Oí el despertador a lo lejos, amortiguado por algo que debía tener encima. El sonido me retumbó en la cabeza y por instinto me llevé las manos a ésta como si así el dolor se fuera a ir. Volví a meterme debajo de la manta, pensando que tal vez así la alarma pararía de sonar. Y, milagrosamente, dejé de escucharla; aunque más bien porque alguien la apagó. Me costó abrir los ojos, pero cuando lo hice la vi vestida solo con ropa interior negra y con el despertador en la mano. Segundos después volvió a tumbarse en la cama. Y yo volví a cerrar los ojos. Me di cuenta de que esa sensación en el estómago y esa sed eran las consecuencias que siempre padezco cuando tengo resaca. Fue entonces cuando me pregunté por qué la tenía y cuando fui realmente consciente de que acababa de ver a Vero a medio vestir apagando el despertador y tumbándose en la misma cama que yo. ¿En la misma cama? ¡¿sin ropa?! Miré hacia abajo tan solo para confirmar que también estaba semivestida, pero yo ni si quiera tenía el sujetador puesto.
Una luz roja de alarma se encendió inmediatamente en mi cabeza. Quité el edredón de un tirón y me incorporé de golpe.
- ¿Qué coño pasó ayer?
Sin moverse apenas y volviendo a taparse con el edredón, Vero contestó:
- Shhhh. Más bajo por Dios, que me estalla la cabeza.
- Perdona.
¿Qué había pasado? ¿Lo habíamos hecho? ¿Por qué sino estábamos semidesnudas juntas? ¿Se acordaba ella de algo? Porque yo ni siquiera recordaba haber bebido.
Me dispuse a bajar de la cama y, justo como una señal ante ese último pensamiento, pisé una de las muchas botellas de cerveza que había por el suelo. Definitivamente sí, habíamos bebido.
martes, 27 de julio de 2010
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