jueves, 23 de diciembre de 2010

CAPÍTULO 32 (PARTE 1)

LUNES
Desperté un poco antes que ella, lo que me dio tiempo, una vez más, a verla dormir. Me di cuenta de que con su mano agarraba el borde de mi camiseta; y sonreí. Le aparté un poco el pelo de la cara, pensando en lo guapa que estaba. Aquellos pequeños gestos se habían convertido en todo un ritual, repetido en cada ocasión que dormía con ella y que yo despertaba antes.
Inconscientemente me acerqué para abrazarla. Fue entonces cuando despertó. La noté cansada. Se giró apoyándose sobre un costado; mirándome.
Sentí que buscaba algo en mi mirada, en mi cara, en mi sonrisa de buenos días. Pero no supe ni pregunté el qué, tal vez porque tuve miedo de oír la respuesta.
Me agarró una mano y noté cómo temblaba y dudé de si lo hacía por frío o por miedo; pero en aquel silencio, por si acaso, me acerqué para darle calor.
Y de pronto esa canción vino a mi mente, Long live de Taylor Swift. Había llorado sin apenas darme cuenta la primera vez que escuché esa canción, sin comprender muy bien entonces a qué se debían aquellas lágrimas, porque esa canción movía ciertos sentimientos en mi interior. Y sentí una de las frases como si estuviera escrita por mí: “I said remember this moment, in the back of my mind. The time we stood with our shaking hands.” Y de alguna forma, tras pensar en esa frase noté aún más cómo temblaba.
- Buenos días mi amor – le susurré al oído. Sin abrir los ojos supe que sonreía. Y tuve la mayor sensación de calor que he tenido nunca; un calor que no tiene nada que ver con alta temperatura o deseo sexual, un calor más personal y probablemente más profundo y difícil de encontrar, aquel que solo sentirá el que haya amado de tal forma que le sea imposible describir la fuerza de ese sentimiento, aquel que sientes cuando eres consciente de que estás viviendo un momento con el que siempre habías soñado.
Mi mayor propósito en esta vida desde que la conocía era hacerla feliz, tal vez por eso me contuve, pero en aquel instante tuve ganas de levantarme y romper a llorar. Tal vez ese sentimiento vino impulsado por el recuerdo de otra de las frases de aquella canción ,que establecía una simbiosis especial entre mi situación y el significado de dicha frase: “I said remember this feeling. I passed the pictures around of all the years that we stood there on the side – lines wishing for right now.” Y como cantaba Taylor Swift repasé mentalmente todos los momentos en los que había deseado con todas mis fuerzas ser parte de algo, ser parte de un sueño.
Por eso tuve ganas de llorar. Porque fui consciente de que lo que no tenía que pensar era: “he encontrado justo a la persona a la que buscaba y la vida es tan cruel que es posible que vaya a perderla”; sino: “la vida me ha dado la oportunidad de encontrarla y debo estar siempre agradecida por haber podido vivir a su lado, por haber compartido mi amor con ella, por haber cumplido un sueño”
¿Cuánta gente se pasa la vida en busca de un sueño sin llegar nunca a alcanzarlo? ¿Cuántos viven sin saber con qué soñar?
Yo era afortunada, sabía lo que quería y, al menos por ahora, lo tenía. Siempre pensé que el mayor secreto de la felicidad es el darte cuenta de todas esas pequeñas o grandes cosas por las que eres afortunado y que a la gran mayoría de la población se le escapan.

sábado, 16 de octubre de 2010

CAPÍTULO 31

Nos levantamos del banco después de un rato. Yo aún estaba en shock. Ella parecía no haberse recuperado de un shock permanente y, sin embargo, parecía predispuesta a vivir la vida sin miedo y sin rencores. Parecía, pese a todo, feliz.
- ¿Cómo puede ser? – se giró sin saber muy bien a qué me refería yo. Me agarró llevándome hasta el tronco de un árbol, en el que nos apoyamos – No tienes miedo – susurré incrédula.
- ¿Por qué iba a tenerlo?
- ¿Y si pasa algo?
- He vivido.
Entrecerré los ojos con frustración intentando comprenderla.
- No me entiendas mal, Amy. No quiero que pase nada, no me quiero ir. Desearía no dejarte nunca, ni a mi familia, ni a mis amigos. – levantó la mirada poniéndola a la altura de la mía – Pero si pasa algo… he vivido. Es decir, he experimentado y he sentido y soñado y he amado. He intentado darlo todo a quien tenía que dárselo. Quiero seguir haciéndolo en los tres días que quedan para la operación. Y quiero que tengas claro que si he de irme me voy orgullosa, de mi, de ti, de mi vida; y que me habría encantado compartirla para siempre contigo.
- Será para siempre; pase lo que pase siempre estarás conmigo.
Me abrazó besándome el cuello y apoyando las manos en el árbol.
- Y tú conmigo.

Tras dar una vuelta por Pontevedra, fuimos a su casa y después a la mía a pedirle a nuestros padres que nos dejaran dormir juntas las cuatro noches antes de la operación: deseo concedido. ¿Qué padre en esas circunstancias no le habría dicho que sí a su hija?
Esa noche, cuando estuvimos solas planeamos escaparnos juntas el martes, a la casa que sus padres tienen en la playa. Secretamente preparé también una sorpresa que darle ese día.
- Ven – dijo sentándose al borde de la cama.
Me acerqué a ella dejando mis cosas en el suelo. Me quedé de pie justo delante y me abrazó, apoyando su cabeza entre mi pecho y el estómago .Me agaché para besarle la cabeza.
- Siento lo que he hecho – dijo sin separarse.
- Shhh. Lo importante es que lo hemos arreglado. Así que olvídalo, quiero disfrutar estos tres días para que cuando despiertes en el hospital después de la operación pienses en mí y sonrías.
Se levantó, sorprendiéndome. Y me abrazó ahora con más fuerza.
- ¿Vamos a la cama? – susurré después de un rato.
Como única respuesta ella se separó y me besó suavemente. Y sin poder evitarlo sentí que ahí empezaba algo nuevo, una carrera de tres días para llenarla de fuerza y amor antes de la operación, para empaparme de su olor y sus gestos, de su risa y sus besos, del sentimiento que con ella compartía; una carrera hacia lo desconocido y, tal vez, aunque me odié por pensarlo, hacia el adiós.
Cuando ese sentimiento me atravesó la agarré por el cuello y la besé con toda la intensidad que conocía, que mi cuerpo era capaz de transmitir. Y fue un poco como aquellas primeras veces que nuestros labios se juntaron, como aquel primer beso en el ascensor de mi casa. Solo que habían pasado varios meses y ella ya no era aquella chica casi desconocida por la que me sentía atraída. Ella era la chica a la que amaba, la chica con la que quería compartir todo lo que tenía y lo que era, la chica de mis sueños.
- Creo que nunca te lo he dicho – susurré tumbándola en la cama, acariciándola mientras besaba su cuello – conozco de memoria tu cuerpo, cada rasgo, cada lunar, cada cicatriz, cada marca… y cada historia que hay detrás de ellas.
Después de un instante añadí:
- Pero me gustaría ser parte de alguna de esas marcas.
Sabía que era lo más raro que había dicho en mi vida, pero por su forma de mirarme y porque no hizo ningún gesto de incomprensión, ella pareció entenderme.
- ¿Te harías un tatuaje conmigo? – dijo después de unos segundos.
Asentí.
- Mañana compro un permanente y durará unos días, después de la operación lo hacemos de verdad.
Sonreí.
No hizo falta que dijéramos sobre qué íbamos a hacerlo. Ambas lo sabíamos.
Se quedó dormida poco después. Estaba agotada y poco a poco se le fueron cerrando los ojos. Estuve despierta viéndola dormir, abrazándola, tratando de acompasar mi respiración a la suya, como si por eso fuéramos a estar más unidas. Solo entonces comprendí que lo que de verdad une a dos personas es que coincidan en el tiempo, sintiendo lo mismo el uno por el otro; que lo que de verdad me unía a Britney era que compartíamos un sentimiento; era yo la que en ese momento estaba despierta acariciándola con la mirada, pero podría haber sido ella y la escena hubiera sido igual, hubiera significado lo mismo. Nada podría unirnos más que eso.
Y entenderlo, de alguna forma, me reconfortó. Solo entonces me quedé dormida.

lunes, 30 de agosto de 2010

CAPÍTULO 30 (PARTE 2)

- No te pedí un tiempo porque de verdad quisiera estar con otra – comenzó a explicarse – ni porque no te quisiera como antes, ni porque no tuviera claro ninguna de esas dos cosas.
- ¿Entonces qué pasó?
- Sé que no lo entiendes… pero intentaba protegerte.
- ¡¿De qué?! ¡¿De quién?!
Se echó hacia atrás en el banco, subiendo las piernas y rodeándolas con los brazos.
- De mí – no pude evitar ver como se mordía el labio. Y de hecho, fue lo único que vi – Amy, no estoy mejorando. Fui al médico hará una semana… y el cáncer se ha extendido.
- ¿Por eso quisiste que nos diéramos un tiempo? –dije aún sin entender.
- Sí, solo quería darte espacio…darte no sé…la oportunidad de olvidarme, la oportunidad de vivir una vida normal.
- ¿No lo entiendes? Me has dado la oportunidad de vivir la única vida que querría vivir, la vida a tu lado.
Creo que esa frase es lo más importante que le había dicho a alguien en mi vida. Y tal vez por eso o por la intensidad con que lo dije o por las lágrimas que empezaban a inundar mis ojos por lo que acababa de anunciarme, noté como en dos segundos el muro enorme que Britney había intentado levantar entre las dos se venía abajo.
Me abrazó hundiendo su cara en mi cuello. Y me perdí allí, vagando entre su perfume y su respiración agitada, durante un tiempo indefinido. Rompió a llorar. Y yo no pude contenerme tampoco. Tenerla entre mis brazos era como volver a la vida; aun sabiendo que estaba más cerca de la muerte.
Me separé un poco y junté mis labios con los suyos. La besé… entre sus lágrimas y las mías, entre nuestros miedos compartidos, entre la esperanza y la impotencia. Sin saber cómo sentirme.
Y en lo único en lo que fui capaz de pensar fue en una canción, La cura de Franco Battiato. Y en que aquélla, que era una de mis canciones favoritas, reflejaba a la perfección en cada frase el amor incondicional y protector que quería y necesitaba ofrecerle a ella en ese momento. Cuando esa noche escuché la canción en mi cama, en la soledad de mi habitación, había una frase en concreto que me hacía llorar más que cualquier otra: “E guarirai da tutte le malattie. Perchè sei un essere speciale e io avrò cura di te” (“Y curarte de todas las enfermedades. Porque eres un ser especial y yo cuidaré de ti”). Porque esa frase me hacía sentir la mayor impotencia que había sentido jamás… por no poder curarla…por no poder salvarla; porque solo entonces fui consciente de que, a veces, querer con toda tu alma, no es suficiente. Yo había estado a su lado y la había ayudado en todo lo que había podido pero, inevitablemente, el cáncer seguía su camino y me había arrollado dejándome en la cuneta, llevándose a Britney cada vez más lejos de mí, más lejos de aquí.
Cerró los ojos un instante y apoyé suavemente mis labios en sus párpados. Cuando volvió a abrirlos estábamos tan cerca que nuestras pestañas prácticamente se rozaban.
- Prométeme – susurré sin moverme – que no vas a volver a hacer esto, que no vas a alejarme solo porque creas saber lo que es mejor para mí.
Volvió a besarme. En un determinado momento, entrelazando su mano con mi pelo me susurró al oído.
- Sabes que eres lo que más he querido, ¿verdad?
Y no sé si fue por su forma de decirlo pero estuve a punto de volver a echarme a llorar… pero justo entonces sus labios volvieron a buscar mi boca con ansiedad, mientras con una mano en mi espalda trataba de acercar mi cuerpo aún más al suyo, si eso era posible.
Cuando se menciona la palabra cáncer suele asociarse mentalmente a: quimioterapia, hospitales, calvicie, dolor, muerte. Pero en mi cabeza “muerte” siempre había estado en un segundo plano, muy lejos de la realidad. Incluso el día en que me enteré de que Britney estaba mal o cuando la notaba débil o veía las consecuencias de la quimio… la muerte fue siempre para mí algo imposible, algo demasiado alejado para llegar a tocarnos realmente. Y en ese banco supe que tal vez había llegado el momento de crecer, de madurar, de asumir que en la vida no todo tiene un final feliz. Tal vez me estaban dando la entrada para asistir a nuestro último concierto. Y fui consciente de la importancia de ese momento, de que si ella no se hubiera decidido a decirme la verdad a lo mejor yo no habría asistido a ese posible final. Y si había un final, por doloroso que pudiera ser, quería estar presente, formar parte de él, consumirlo hasta la última calada.
- ¿Y hay algo que se pueda hacer? – pregunté rompiendo lo que sería en el futuro uno de los silencios más dolorosos de mi vida.
- Van a operarme.
- ¿Cuándo?
- El jueves.
Jueves. Eso nos daba tres días y medio. Tres días cuando puedes no volver a ver a la persona a la que amas, no son suficientes. Pero si me paraba a pensarlo… toda una vida no sería suficiente.

CAPÍTULO 30 (PARTE 1)

Cuando por fin llegó a mi lado y se agachó para darme dos besos me pareció lo más raro y antinatural del mundo que no me besara en la boca. Para mí eso se había convertido en lo normal, en lo que siempre debió ser; porque cuando besaba a Britney estaba mostrando la versión más sincera de mí misma. Pareció que ella sentía lo mismo por la cara de incomodidad que puso tras rozar tan solo mi mejilla con sus labios.
Se sentó a mi lado. Y antes de levantar la vista del suelo añadió:
- Ni en un millón de años conseguiré sentirme bien estando a tu lado sin poder besarte.
Le salió casi de carrerilla, casi de forma espontanea… como si no hubiera tenido que pasar por su cerebro antes, como si viniera más bien del corazón.
- No tienes por qué pasar ni un segundo a mi lado sin besarme – contesté casi en un susurro.
Suspiró.
Y durante un tiempo ninguna dijo nada, ninguna hizo ademán de moverse. Ella estaba sumida en su mundo y yo, secretamente, luchaba con todas mis fuerzas para que su mundo y el mío fueran el mismo. Pero en algún momento había que dar el paso porque si lo que Britney tenía que decirme iba a ser doloroso para mí, lo sería igual más tarde o más temprano.
- ¿Y bien? ¿Qué tenías que contarme? – dije clavando la mirada en los árboles lejanos. Preparándome para el golpe. Preparándome para intentar no exteriorizar los efectos que sus palabras pudieran tener en mí.
Esperó un poco antes de contestar. Y se volvió hacia mí en el banco, a pesar de que yo no la mirara.
- La chica de ayer… la que te abrió la puerta…
- La rubia de la toalla ¿no? – dije con el tono más borde que pude conseguir.
- Sí… No es lo que crees, Amy.
- Ya…
- Es Brooke… mi prima. Vive en Nueva york y vino a visitarme unos días.
- ¿De verdad? – seguía sin conseguir creerla del todo.
- Sí. Y no estábamos juntas en la ducha si fue lo que pensaste. Ella ya había salido y yo me metí.
- ¿Entonces ella no es la razón de todo esto?
- No.
¿Me estaba diciendo la verdad? Me sorprendió como, a pesar de todo, yo no concebía el no creerla, el no confiar en ella.
- Entonces… - no sabía cómo decírselo; por primera vez en mi vida las palabras parecían haberme abandonado, tal vez porque nunca había tenido tanto miedo a lo que ella pudiera contestar.
- Dime - ¡Ahg! Era tan jodidamente dulce…
- Entonces ¿qué me ocultas? – fue en ese instante cuando decidí que había llegado el momento de enfrentar la verdad y de volver a mirarla a los ojos.
- ¿Qué te oculto de qué?
- Britney… dijiste que ibas a contarme toda la verdad, así que si no piensas hacerlo me voy ya.
Antes incluso de que me diera tiempo a pensar en levantarme, contestó:
- Espera. Te lo voy a contar todo. Te voy a decir la verdad.
Tuve que contener las ganas de abrazarla.

viernes, 20 de agosto de 2010

CAPÍTULO 29

Estaba sentada en el banco en el que había quedado con Britney dentro de diez minutos. Por delante de mí pasó una pareja bastante joven con un niño de unos dos años, al que probablemente llevaban a jugar a los columpios que había en ese mismo parque. Me quedé observándoles un rato, sin poder evitarlo. Parecían felices; ellos y el niño. Había cierta complicidad entre los tres, cierta conexión que no se da en todas las familias, sino tan solo en aquellas que están realmente unidas. Y sin pensarlo la pregunta vino a mi mente como llegada de la nada: ¿tendríamos Britney y yo algún día una familia así? ¿Seríamos alguna vez las protagonistas de aquella escena?
Y en ese momento me sentí un poco como Forrest Gump en su banco de madera esperando al autobús. Entre el pasado y el futuro más inmediato. Rebobinando su historia mentalmente, contándosela al que quisiera escucharla pero, al mismo tiempo, consciente de su momento actual y preparado para afrontar lo que esté por llegar.
Me acordé entonces de una frase de esa película: “Mi mamá siempre decía que la vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar.” Y es cierto. No tenía ni idea de qué iba a pasar con mi vida. ¿Qué iba a estudiar en la universidad? ¿Cómo viviría yo dentro de diez o veinte años? ¿A que me dedicaría? ¿Tendría familia? ¿Qué tenía que contarme hoy Britney? ¿Superaríamos esta fase? ¿Lo dejaríamos definitivamente? ¿Saldría alguna vez con una chica que no fuera ella? ¿Volvería a amar a alguien que no fuera ella? ¿Dejaría de amar a Britney algún día? ¿Estaríamos juntas años más tarde en ese mismo banco y felices?
El sol caía ocultándose poco a poco a lo lejos, proporcionando esa luz anaranjada tan característica del atardecer. La vi bajar las escaleras del parque con unos vaqueros y un largo jersey gris. Los últimos rayos de sol del día brillaban sobre las hojas de los árboles, creando extraños reflejos que resaltaban su pelo rubio. Era absolutamente preciosa.
¿A quién pretendía engañar? Yo no quería estar sin ella; no imaginaba un futuro separadas. Y, una vez más, supe que, al igual que Forrest, yo no tenía que quedarme en ese banco eternamente, supe que no tenía por qué seguir esperando al autobús, que podía levantarme y correr como él hacia donde quería ir. Y justo en ese momento tomé mi decisión: dijera lo que dijese Britney, yo iba a seguir luchando por ella.

viernes, 13 de agosto de 2010

CAPÍTULO 28

Me incorporé en la cama y empecé a recoger mi ropa del suelo. Mientras empezaba a vestirme Vero volvió a despertarse.
- ¿Se puede saber qué haces?
- Vestirme. ¿Se puede saber qué ha pasado?
- No te acuerdas de nada ¿no? – dijo riéndose.
- De poco. Pero no sé cómo acabamos aquí.
- Tranquilízate, no nos hemos acostado.
- ¿No? – dije poniéndome de pie.
- Si nos hubiéramos acostado te acordarías, cariño.
No pudimos evitar echarnos las dos a reír.
- ¿Qué es lo último que recuerdas? – preguntó.
- No sé… cuando me enseñaste la luna por la ventana, creo.
- Bueno – se sentó en la cama, apoyando la espalda en el cabecero de madera – pues… ¿sabes la chica que vino con Diego?
- ¿La morena guapísima?
- Sí. Bueno… pues nos liamos.
- ¿Si? ¿Cuándo?
- Tú estabas dormida en el sofá. Y Diego ya se había ido.
- Bueno ¿y qué pasó? – dije volviendo a sentarme. Más que nada porque no entendía como de liarse con esa chica había pasado a estar en la cama conmigo casi desnuda.
- Pues eso, que estábamos bailando y liándonos en el salón y te despertaste. Así que te dije que te vinieras a la cama. Y… bueno que cuando llegué ya estabas desvestida.
- Pero espera ¿y qué pasó con la chica?
- Nada – dijo mirando hacia otro lado.
Y supe interpretar perfectamente esa mirada.
- Anda, cuéntame.
- Pues que ella quería que lo hiciéramos y… yo no.
- ¿Y eso? – pregunté realmente sorprendida.
- Es que es lo de siempre. Me lio con un chico o con una chica, lo hacemos una noche y ya está… nunca llego a sentir nada más. Y te dije que quería intentar que eso cambiara. Así que lo voy a intentar de verdad.
- ¿Entonces le pediste que se fuera?
- Sí. Y no veas lo que me costó…
Me eché a reír porque la entendía perfectamente; la chica era guapísima por lo que yo recordaba.
- Estoy orgullosa de ti – Ahora fue ella la que se rió.
- Bueno, pues eso, que llegué aquí y estabas casi desnuda. Me iba a marchar, pero es que te levantaste de la cama y me tumbaste en ella.
- ¿Qué?
- Sí. Y bueno…como no encontraba el pijama me metí solo con la ropa interior porque estabas pesadísima con que me tumbara ya.
- ¿Y por qué no me pusiste algo de ropa? – dije con algo de sospecha en la voz.
- No me dejaste Amy. Porque además de obligarme a que me tumbara, me abrazaste hasta que te quedaste dormida. Y no sabes lo difícil que es intentar dormir contigo sin sujetador y abrazada a mí.
Me puse un poco colorada.
- Lo siento.
- No pasa nada. Pero queda terminantemente prohibido que durmamos juntas cuando hemos bebido.
- Trato hecho – dije riendo.
Me levanté de la cama y me puse a buscar mi móvil entre todas las cosas que estaban por allí tiradas. La noche anterior lo había apagado nada más llegar a casa de Vero porque quería evitar a Britney y porque quería evadirme de la realidad. También ésa fue la razón por la que nos habíamos emborrachado. Pero había llegado el momento de volver al mundo real, a ese del que inútilmente había intentado escapar.
Encendí el móvil y había diez llamadas de Britney, algunas realizadas desde su casa y otras desde el móvil. También tenía tres mensajes:
El primero: No es lo que crees, no te montes ninguna paranoia por favor.
"Tarde" - pensé.
El segundo: Contéstame. Tenemos que hablar.
Y el tercero: Cuando quieras volver a hablar conmigo, llámame. Estoy dispuesta a quedar y a contarte toda la verdad.
¿Toda la verdad? Nunca creí que oiría esas palabras de ella; nunca creí que llegaríamos a un punto en el que tuviéramos que confesar lo que habíamos estado ocultando… nunca pensé que me iba a ocultar nada… hasta aquel día en que me dijo que quería espacio, hasta ese momento en el que supe que algo se callaba.
Había llegado el momento de volver a hablar con ella y aclararlo todo, de verla y decidir, de volver a estar a su lado como antes, tan unidas que era casi imposible delimitar quién era quién… o de alejarme definitivamente de ella.
Cogí el teléfono y marqué su número casi mecánicamente, como si tuviera grabados los movimientos necesarios en los dedos después de haberla llamado tantas veces, como si el número fuera tan solo uno de los miles de fragmentos de ella que ya estaban dentro de mí.

martes, 27 de julio de 2010

CAPÍTULO 27 (PARTE 4)

18 horas antes:
- Deja la mochila en mi habitación – me dijo Vero – te espero en el salón.
Y no sé muy bien por qué pero en cuento entré por la puerta, en cuanto vi su cama y sus cosas, me sentí como en mi propia casa. Y fue sin duda el mejor sentimiento en lo que llevaba de día.
- No quiero hablar de ella – dije entrando en el salón – ni que me la menciones ni nada.
- Vale. ¿Entonces no me vas a contar lo que ha pasado?
- No… solo quiero pasarlo bien, olvidarme por un día, bueno, por una noche, de lo que siento por ella.
- ¿Y cómo se supone que voy a conseguir eso?
- No lo sé.
- Empecemos por ir a comprar alcohol.

17 horas antes:
En el súper tuvimos que pedirle a uno de los chicos de dieciocho años que estaba en la cola que nos comprara el alcohol.
Una vez fuera de allí decidimos ir directamente a casa de Vero las dos solas, aprovechando que sus padres no estaban.

15 horas antes:
- ¿Me pones otra? – dije estirando el vaso vacío hacia ella.
- Bueno, pero cálmate; que yo casi me acabo de sentar y tú ya vas a empezar la tercera copa.
- Es que tardabas tanto…
- Estaba haciéndote la cama para luego.
- Haber avisado y te ayudaba. Y… ¿entonces no dormimos juntas?
- No sé, como quieras. Pero repito, baja el ritmo que además a ti el vodka te sube mucho.
- Fuiste tú la que propuso comprar.
- Para que no pensaras en ella…
- Bueno… pues si no lo bebemos el alcohol no hace magia.
Se rió irónicamente.
- Y si lo bebemos tampoco.
- Pero te hace creer que sí.


A partir de las13 horas antes:
Era aproximadamente la una de la madrugada. Vero había puesto música y la última vez que miré, a la botella de vodka le quedaba más o menos la mitad.
Llevábamos bailando y bebiendo gran parte de la noche. Y tengo que reconocer que me lo estaba pasando genial.
- Tengo hambre – dijo yendo hacia la cocina. Y me llamó desde allí.
………

En algún momento que fui al baño escuché el móvil sonando desde la habitación en la que había dejado la mochila.
- ¿No lo coges?
- Es ella. Voy a apagarlo.
Fui allí y tras comprobar que sí era Britney, apagué el móvil sin querer mirar los mensajes o contestar a las llamadas.
………

Recuerdo haber visto a Vero tirada en el suelo en algún momento, aunque no sé bien por qué.
………

Lucky de Jason Marz y Colbie Caillat empezó a sonar, y como era una canción lenta, Vero me agarró para bailarla juntas.
………

En algún momento se nos acabó la mezcla y, para no beber vodka solo, llamamos a Diego por si quería venir y traernos de paso alguna cerveza de la tienda abierta veinte cuatro horas.
………

- ¿Por qué tendremos tan mala suerte? – dijo Vero tambaleándose y echándose después en el sofá.
- ¿Tan mala suerte?
- En el amor.
- Ah… Tampoco tenemos tan mala suerte.
- Habla por ti, Amy.
- Venga….
- ¿Qué? Tú tienes a Britney.
- Y tú me tienes a mí.
………

Cancer de “My Chemical romance”.
- Quita esa canción por Dios – dije suspirando.
………

Diego llegó con unos amigos y una chica morena guapísima. En cuanto ella entró Vero y yo nos miramos como buscando con la mirada la opinión de la otra; no hacía falta decir más.
………

Vero me cogió la mano para que fuera a ver la luna desde la ventana.
………

Cuatro de la mañana; la última vez que miré el reloj.


No recordaba nada más cuando me desperté semidesnuda al lado de Vero esa mañana. Había inmensas lagunas en mi memoria sobre esa noche como consecuencia del alcohol y solo conseguía recordar esos instantes aislados.