Las Vegas, Madrid, Sydney... Pero también había muchas otras de sitios menos conocidos. Era sin duda la habitación más original que había visto en mi vida. Porque, al fin y al cabo, tener una foto de un cantante, actor o incluso de un sitio que te guste mucho, no es nada extraño. Pero tener una pared llena con sitios preciosos es, sin duda, algo especial. En ese instante y antes de fijarme en todo lo demás me enamoré de esa habitación. Luego me di cuenta de otras cosas; como por ejemplo, que la habitación era bastante más grande que la mía, ya que habían tirado la pared que en mi casa separaba mi habitación de la de mi hermana para formar una única, la de Britney. Además era muy peculiar el hecho de que la cama fuese tan grande como una de matrimonio. Sin duda no es algo que se suela ver en personas de nuestra edad. Tenía un edredón violeta y blanco precioso. Había también dibujos de ella por todas partes, parecidos o incluso alguno igual a los que vi el día que chocamos y los tiré todos por el suelo. Encima de la puerta había una foto grande enmarcada, al principio no lo reconocí, pero luego me fijé bien y me pareció su ciudad, Willmington. Mientras seguía ojeando la habitación ella volvió.
- ¿Te gusta?
Me giré para mirarla.
- ¿Estás de coña? Es perfecta. Nunca había visto una habitación tan bonita.
Sonrió. Y se puso un poco colorada.
- De todas formas, aún no está acabada.
- Pues será aún más perfecta cuando lo esté.
Volví a mirar el mural.
- ¿Cuando lo hiciste? Es increíble.
- Lo hice hace un par de años. Si te fijas - dijo señalando la esquina de una de las fotos - algunas tienen una pequeña marca; esos son los sitios en los que ya he estado. Mi mayor sueño es ir a todos esos sitios, porque es casi como dar la vuelta al mundo.
Me di cuenta de que no era solo una forma de hablar, ese era su sueño. Se le iluminaba la cara cuando hablaba de ello.
- ¿A cuántos has ido?
- Veinte.
- ¿Y cuántos son?
- Setenta.
- Irás a todos esos sitios, Britney. Lo conseguirás.
Realmente pensé que sería así, que ella iría a todos esos lugares, que su sueño se haría realidad.
- ¿Y tú vendrás conmigo? - lo dijo con un tono de voz que daba la impresión de que no bromeaba.
No contesté, simplemente sonreí.
- ¿Volvemos arriba? - dijo al final.
Pasó a mi lado pero la agarré cogí las cervezas y las dejé en la mesa.
- No nos vamos hasta que me digas de que tenía que darme cuenta.
- ¡Oh! Venga, vamos...
- Britney lo digo en serio, quiero saberlo.
Se quedó callada y me dio la espalda.
- Yo te conté todo lo de los rumores cuando lo preguntaste, ¿qué pasa? ¿No confías en mí? - pregunté algo insegura.
- Pues claro que confío en ti. Es solo que...
- ¿Qué?
- Que no quiero que te alejes de mí, no quiero que dejemos de ser amigas. No conozco a nadie más aquí.
Me acerqué a ella y le cogí la mano.
- Da igual lo que digas. No vamos a dejar de ser amigas por esto. Así que dime: ¿de qué tenía que darme cuenta?
Estuvo en silencio un tiempo antes de contestar. A pesar de que lo hizo aún vi la duda en sus ojos mientras hablaba, creo que se preguntaba si estaba tomando la decisión correcta al contármelo.
- ¿No te has dado cuenta de que tonteo contigo desde el primer dia, de que te trato de forma diferente? ¿No te has dado cuenta de que me gustas? Me gustas mucho Amy.
Al principio me asusté al oírlo. Creo que fui consciente por primera vez de que ella era una chica diciéndome que yo le gustaba, que tonteaba conmigo. Y también era evidente que algo me pasaba con aquella chica porque en ese instante el corazón me latía a mil por hora. Me aterró la idea de que tal vez no me conocía a mí misma tan bien como yo creía, que no sabía quién era yo en realidad. Creo que el miedo y la confusión se reflejaron en mi cara y, sobre todo, en mis ojos. Ella se dio cuenta.
- Déjalo. Olvida que lo he dicho. No quiero perderte por esto, así que haz como si no hubiera pasado.
Pasó a mi lado, cogió las cervezas y salió de la habitación. Escuché como se cerraba la puerta de casa.
Entonces reaccioné. Pensé en que si me olvidaba del miedo, si lo apartaba de mis sentimientos, vería lo que sentía de verdad. Y en el instante en que lo hice me di cuenta de que realmente era feliz en ese momento. Pensé en lo mucho que me gustaba estar con ella y en que me daba igual si era una chica.
Así que salí corriendo de la casa y me metí en el ascensor justo antes de que se cerrara. Sin decir nada cogí las cervezas de sus manos y las puse en el suelo. Me acerqué más a ella. La agarré por la cintura para que levantara la cara y me mirara. Entonces fui consciente de lo que realmente sentía y se lo dije:
- No vas a perderme. No quiero alejarme de ti.
Me acerqué aún más. Cerré los ojos y me dejé llevar. Fue absolutamente el mejor primer beso que podíamos haber tenido. Fue perfecto, aunque sucediera en un ascensor, con el ruido de éste de fondo y las cervezas por el suelo. Aquel era sin duda el mejor beso que me habían dado y no ignoré lo que eso significaba. Todo cambió de repente. Me gustaba una chica. Me gustaba Britney Spencer. La forma en que veía el mundo había cambiado. Y ya no volvería a ser igual. Allí, con ella a mi lado, con sus labios acariciando los míos por primera vez, me sentí más viva que nunca.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)