martes, 1 de febrero de 2011

CAPÍTULO 32 (PARTE 2)

Comimos en su casa con sus padres. Intenté fijarme lo menos posible en la tensión y la sensación rara que había en el ambiente, intenté centrarme en ella, como siempre que había algún problema, como siempre que quería evadirme de la realidad; en esos casos lo único que necesitaba era empezar a pensar en nosotras mientras la miraba para soñar despierta y olvidarme del mundo.

Nos sentamos en el sofá después de comer. Todos juntos. Y me imaginé como sería cuando Britney y yo viviéramos solas en nuestra propia casa; me imaginé todas las tardes de domingo que nos pasaríamos tumbadas en el sofá viendo alguna peli abrazadas (película cuya única interrupción posible sería, en alguna ocasión, un arrebato incontrolable de ganas de besarnos). A pesar de las posibles consecuencias de la operación y de la inmediatez de ésta, no podía dejar de pensar en esas pequeñas cosas que me esperaban en mi hipotético futuro a su lado, porque dejar de hacerlo habría supuesto rendirse y eso, indudablemente, iba en contra de todos mis principios. Tal vez también por eso me negaba a empezar esa fase de retroceso por cautela. Sé que mucha gente en mi situación se habría alejado un poco de ella, tal vez incluso inconscientemente, para auto protegerse; para que en el caso de que algo saliera mal el efecto del golpe estuviera un poco más amortiguado. No era mi caso. No era mi estilo. Jamás me habría alejado de ella justo ahora; al contrario, intentaba sentir el máximo tiempo posible esa conexión que nos unía. Y, probablemente, esa fue una de las decisiones más acertadas que he tomado en mi vida: mantenerme fiel a nosotras.

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