Me quedé mirando al techo en silencio, intentando grabar a fuego en mi mente esa sensación. Esa sonrisa imborrable en mi cara. Ese sentimiento de satisfacción, de ilusión por el futuro, de emoción por lo compartido con ella, de agradecimiento al mundo por haberla puesto en mi camino, de felicidad.
Miré a mi derecha y allí estaba ella. Tumbada, desnuda, boca abajo. Sabía que no estaba dormida a pesar de que tenía los ojos cerrados, simplemente estaba descansando. Me puse de lado con la cabeza sostenida por mi mano; con la otra empecé a acariciar su tatuaje, bordeando las estrellas con mis dedos. Deslicé la mano hacia abajo por su espalda y me detuve en la parte donde ésta acaba. Me acerqué para besarla en la mejilla. Nunca la había visto tan hermosa.
- Acaba de venirme a la mente una canción. Bueno, una parte de una canción. – dije
- ¿Y por qué ahora?
- Porque me recuerda a ti.
- ¿Cuál es?
- Alive, de Black Eyed Peas.
- No la conozco.
- Pues deberías – dije de coña.
- ¿Me la cantas?
- Si venga…
- Por favooor – me lo pidió con una cara de perrito abandonado que no fui capaz de rechazar.
Empecé a cantar sin poder, eso sí, evitar ponerme colorada:
“I got so much love for you, darling. And I… I wanna let you know how I feel. Cause is true that I love you, and it’s true, you’re the only one. And I do, I adore you. And it’s true girl, you make me feel alive.”
- Acabo de pensar – dijo después de unos segundos en silencio – en una canción que también me recuerda a ti. Es Someone de The Rembrandts. ¿La conoces?
Recordé que ese grupo se había hecho famoso por interpretar la canción de mi serie preferida, Friends, pero no conocía esa canción.
- A ellos sí, pero la canción no.
Y sin más empezó a cantarla:
“When there was no one left for me to turn to, when all the world I knew was falling down, oh there were times I could no face the morning. But everything changed since the day that I found… someone to hold me the way that you do, someone who needs me the way I need you, someone to show me a way that is true, someone to love me the way that I love you.”Sonrió agarrándome para que me tumbara a su lado. Apoyé la cabeza en la almohada justo al lado de la suya quedando nuestras caras a pocos centímetros.
- Amy – dijo de repente mirándome a los ojos - ¿crees en las almas gemelas?
Me desconcertó un poco la pregunta porque me pilló por sorpresa.
- No lo sé… No sé exactamente si es el término “almas gemelas” en lo que creo. Creo en… en que hay alguien, tal vez incluso más de una persona, ahí fuera para cada uno; alguien que te haga feliz, que le dé sentido a todo. Y sé que suena dependiente, tal vez demasiado, pero creo que hay una persona, o varias, que de alguna forma te completan. ¿Consiste en eso ser almas gemelas?
- Supongo que sí… es en lo que creo yo también.
Sonreí.
- ¿Y a qué vino esto?
- Estaba pensando en eso. En que antes de conocerte no creía en ello. Pero ahora… como dice la canción que acabo de cantarte, ahora todo es distinto. Te prometo que en el momento en que nos conocimos mi visión sobre muchas cosas cambió.
Me acerqué muy despacio para besarla. Cuando noté que mi respiración, y la de ella, empezaba a entrecortarse me separé.
- Tal vez deberíamos dormir un poco, que mañana tienes quimio y vas a ir agotada.
Suspiró dando a entender las pocas ganas que tenía de dejar lo que estábamos haciendo para ponerse a dormir pero se acomodó más en la cama dejándome a mí también tumbarme para intentar encontrar el sueño. Me abrazó antes de susurrarme:
- Buenas noches, Amy. Y gracias por este cumpleaños. Prometo recordarlo siempre.
Cogí su mano poniéndola alrededor de mi cintura y entrelazando nuestras manos sobre mi estómago.
- Es solo el primero de todos los que pasaremos juntas. Solo el primero.
No dijo nada pero noté sin girarme como sonreía. Y en un gesto muy dulce me apartó el pelo y me besó suavemente en la nuca. Me recorrió un escalofrío y sentí como toda mi piel se alteraba. Nunca había sentido tanto con un gesto tan pequeño. Definitivamente, nunca había amado así.
domingo, 30 de mayo de 2010
CAPÍTULO 22 (PARTE 2)
Unos diez o quince minutos después apareció en el salón. Yo había preparado la cena antes y había decorado la mesa con velas y flores. También había comprado un vestido para mí, negro, que dejaba mi espalda al descubierto y que tenía un pequeño lazo en mi nuca, que quedaba oculto tras mi pelo suelto.
- ¡Guau! – dijo al cruzar la puerta.
- He preparado la cena.
Se acercó a mí, puso sus manos por encima del vestido y mirándome provocativamente, dijo:
- ¿Y pretendes que consiga cenar cuando vas así vestida?
- Es algo que tendrás que soportar… - le mordí suavemente el cuello sentándome a la mesa.
- ¿Cómo has conseguido todo esto: organizar todas las pistas, que tengamos esta casa toda la noche para nosotras…?
- Tengo mis recursos. Aunque hay algo que ha fallado.
- ¿El qué?
- Se supone que tendríamos que tomar la cena antes que el postre – mostré una pícara sonrisa, me refería a la hora y media que habíamos pasado en la cama – Pero no aguantaba más sin estar contigo.
- No pasa nada… ¿Sabes? Siempre me ha encantado repetir postre…
- Jeje.
Cuando estábamos acabando los spaghetti que yo había preparado se quedó quieta, mirándome, callada.
- ¿Qué pasa? – dije sonriendo.
Y con la misma sonrisa contestó, pensativa:
- Amanda Spencer.
Entre risas conseguí contestar:
- ¿Qué?
- Cuando era pequeña solía imaginar cómo sería el nombre de mi marido pero con mi apellido. Ya sé que no tiene ningún sentido porque en realidad en Estados Unidos son las mujeres las que cambian de apellido, pero yo ya iba a contracorriente.
- ¿Y ahora imaginas el mío? – pregunté sin dejar de reír.
- Sí, Amanda Spencer.
-Suena bien.
Me senté sobre su regazo besándola suavemente.
- Declaro – dije antes de volver a posar mis labios en los suyos – oficialmente inaugurada la noche internacional del postre – volví a besarla – Puede degustar el menú de la casa tantas veces como quiera, hasta que salga el sol.
Se echó a reír.
- Adoro el buffet libre – Y agarró suavemente mi nuca acercando nuestros labios.
¡Me cuesta tanto describir una milésima parte de todo lo que Britney me hacía sentir! Durante aquella noche que pasamos juntas no recuerdo haber sentido miedo en ningún momento, a pesar del cáncer, a pesar de todo. Aquello era más grande que una enfermedad. Aquello era más grande que el tiempo y el espacio. Aquel día supe que pasara lo que pasase, yo no iba a perder a Britney porque, de alguna forma, siempre estaría conmigo. Ya era parte de mí.
Es el recuerdo más nítido que conservo, esa sensación de unión atemporal, infinita. Su expresión pensativa antes de que yo preguntara. Amanda Spencer. Su risa mezclada con algo de vergüenza y una dulzura indescriptible mientras me lo contaba. Amanda Spencer. Sus dientes mordiendo su labio inferior. Su pelo rubio sobre el vestido azul. Iluminada a pesar de la escasa luz de la noche. Amanda Spencer. Su perfume. Las velas. Sus dedos recorriendo el borde de la copa. Amanda, sí, Amanda Spencer.
- ¡Guau! – dijo al cruzar la puerta.
- He preparado la cena.
Se acercó a mí, puso sus manos por encima del vestido y mirándome provocativamente, dijo:
- ¿Y pretendes que consiga cenar cuando vas así vestida?
- Es algo que tendrás que soportar… - le mordí suavemente el cuello sentándome a la mesa.
- ¿Cómo has conseguido todo esto: organizar todas las pistas, que tengamos esta casa toda la noche para nosotras…?
- Tengo mis recursos. Aunque hay algo que ha fallado.
- ¿El qué?
- Se supone que tendríamos que tomar la cena antes que el postre – mostré una pícara sonrisa, me refería a la hora y media que habíamos pasado en la cama – Pero no aguantaba más sin estar contigo.
- No pasa nada… ¿Sabes? Siempre me ha encantado repetir postre…
- Jeje.
Cuando estábamos acabando los spaghetti que yo había preparado se quedó quieta, mirándome, callada.
- ¿Qué pasa? – dije sonriendo.
Y con la misma sonrisa contestó, pensativa:
- Amanda Spencer.
Entre risas conseguí contestar:
- ¿Qué?
- Cuando era pequeña solía imaginar cómo sería el nombre de mi marido pero con mi apellido. Ya sé que no tiene ningún sentido porque en realidad en Estados Unidos son las mujeres las que cambian de apellido, pero yo ya iba a contracorriente.
- ¿Y ahora imaginas el mío? – pregunté sin dejar de reír.
- Sí, Amanda Spencer.
-Suena bien.
Me senté sobre su regazo besándola suavemente.
- Declaro – dije antes de volver a posar mis labios en los suyos – oficialmente inaugurada la noche internacional del postre – volví a besarla – Puede degustar el menú de la casa tantas veces como quiera, hasta que salga el sol.
Se echó a reír.
- Adoro el buffet libre – Y agarró suavemente mi nuca acercando nuestros labios.
¡Me cuesta tanto describir una milésima parte de todo lo que Britney me hacía sentir! Durante aquella noche que pasamos juntas no recuerdo haber sentido miedo en ningún momento, a pesar del cáncer, a pesar de todo. Aquello era más grande que una enfermedad. Aquello era más grande que el tiempo y el espacio. Aquel día supe que pasara lo que pasase, yo no iba a perder a Britney porque, de alguna forma, siempre estaría conmigo. Ya era parte de mí.
Es el recuerdo más nítido que conservo, esa sensación de unión atemporal, infinita. Su expresión pensativa antes de que yo preguntara. Amanda Spencer. Su risa mezclada con algo de vergüenza y una dulzura indescriptible mientras me lo contaba. Amanda Spencer. Sus dientes mordiendo su labio inferior. Su pelo rubio sobre el vestido azul. Iluminada a pesar de la escasa luz de la noche. Amanda Spencer. Su perfume. Las velas. Sus dedos recorriendo el borde de la copa. Amanda, sí, Amanda Spencer.
CAPÍTULO 22 (PARTE 1)
Volví a la habitación con una botella de agua en la mano. Eran las once de la noche. Me tiré en la cama de golpe provocando su risa.
- ¿Se puede saber qué haces? – dijo quitándome la botella de las manos y dejándola en el suelo después de beber un breve sorbo.
Me eché encima de ella, intentando forcejear. Pero en lugar de intentar pelear Britney me agarró con fuerza por la cintura acercándome a ella y aprovechando para besarme. Traté de soltarme pero su presa me lo impedía y poco a poco fui cediendo y dejando que su boca encontrara lo que tanto buscaba, la mía. Tras un rato vagando por su cuerpo, por sus besos, me separé y me tumbé a su lado.
- Amy – dijo después de un instante de silencio – cuéntame algo que nunca me hayas contado.
Estuve bastante tiempo en silencio, abrazándola y pensando en ello, porque no se me ocurría nada así de buenas a primeras. Finalmente dije:
- ¿Te he contado alguna vez cómo me gustaría que fuera mi boda? En el caso de que quisiera casarme…
- No. Cuéntame.
- Pues… a ver, ya sabes que para mí lo importante es el hecho de querer pasar el resto de tu vida con esa persona, de querer compartirlo todo; así que me da igual quien nos case o si legalmente esa boda tiene algún valor… para mí lo importante es eso, la unión. Pero me gustaría que, sea como sea la boda, fuera en París.
- ¿En París?
Asentí.
- Ya sé que ya te he hablado de París mil veces, pero nunca te he explicado esto. Es una ciudad… especial. Me pareció tan atractiva, tan bohemia y al mismo tiempo tan romántica… Pienso que yo había dejado de creer en el amor cuando mis padres se separaron, siendo yo aún una enana. Y creo que volví a creer en el amor cuando llegué a París. La gente, las luces, el Sena, los puentes, los parques… no sabría decirte por qué, pero creo en París y en lo que representa. Pienso que Bogart tenía razón, al final, siempre nos quedará París.
Se quedó observándome con una expresión super dulce en la cara. Cogí la sábana y me metí debajo riendo.
- Lo siento, he sido demasiado cursi, de nuevo.
- Te repito que lo cursi está infravalorado.
Se metió debajo de la sábana conmigo.
- ¿El mundo se ve mejor desde aquí? – mientras lo preguntó se acercó a mí acomodando su cabeza en mis hombros.
- Todo se ve mejor desde aquí – la atraje hacía mí para que se diera cuenta de que me refería a cuando ella estaba – Bueno, te toca. Algo que nunca me hayas contado.
- Siempre he querido hacerme otro tatto, pero nunca me he atrevido, o no encontraba algo que valiera la pena llevar para siempre en la piel.
- ¿Y lo has encontrado ya?
- Sí. Quería que fuera algo especial, algo relacionado contigo, con nosotras. Pero a la vez distinto, no ponerme simplemente tu nombre o tu inicial, algo más original.
- ¿Y…?
- Quiero tatuarme la palabra “Angie”.
- ¿Es tu próxima novia?
Me pegó suavemente mientras se echaba a reír.
- Cuando chocamos en el portal, cuando nos vimos por primera vez, ibas escuchando “Angie” de los Rolling.
- ¡No puedo creer que te acuerdes de eso!
- ¡Ja! – dijo con aires de superioridad - Yo me acuerdo de todo.
La besé.
- ¡Puf! Somos dos empalagosas… ¡Y me encanta!
Sonrió mientras empezaba a acariciarme la cara.
- Tengo una última sorpresa – dije de repente.
- ¿Más?
- Es una tontería… Date una ducha primero, ponte el vestido que te compré y luego vete hacia el salón. Te espero allí.
Me levanté de la cama con la ropa interior puesta y me fui hacia el otro lado de la casa.
- ¿Se puede saber qué haces? – dijo quitándome la botella de las manos y dejándola en el suelo después de beber un breve sorbo.
Me eché encima de ella, intentando forcejear. Pero en lugar de intentar pelear Britney me agarró con fuerza por la cintura acercándome a ella y aprovechando para besarme. Traté de soltarme pero su presa me lo impedía y poco a poco fui cediendo y dejando que su boca encontrara lo que tanto buscaba, la mía. Tras un rato vagando por su cuerpo, por sus besos, me separé y me tumbé a su lado.
- Amy – dijo después de un instante de silencio – cuéntame algo que nunca me hayas contado.
Estuve bastante tiempo en silencio, abrazándola y pensando en ello, porque no se me ocurría nada así de buenas a primeras. Finalmente dije:
- ¿Te he contado alguna vez cómo me gustaría que fuera mi boda? En el caso de que quisiera casarme…
- No. Cuéntame.
- Pues… a ver, ya sabes que para mí lo importante es el hecho de querer pasar el resto de tu vida con esa persona, de querer compartirlo todo; así que me da igual quien nos case o si legalmente esa boda tiene algún valor… para mí lo importante es eso, la unión. Pero me gustaría que, sea como sea la boda, fuera en París.
- ¿En París?
Asentí.
- Ya sé que ya te he hablado de París mil veces, pero nunca te he explicado esto. Es una ciudad… especial. Me pareció tan atractiva, tan bohemia y al mismo tiempo tan romántica… Pienso que yo había dejado de creer en el amor cuando mis padres se separaron, siendo yo aún una enana. Y creo que volví a creer en el amor cuando llegué a París. La gente, las luces, el Sena, los puentes, los parques… no sabría decirte por qué, pero creo en París y en lo que representa. Pienso que Bogart tenía razón, al final, siempre nos quedará París.
Se quedó observándome con una expresión super dulce en la cara. Cogí la sábana y me metí debajo riendo.
- Lo siento, he sido demasiado cursi, de nuevo.
- Te repito que lo cursi está infravalorado.
Se metió debajo de la sábana conmigo.
- ¿El mundo se ve mejor desde aquí? – mientras lo preguntó se acercó a mí acomodando su cabeza en mis hombros.
- Todo se ve mejor desde aquí – la atraje hacía mí para que se diera cuenta de que me refería a cuando ella estaba – Bueno, te toca. Algo que nunca me hayas contado.
- Siempre he querido hacerme otro tatto, pero nunca me he atrevido, o no encontraba algo que valiera la pena llevar para siempre en la piel.
- ¿Y lo has encontrado ya?
- Sí. Quería que fuera algo especial, algo relacionado contigo, con nosotras. Pero a la vez distinto, no ponerme simplemente tu nombre o tu inicial, algo más original.
- ¿Y…?
- Quiero tatuarme la palabra “Angie”.
- ¿Es tu próxima novia?
Me pegó suavemente mientras se echaba a reír.
- Cuando chocamos en el portal, cuando nos vimos por primera vez, ibas escuchando “Angie” de los Rolling.
- ¡No puedo creer que te acuerdes de eso!
- ¡Ja! – dijo con aires de superioridad - Yo me acuerdo de todo.
La besé.
- ¡Puf! Somos dos empalagosas… ¡Y me encanta!
Sonrió mientras empezaba a acariciarme la cara.
- Tengo una última sorpresa – dije de repente.
- ¿Más?
- Es una tontería… Date una ducha primero, ponte el vestido que te compré y luego vete hacia el salón. Te espero allí.
Me levanté de la cama con la ropa interior puesta y me fui hacia el otro lado de la casa.
viernes, 21 de mayo de 2010
CAPÍTULO 21 (PARTE 4)
Vi, desde el baño del bar, como al llegar y no verme ni encontrar ninguna pista se sintió un poco desconcertada. De todas formas se sentó, apoyando la bolsa con la película en el asiento de al lado. Me metí en el baño del fondo y dejé la siguiente pista justo cuando le mandé un sms avisándola de que tenía que ir a ese baño. Me escondí en el primer baño hasta que la oí pasar. Me marché de allí antes de que saliera.
Le había dejado encima de la tapa del wáter un pequeño estuche de maquillaje que en realidad contenía una llave. En la parte de atrás de la puerta dejé escrito a lápiz: descubrirás más tarde para qué sirve la llave. De momento sal, paga lo que has pedido y vete al palco blanco que hay frente al instituto. Estás tan solo a tres pistas de verme. P. D. Borra esto.
Me metí en una cafetería que estaba cercana al palco para poder verla llegar sin ser descubierta, los cristales estaban hechos de tal forma que cuando estabas dentro veías el exterior, peo no al revés. Vi su sonrisa desde lejos en cuanto vio el globo que había colgado en el pasamanos de la escalera. En el suelo del palco (lo siento por el vandalismo, pero si es por amor… todo se perdona) escribí con spray rojo: Recuerda esta noche como el principio de SIEMPRE.
La llamé.
- Hi love! – contestó al segundo toque.
- Estás preciosa.
Se giró mirando alrededor, buscándome con la mirada, pero los cristales me protegían.
- No intentes buscarme. O te quedas sin mí todo el día.
- Vaaale – dijo girándose de nuevo hacia el palco – Pero entonces tienes que prometerme que hoy dormimos juntas.
- Hecho.
- ¿De verdad?
- Sí.
- ¿Cómo? ¿Dónde?
- Céntrate. ¿Te gusta el globo?
Se echó a reír.
- Sí, mucho.
- Bueno, pues tienes que estallarlo.
Ahora fui yo la que no pudo evitar soltar una carcajada.
- ¿En serio? Me da penita…
- O él o yo esta noche baby, no puedes tenernos a ambos.
Colgué y un segundo después la vi guardando el móvil y explotando el globo. Me levanté rápidamente de la silla.
En el globo había un papel que le decía que tenía que ir hasta la entrada del bar de en frente. Le dejé justo en las escaleras un paquete dentro de una bolsa de papel. Y di la vuelta a la cafetería por el lado contrario a por el que ella vendría para no verla. En la bolsa escribí: no abras el paquete que hay dentro. Vete a casa de Vero (ya sabes donde es) y timbra; ella te abrirá y te dirá lo que tienes que hacer.
En el paquete dentro de la bolsa había un vestido precioso, azul claro, perfecto para ella. Le dije a Vero que le mandara ponérselo y que le diera la siguiente pista: “Coge mi MP4, lo tienes en el bolsillo pequeño de tu bolso. Sal a la calle y enciéndelo, abriendo la carpeta con tu nombre. Dirígete a la casa de Diego ¿Qué donde es? Justo delante de donde mantuvimos esta conversación:
Yo: Cuando encuentre la clase de amor que busco te lo diré y así sabrás que tipo de persona soy.
Tú: Cuando encuentres esa clase de amor, lo sabré antes de que me lo digas.
P.D. Si recuerdas dónde es podrás encontrarme. Número de portal de la calle 15. Entra y dame un toque cuando lo hayas hecho. Estás a una pista de mí.”
El Mp4 tenía un montón de canciones románticas pero era, principalmente, para que no se aburriera por el camino. Cuando recibí un toque le mandé por el ascensor la última pista. Eran un pack de cervezas Mahou, la misma marca que las del día de nuestro primer beso. Encima puse un sobre y dentro el siguiente párrafo: “Todo empezó en un ascensor, con cervezas en el suelo y tu boca en la mía. Eso fue, exactamente, hace seis meses menos dos días. Diego vive en el piso 2 en la puerta B (si eso no es una señal…). Sube y déjame sentir lo mismo que aquel día.”
Oí como abrió la puerta. Yo la esperaba en la habitación de Diego que me había ayudado a llenarlo todo de velas. Le mandé un sms cuando oí la puerta: Sigue los postits. Pegué uno al lado de la puerta y los demás por las paredes del pasillo hasta la habitación. Ponían, entre todos: Bien- veni –da – al – día – más – especial – de – tu – vida. El último estaba justo en la puerta de la habitación.
- ¿Demasiado cursi? – dije desde la cama.
- ¿Esto? – dijo moviendo los posits en su mano.
- Todo.
- No. Lo cursi está infravalorado.
Le había dejado encima de la tapa del wáter un pequeño estuche de maquillaje que en realidad contenía una llave. En la parte de atrás de la puerta dejé escrito a lápiz: descubrirás más tarde para qué sirve la llave. De momento sal, paga lo que has pedido y vete al palco blanco que hay frente al instituto. Estás tan solo a tres pistas de verme. P. D. Borra esto.
Me metí en una cafetería que estaba cercana al palco para poder verla llegar sin ser descubierta, los cristales estaban hechos de tal forma que cuando estabas dentro veías el exterior, peo no al revés. Vi su sonrisa desde lejos en cuanto vio el globo que había colgado en el pasamanos de la escalera. En el suelo del palco (lo siento por el vandalismo, pero si es por amor… todo se perdona) escribí con spray rojo: Recuerda esta noche como el principio de SIEMPRE.
La llamé.
- Hi love! – contestó al segundo toque.
- Estás preciosa.
Se giró mirando alrededor, buscándome con la mirada, pero los cristales me protegían.
- No intentes buscarme. O te quedas sin mí todo el día.
- Vaaale – dijo girándose de nuevo hacia el palco – Pero entonces tienes que prometerme que hoy dormimos juntas.
- Hecho.
- ¿De verdad?
- Sí.
- ¿Cómo? ¿Dónde?
- Céntrate. ¿Te gusta el globo?
Se echó a reír.
- Sí, mucho.
- Bueno, pues tienes que estallarlo.
Ahora fui yo la que no pudo evitar soltar una carcajada.
- ¿En serio? Me da penita…
- O él o yo esta noche baby, no puedes tenernos a ambos.
Colgué y un segundo después la vi guardando el móvil y explotando el globo. Me levanté rápidamente de la silla.
En el globo había un papel que le decía que tenía que ir hasta la entrada del bar de en frente. Le dejé justo en las escaleras un paquete dentro de una bolsa de papel. Y di la vuelta a la cafetería por el lado contrario a por el que ella vendría para no verla. En la bolsa escribí: no abras el paquete que hay dentro. Vete a casa de Vero (ya sabes donde es) y timbra; ella te abrirá y te dirá lo que tienes que hacer.
En el paquete dentro de la bolsa había un vestido precioso, azul claro, perfecto para ella. Le dije a Vero que le mandara ponérselo y que le diera la siguiente pista: “Coge mi MP4, lo tienes en el bolsillo pequeño de tu bolso. Sal a la calle y enciéndelo, abriendo la carpeta con tu nombre. Dirígete a la casa de Diego ¿Qué donde es? Justo delante de donde mantuvimos esta conversación:
Yo: Cuando encuentre la clase de amor que busco te lo diré y así sabrás que tipo de persona soy.
Tú: Cuando encuentres esa clase de amor, lo sabré antes de que me lo digas.
P.D. Si recuerdas dónde es podrás encontrarme. Número de portal de la calle 15. Entra y dame un toque cuando lo hayas hecho. Estás a una pista de mí.”
El Mp4 tenía un montón de canciones románticas pero era, principalmente, para que no se aburriera por el camino. Cuando recibí un toque le mandé por el ascensor la última pista. Eran un pack de cervezas Mahou, la misma marca que las del día de nuestro primer beso. Encima puse un sobre y dentro el siguiente párrafo: “Todo empezó en un ascensor, con cervezas en el suelo y tu boca en la mía. Eso fue, exactamente, hace seis meses menos dos días. Diego vive en el piso 2 en la puerta B (si eso no es una señal…). Sube y déjame sentir lo mismo que aquel día.”
Oí como abrió la puerta. Yo la esperaba en la habitación de Diego que me había ayudado a llenarlo todo de velas. Le mandé un sms cuando oí la puerta: Sigue los postits. Pegué uno al lado de la puerta y los demás por las paredes del pasillo hasta la habitación. Ponían, entre todos: Bien- veni –da – al – día – más – especial – de – tu – vida. El último estaba justo en la puerta de la habitación.
- ¿Demasiado cursi? – dije desde la cama.
- ¿Esto? – dijo moviendo los posits en su mano.
- Todo.
- No. Lo cursi está infravalorado.
CAPÍTULO 21 (PARTE 3)
La desperté con un sms a las once de la mañana siguiente: Good morning baby. Are you ready? Desde este momento continúa el día más especial de tu vida. Pista: Espero que tengas dinero.
Dije lo del dinero para que mirara en la cartera; allí le había dejado un billete de cinco euros que tenía escrito por detrás: Si esto fuera una película escribiría mi nombre y mi número y lo lanzaría al mundo confiando en que algún día lo encuentres [argumento de “Serendipity”]. Pero el destino ya ha actuado, el destino nos hizo chocar el primer día, literalmente. No nos hicimos ninguna herida, pero si hubiera pasado… ¿qué habríamos usado?
Tiritas. Britney siempre llevaba un paquete de tiritas en el bolso para cuando los zapatos le hacían daño. Dentro metí un tarro individual, muy pequeño, de mantequilla, acompañado de una nota: Vete a desayunar.
Con ayuda de la madre de Britney lo había organizado todo: compré croissants y los llevé sobre las 10, su madre le hizo tortitas, zumo natural y café. Además le compré una rosa. Lo dejamos todo encima de la mesa, preparado para cuando ella apareciese.
Me llamó después muy emocionada dándome las gracias.
- ¿Sabes? – dijo después de llevar un rato hablando – Mi madre dice que eres la novia perfecta.
Me eché a reír.
- Dale las gracias de mi parte.
- Aish, hasta te ganas a mis padres…
- Hombre claro, son importantes para ti, así que para mí también. Además así todo será más cómodo cuando seamos mayores y nuestras familias se junten en Navidad.
- Me late el corazón a mil por hora cuando pienso en el futuro contigo.
- Pues haz el favor de relajarte, no te vaya a dar un ataque al corazón.
- Boh.
- Jeje. Bueno, come con tus padres y con tu hermana y estate un poco con ellos. A las seis tienes que estar en la plaza de la fuente de los niños si quieres verme hoy. La siguiente pista llegará a ti.
Y una vez más, antes de que dijera nada, colgué.
Le había pedido a Vero que a las seis de la tarde le llevara la siguiente pista a Britney. Tras contarle todo el plan aceptó, con algo de pereza por tener que salir solo para eso pero encantada de ayudarme.
La pista que Vero debía entregarle se trataba de un sobre en el que iba mi entrada de cine de “La última casa a la izquierda” y una tarjeta: La guardé de recuerdo por ser nuestra primera cita a solas. Vete al Hiper Froiz a la sección de películas y remueve nuestra primera película juntas.
- Va hacia allí – me dijo Vero por teléfono en cuanto se despidió de Britney. Eso me daba unos cinco minutos para preparar la siguiente pista y esconderme para que no me viera. Por si acaso alguien la cogía me quedé vigilando hasta que llegó.
Detrás de uno de los dos DVDs que había de “La última casa a la izquierda” dejé un folio escrito:
“Leí una vez que El cine es una ruina en la Mesopotamia del siglo I a.d.C.; un avión que se estrella contra el monte K2 en el siglo XXII d.C.; es una amor imposible alrededor de una torre Eiffel destruida por las bombas de aviones ultramodernos, con un tiempo indefinible; es una expedición donde todo el mundo discute acerca de una puta radio que nadie tiene; es la carrera de un monstruo indefinido, hambriento, para alcanzar el alimento; los dos únicos espectadores sentados cada uno en una butaca roja e incómoda, en cada punta del cine en el que, en su pantalla, bailan Travolta y Truman que firman la última declaración de independencia de un país que ya no es suyo.
Pero ¿sabes lo que yo creo? Que no importa la escena: Bruce Willis armado hasta los dientes y encerrado en un edificio en La jungla de Cristal, Tom Hanks hablando con una pelota de volleyball en Náufrago, Julia Roberts tratando de robarle el novio a Cameron Díaz en La boda de mi mejor amigo, Leonardo DiCaprio bebiendo el veneno en Romeo y Julieta, de William Shakespeare, Meg Ryan fingiendo un orgasmo en una cafetería en Cuando Harry encontró a Sally o ella misma cruzándose con Tom Hanks en el aeropuerto sin saber que estaban predestinados a encontrarse, por fin, en el Empire State de Nueva York en Algo para recordar. Con cualquiera de ellas se aprecia lo mágico que es el cine. Tú eres igual o más mágica aún.
Tanto si la película de mi vida es Noviembre dulce, como si es Sexo en Nueva York, como si es Pretty Woman, tú ya eres la coprotagonista.
P.D. Compra la película y vete al bar donde solemos quedar. “
Dije lo del dinero para que mirara en la cartera; allí le había dejado un billete de cinco euros que tenía escrito por detrás: Si esto fuera una película escribiría mi nombre y mi número y lo lanzaría al mundo confiando en que algún día lo encuentres [argumento de “Serendipity”]. Pero el destino ya ha actuado, el destino nos hizo chocar el primer día, literalmente. No nos hicimos ninguna herida, pero si hubiera pasado… ¿qué habríamos usado?
Tiritas. Britney siempre llevaba un paquete de tiritas en el bolso para cuando los zapatos le hacían daño. Dentro metí un tarro individual, muy pequeño, de mantequilla, acompañado de una nota: Vete a desayunar.
Con ayuda de la madre de Britney lo había organizado todo: compré croissants y los llevé sobre las 10, su madre le hizo tortitas, zumo natural y café. Además le compré una rosa. Lo dejamos todo encima de la mesa, preparado para cuando ella apareciese.
Me llamó después muy emocionada dándome las gracias.
- ¿Sabes? – dijo después de llevar un rato hablando – Mi madre dice que eres la novia perfecta.
Me eché a reír.
- Dale las gracias de mi parte.
- Aish, hasta te ganas a mis padres…
- Hombre claro, son importantes para ti, así que para mí también. Además así todo será más cómodo cuando seamos mayores y nuestras familias se junten en Navidad.
- Me late el corazón a mil por hora cuando pienso en el futuro contigo.
- Pues haz el favor de relajarte, no te vaya a dar un ataque al corazón.
- Boh.
- Jeje. Bueno, come con tus padres y con tu hermana y estate un poco con ellos. A las seis tienes que estar en la plaza de la fuente de los niños si quieres verme hoy. La siguiente pista llegará a ti.
Y una vez más, antes de que dijera nada, colgué.
Le había pedido a Vero que a las seis de la tarde le llevara la siguiente pista a Britney. Tras contarle todo el plan aceptó, con algo de pereza por tener que salir solo para eso pero encantada de ayudarme.
La pista que Vero debía entregarle se trataba de un sobre en el que iba mi entrada de cine de “La última casa a la izquierda” y una tarjeta: La guardé de recuerdo por ser nuestra primera cita a solas. Vete al Hiper Froiz a la sección de películas y remueve nuestra primera película juntas.
- Va hacia allí – me dijo Vero por teléfono en cuanto se despidió de Britney. Eso me daba unos cinco minutos para preparar la siguiente pista y esconderme para que no me viera. Por si acaso alguien la cogía me quedé vigilando hasta que llegó.
Detrás de uno de los dos DVDs que había de “La última casa a la izquierda” dejé un folio escrito:
“Leí una vez que El cine es una ruina en la Mesopotamia del siglo I a.d.C.; un avión que se estrella contra el monte K2 en el siglo XXII d.C.; es una amor imposible alrededor de una torre Eiffel destruida por las bombas de aviones ultramodernos, con un tiempo indefinible; es una expedición donde todo el mundo discute acerca de una puta radio que nadie tiene; es la carrera de un monstruo indefinido, hambriento, para alcanzar el alimento; los dos únicos espectadores sentados cada uno en una butaca roja e incómoda, en cada punta del cine en el que, en su pantalla, bailan Travolta y Truman que firman la última declaración de independencia de un país que ya no es suyo.
Pero ¿sabes lo que yo creo? Que no importa la escena: Bruce Willis armado hasta los dientes y encerrado en un edificio en La jungla de Cristal, Tom Hanks hablando con una pelota de volleyball en Náufrago, Julia Roberts tratando de robarle el novio a Cameron Díaz en La boda de mi mejor amigo, Leonardo DiCaprio bebiendo el veneno en Romeo y Julieta, de William Shakespeare, Meg Ryan fingiendo un orgasmo en una cafetería en Cuando Harry encontró a Sally o ella misma cruzándose con Tom Hanks en el aeropuerto sin saber que estaban predestinados a encontrarse, por fin, en el Empire State de Nueva York en Algo para recordar. Con cualquiera de ellas se aprecia lo mágico que es el cine. Tú eres igual o más mágica aún.
Tanto si la película de mi vida es Noviembre dulce, como si es Sexo en Nueva York, como si es Pretty Woman, tú ya eres la coprotagonista.
P.D. Compra la película y vete al bar donde solemos quedar. “
CAPÍTULO 21 (PARTE 2)
Sábado 23 de Febrero, cumpleaños de mi novia. A las 00:00 del viernes la llamé convirtiéndome en la primera persona que la felicitaba (aunque parezca mentira, me hizo ilusión).
- Durante unos meses serás la mayor de la relación – dije bromeando.
- Soy la mayor de la relación todo el año cariño.
- Ya, bueno… pero es que cuando ahora digas que tienes 17 y yo 16 pareceremos más distanciadas en edad, pero cuando tenemos la misma la gente no se da cuenta…
Me dio la razón riendo.
- Amy, gracias por hacer de este año algo tan especial, estás consiguiendo que sea el mejor de mi vida a pesar de… ya sabes.
El cáncer. Lo sabía. ¿Cómo olvidarlo?
- También está siendo el mejor año para mí. Y para ver tu regalo tienes que empezar por conectarte a internet y entrar en mi canal de youtube.
- ¿Qué? ¿Qué hay?
- Lo verás cuando entres… así empieza el día más especial de tu vida.
Colgué el teléfono antes de que ella pudiera decir nada más, para dejarla con la intriga.
Le había hecho un vídeo con fotos nuestras e imágenes grabadas y con nuestra canción de fondo. A modo de descripción del vídeo solo puse: “El mundo está en las manos de aquellos que tienen el coraje de soñar y correr el riesgo de vivir sus sueños” (Paulo Coelho). Lo mejor que pude hacer es correr el riesgo. Gracias por ser un sueño hecho realidad. P.D. Si quieres descubrir la segunda sorpresa abre el cajón derecho de tu armario (lo de que abras el armario no era irónico xD). La única forma que tienes de verme es que sigas todas las pistas. Te llevarán hasta mí…
En el cajón del armario, en el bolsillo de una cazadora de verano (para que tuviera que buscarlo más) metí su regalo. Tenía que ser una prenda que supiera que no iba a usar próximamente para que no lo descubriera antes de tiempo. Lo había guardado dos días antes cuando estuve allí y ella en un momento determinado se fue al baño.
Era un pequeño paquete que me habían dado en una joyería cuando compré una pulsera. Dentro había un anillo prácticamente igual al que me ella me había dado por mi cumple, acompañado de una nota: “Compré uno muy parecido al que me regalaste a propósito. Ya sé que matrimonio y compromiso son palabras mayores. Pero hace tiempo que me comprometí a estar contigo hasta el final. Y al fin y al cabo, el matrimonio no es más que una forma de unión, tanto religiosa como civil. Hay muchas formas de estar unida a alguien; y no me hace falta un cura o un juez que me digan cuánto y en qué forma estamos unidas. Si lo que marca la diferencia entre esto y matrimonio es que necesitas que te jure amor eterno delante de tu familia o con una ceremonia especial, sabes que lo haría… aquí o en Hawái, en un bar o en un castillo… Como Shakespeare dijo una vez: no es amor el amor que muda cuando mudanza encuentra. Ante la adversidad y cuando todo cambia, el verdadero amor permanece.”
Se conectó al Messenger en cuanto acabó de leerlo.
- ¿Te ha gustado? – pregunté nerviosa.
- ¿Qué si me ha gustado? Si te tuviera delante te comía a besos. ¿No puedes bajar un rato?
- No, no, no. Tienes que seguir todas las pistas para poder verme.
- ¿Y cuál es la siguiente?
- Tendrás que esperar.
- Agg ¡Que mala eres!
- Sabes que te encanta…
- Más de lo que crees…
Seguimos hablando hasta las cuatro de la mañana. Vimos a la vez una de sus películas preferidas, “Serendipity”, comentándola por Msn.
- Britney – escribí en un momento determinado, justo después de que la pareja protagonista se despidiera después de su primer encuentro - ¿cómo es posible que una de tus películas favoritas sea “Serendipity” si no crees en el destino?
- Bueno… hace tiempo que empecé a creer en el destino.
- ¿Ah sí? ¿Cuándo?
- El 25 de Agosto.
Sonreí mirando a la pantalla cuando lo escribió.
- Durante unos meses serás la mayor de la relación – dije bromeando.
- Soy la mayor de la relación todo el año cariño.
- Ya, bueno… pero es que cuando ahora digas que tienes 17 y yo 16 pareceremos más distanciadas en edad, pero cuando tenemos la misma la gente no se da cuenta…
Me dio la razón riendo.
- Amy, gracias por hacer de este año algo tan especial, estás consiguiendo que sea el mejor de mi vida a pesar de… ya sabes.
El cáncer. Lo sabía. ¿Cómo olvidarlo?
- También está siendo el mejor año para mí. Y para ver tu regalo tienes que empezar por conectarte a internet y entrar en mi canal de youtube.
- ¿Qué? ¿Qué hay?
- Lo verás cuando entres… así empieza el día más especial de tu vida.
Colgué el teléfono antes de que ella pudiera decir nada más, para dejarla con la intriga.
Le había hecho un vídeo con fotos nuestras e imágenes grabadas y con nuestra canción de fondo. A modo de descripción del vídeo solo puse: “El mundo está en las manos de aquellos que tienen el coraje de soñar y correr el riesgo de vivir sus sueños” (Paulo Coelho). Lo mejor que pude hacer es correr el riesgo. Gracias por ser un sueño hecho realidad. P.D. Si quieres descubrir la segunda sorpresa abre el cajón derecho de tu armario (lo de que abras el armario no era irónico xD). La única forma que tienes de verme es que sigas todas las pistas. Te llevarán hasta mí…
En el cajón del armario, en el bolsillo de una cazadora de verano (para que tuviera que buscarlo más) metí su regalo. Tenía que ser una prenda que supiera que no iba a usar próximamente para que no lo descubriera antes de tiempo. Lo había guardado dos días antes cuando estuve allí y ella en un momento determinado se fue al baño.
Era un pequeño paquete que me habían dado en una joyería cuando compré una pulsera. Dentro había un anillo prácticamente igual al que me ella me había dado por mi cumple, acompañado de una nota: “Compré uno muy parecido al que me regalaste a propósito. Ya sé que matrimonio y compromiso son palabras mayores. Pero hace tiempo que me comprometí a estar contigo hasta el final. Y al fin y al cabo, el matrimonio no es más que una forma de unión, tanto religiosa como civil. Hay muchas formas de estar unida a alguien; y no me hace falta un cura o un juez que me digan cuánto y en qué forma estamos unidas. Si lo que marca la diferencia entre esto y matrimonio es que necesitas que te jure amor eterno delante de tu familia o con una ceremonia especial, sabes que lo haría… aquí o en Hawái, en un bar o en un castillo… Como Shakespeare dijo una vez: no es amor el amor que muda cuando mudanza encuentra. Ante la adversidad y cuando todo cambia, el verdadero amor permanece.”
Se conectó al Messenger en cuanto acabó de leerlo.
- ¿Te ha gustado? – pregunté nerviosa.
- ¿Qué si me ha gustado? Si te tuviera delante te comía a besos. ¿No puedes bajar un rato?
- No, no, no. Tienes que seguir todas las pistas para poder verme.
- ¿Y cuál es la siguiente?
- Tendrás que esperar.
- Agg ¡Que mala eres!
- Sabes que te encanta…
- Más de lo que crees…
Seguimos hablando hasta las cuatro de la mañana. Vimos a la vez una de sus películas preferidas, “Serendipity”, comentándola por Msn.
- Britney – escribí en un momento determinado, justo después de que la pareja protagonista se despidiera después de su primer encuentro - ¿cómo es posible que una de tus películas favoritas sea “Serendipity” si no crees en el destino?
- Bueno… hace tiempo que empecé a creer en el destino.
- ¿Ah sí? ¿Cuándo?
- El 25 de Agosto.
Sonreí mirando a la pantalla cuando lo escribió.
CAPÍTULO 21 (PARTE 1)
Sabía que quería a una persona cuando apreciaba compartir hasta sus silencios. Aquella no era una relación más. La quería y ese hecho irrefutable marcaba todo lo demás: los buenos momentos y los malos. Lo sentía todo a flor de piel: los buenos momentos me llenaban de una forma en que no me había pasado nunca y, al mismo tiempo, las peleas con ella eran más intensas, dolían más.
Había asistido como testigo preferente a la “Revolución Britney”; no, no esa en la que Britney Spears cambió el rumbo de la música de su época, quitándole el puesto descaradamente a Madona como reina del pop, si no esa en la que Britney Spencer había cambiado el rumbo de mi vida, apoderándose del puesto del vacío como dueña de mi alma.
De pronto, su risa rompió el silencio.
- ¿Qué pasa? – dije levantando la vista hacia ella.
- Me encanta cuando pones esa cara de concentración. ¿En qué estabas pensando?
- En Mozart – dije señalando el libro de música que tenía delante y que en esos momentos debería estar estudiando para mi examen del día siguiente.
- Pues debe ser interesante…
- No eres nada sutil con la ironía.
- Ni tú nada sutil cuando piensas en mí y me lo niegas.
Sonreí intentando volver a concentrarme en el libro que tenía delante. Estábamos en mi cama sin aprovechar demasiado esa tarde de domingo porque yo tenía que estudiar. Había pasado una semana desde la reconciliación y todo había vuelto a la normalidad, es más, puede que ahora notara a Brit más cercana a mí. Con Vero también lo había solucionado. Tuvieron una conversación en la que yo no estuve presente y en la que nunca llegué a saber qué se dijeron, pero desde entonces estaban igual de bien que antes de las broncas.
Me rozó la pierna con su pie descalzo intentando llamar mi atención y que le hiciera más caso.
- ¿Sabes lo que hace mucho tiempo que me apetece hacer? ¡Dibujarte!
- ¿Qué? ¡No, que corte…!
- Veeenga. Te prometo que no se lo enseñaré a nadie y además así mientras tú estudias me entretengo.
La miré con reticencia. Se echó sobre mí, insinuante.
- O me dejas o…
Empezó a besarme por el cuello.
- Vaaale – la paré antes de que me dejara llevar por mi cuerpo, quedándome sin estudiar nada.
Con una sonrisa de satisfacción se levantó a coger un block de dibujo y se echó en el lado opuesto de la cama.
Intenté volver a concentrarme en los estudios, pero diez minutos más tarde un nuevo pensamiento captó por completo mi atención: faltaba menos de una semana para el cumpleaños de Britney ¿Le gustaría lo que le había preparado?
Había asistido como testigo preferente a la “Revolución Britney”; no, no esa en la que Britney Spears cambió el rumbo de la música de su época, quitándole el puesto descaradamente a Madona como reina del pop, si no esa en la que Britney Spencer había cambiado el rumbo de mi vida, apoderándose del puesto del vacío como dueña de mi alma.
De pronto, su risa rompió el silencio.
- ¿Qué pasa? – dije levantando la vista hacia ella.
- Me encanta cuando pones esa cara de concentración. ¿En qué estabas pensando?
- En Mozart – dije señalando el libro de música que tenía delante y que en esos momentos debería estar estudiando para mi examen del día siguiente.
- Pues debe ser interesante…
- No eres nada sutil con la ironía.
- Ni tú nada sutil cuando piensas en mí y me lo niegas.
Sonreí intentando volver a concentrarme en el libro que tenía delante. Estábamos en mi cama sin aprovechar demasiado esa tarde de domingo porque yo tenía que estudiar. Había pasado una semana desde la reconciliación y todo había vuelto a la normalidad, es más, puede que ahora notara a Brit más cercana a mí. Con Vero también lo había solucionado. Tuvieron una conversación en la que yo no estuve presente y en la que nunca llegué a saber qué se dijeron, pero desde entonces estaban igual de bien que antes de las broncas.
Me rozó la pierna con su pie descalzo intentando llamar mi atención y que le hiciera más caso.
- ¿Sabes lo que hace mucho tiempo que me apetece hacer? ¡Dibujarte!
- ¿Qué? ¡No, que corte…!
- Veeenga. Te prometo que no se lo enseñaré a nadie y además así mientras tú estudias me entretengo.
La miré con reticencia. Se echó sobre mí, insinuante.
- O me dejas o…
Empezó a besarme por el cuello.
- Vaaale – la paré antes de que me dejara llevar por mi cuerpo, quedándome sin estudiar nada.
Con una sonrisa de satisfacción se levantó a coger un block de dibujo y se echó en el lado opuesto de la cama.
Intenté volver a concentrarme en los estudios, pero diez minutos más tarde un nuevo pensamiento captó por completo mi atención: faltaba menos de una semana para el cumpleaños de Britney ¿Le gustaría lo que le había preparado?
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