viernes, 14 de mayo de 2010

CAPÍTULO 20 (PARTE 2)

Al acabar la primera hora salí al pasillo y me fui al baño, para airearme un poco y alejarme del ambiente raro que para mí había ese día en clase y que los demás parecían no notar. La oí llegar. Vi, a través del espejo, como se acercaba. Me giré.
- Por favor, siéntate conmigo y hablamos.
Me quedé mirándola sin decir nada, así que insistió:
- ¿Lo harás?
- A lo mejor…
Entendió perfectamente porque usé justo esa expresión.
“¡A lo mejor…!” ¿Cómo había podido decir eso? ¿Tenía idea del daño que me había hecho?
- Por favor…
Intentó acercarse más a mí y me rozó la mano, sin llegar a poder acariciarla, porque me aparté justo antes.
- Vale.
Esa fue mi única respuesta. Me iba a sentar con ella pero no le había dejado acercase a mí, así que no sabía si sonreír o no.
Salí de allí intentando esquivarla. Sabía que si me quedaba más tiempo a solas con ella, que si volvía a acariciarme, la acabaría perdonando y no quería hacerlo así como así, aunque me doliese no hablar con ella.
Pasamos los diez primeros minutos sin hablar, sin movernos, sin prestar demasiada atención tampoco (yo al menos); esperando a que alguien diera el primer paso o tal vez pensando cómo darlo. Vi como cogía una libreta y empezaba a escribir. La deslizó por la mesa para que la viera:
“No soporto estar así.”
Contesté en la misma hoja.
“Para mí tampoco es fácil.”
“Amy, sabes que no lo dije en serio, que yo no pienso eso”
“No, no lo sé. Y además si lo dijiste es por algo…”
“¡No significa nada! ¿Nunca has dicho algo en un momento de cabreo que no pensaras de verdad? Lo dije porque estaba enfadada y super celosa, más celosa de lo que he estado nunca en mi vida. Imaginarte con ella…”
“Pero no tienes por qué estar celosa, si estoy contigo es porque te quiero, pareces no entender que me has cambiado la vida, que lo eres todo para mí. You mean the world to me.”
Sonrió al leerlo. Posó suavemente su mano sobre la mía. Pero la aparté, instintivamente. Vi por el rabillo del ojo como su expresión cambiaba, poniéndose de pronto triste.
- Fue un acto reflejo – dije – Lo siento.
- ¿Ahora te doy miedo o qué?
La profesora pasó justo a nuestro lado así que dejamos de hablar y cogí de nuevo un boli para escribir.
“No es eso. Pero me hiciste daño Brit”
“¿Y no vas a perdonarme? Porque que sepas que pienso pedirte perdón todas las veces que haga falta.”
“No se trata de que me pidas perdón mil veces porque, de hecho, prácticamente ya te he perdonado, se trata de que no vuelva a pasar…porque así no podemos estar. Si cada vez que esté con Vero o que hable con ella o que la abrace vas a pensar que te engaño con ella… para mí eso significa que no confías en mí. Y si no confías en mí no podemos estar juntas.”
La observé mientras lo leía; cuando llegó al final levantó la vista y me miró a los ojos.
- ¿Significa que quieres dejarlo?
- No quiero dejarlo, ya lo sabes. Pero tampoco quiero estropear más las cosas, no quiero que las escenas de celos o las frases dichas para hacer daño se conviertan en algo habitual.
- Te prometo que no voy a volver a hacerlo.
- Ok.
- ¿Pero me crees?
- No es que no te crea, es solo que necesito tiempo…
- ¿Tiempo para qué?
- Para ver si de verdad vas a cumplir lo que dices, tiempo para olvidarlo y para pensar…
- Y ¿Cuánto? ¿Un día, un mes, una semana?
- No lo sé… el que necesite para estar bien.
Sonó el timbre antes de que ella pudiera decir nada más. Cogí mis cosas, tenía clase en otra aula: yo había escogido música como optativa y ella francés, por eso no estábamos juntas.
No sabía muy bien que decir antes de irme.
- Si quieres me siento con Diego en las horas después del recreo – dijo – Como quieres espacio y tiempo…
- Vale. Gracias por entenderlo.
- De nada.
Lo dijo un poco triste y ni si quiera me dio un beso o un abrazo, salió al pasillo. Yo también terminé de recoger mis cosas y me fui.
¡Le había pedido tiempo, es lógico que actuara así, simplemente me estaba dejando mi espacio! Ni si quiera yo me entendía ahora mismo, primero le digo que me dé tiempo y luego me extraño de que no se acerque a besarme o abrazarme… ¡Mujeres! Sí, lo siento para aquellas que lean esto y se sientan ofendidas, pero es verdad, somos desconcertantes, impulsivas, apasionadas, un día estamos arriba y otro abajo, lo vivimos todo al mil por cien y sobre todo… somos sinceras, hablamos de nuestros sentimientos y no porque no nos dé miedo (que es la excusa que parecen poner los hombres para no hacerlo) si no porque nosotras enfrentamos el miedo y lo superamos. Sí, vale, a veces volvemos loca a la gente o nos volvemos locas nosotras mismas por nuestra indecisión o confusión, pero somos puras, sufrimos, lloramos y reímos, pero no lo escondemos. Y eso es lo más bonito del mundo, no solo vivimos la vida, la sentimos.

CAPÍTULO 20 (PARTE 1)

Vero volvió a la habitación, con el pelo mojado cayéndole sobre los hombros y una toalla alrededor del cuerpo.
- ¿Qué ha pasado? – dijo – Os he oído discutir desde el baño.
Me aparté las lágrimas con la mano, pero ya era demasiado tarde, ya me había visto. Se sentó a mi lado en la cama, pasándome un brazo por detrás para intentar consolarme. La abracé, sin pensar demasiado en que aún estaba algo mojada y en que solo llevaba una toalla encima. Me agarró con fuerza, tal vez sorprendida al principio pero queriendo reconfortarme. Me acarició la espalda, besándome dulcemente el hombro, el cuello, la cara. Me separé un poco cuando me sentí mejor, mientras ella me echaba el pelo hacia atrás e intentaba secarme las lágrimas que aún rodaban por mis mejillas.
Si normalmente Vero ya resultaba atractiva cuando la veías un día normal por la calle, allí, con el pelo aún mojado oliendo fenomenal por el champú, casi desnuda, tan cerca de mí, aún era más atractiva. Tuve una mezcla de sensaciones: por un lado quise besarla porque quería olvidarme de todo lo que había pasado y la única persona a la que creía capaz de hacerme olvidarlo era a Vero; por otro lado físicamente sentí esa atracción, no fue algo que pensara o que quisiera tener, simplemente lo sentí; también lo pensé como una venganza, como para darle algo a Britney por lo que desconfiar de mí de verdad; y por último, durante un instante, imaginé que era Britney a la que tenía delante, que no habíamos discutido, que nunca me había hecho daño.
Llevada por todas esas sensaciones fui acercando mis labios, poco a poco, a su boca, hasta quedarme a tan solo unos centímetros. Levanté la vista y la miré a los ojos y fue ella la que en ese momento se echó hacia atrás, separándose un poco de mí.
Si ella no se hubiera frenado estoy cien por cien segura de que, pensando o no en Britney, la habría besado.
- No me hagas esto… - dijo Vero en un tono casi de súplica.
- ¿El qué?
- Esto… - Ahora sonaba un poco cabreada. Se apartó definitivamente levantándose de la cama.
- ¡Mierda! Perdona.
- Ya sé que estás mal Amy y que soy yo la que tiene que controlar un poco, la que tiene que pensar las cosas en frío en este momento, pero es que has estado a punto… y una no es de piedra…
Hubo un silencio prolongado, solo interrumpido por los ruidos rutinarios que había a diario en mi casa cuando los demás ya estaban despiertos.
- No es justo, Amy. No es justo que intentes besarme cuando estás pensando en ella en realidad. Esto no es un juego.
- Ya lo sé. Lo siento. Pero no te enfades por favor, era lo que me faltaba…
Esbozó una poco disimulada sonrisa.
- Ok, pero no vuelvas a hacerlo.
- Te lo juro.

Me fui a la ducha. Dejé la ropa en el suelo. Abrí el grifo, esperando a que saliera agua caliente y en cuanto lo hizo me metí, cerrando los ojos debajo del chorro.
¿Qué estaba haciendo con mi vida? Dos semanas antes era la mujer más feliz del mundo y ahora las cosas no parecían dejar de empeorar: el cáncer de Britney, las dos peleas… ¿y ahora iba a joderlo todo con Vero?
Intenté dejar de pensar. Intenté concentrarme en el ruido del agua, en las gotas resbalando por mi piel. Intenté imaginar que la vida era así de sencilla: que habrías un grifo cuando tú lo deseabas y dejabas que todo fluyera, que todo desapareciera por el sumidero, que se perdiera. Quería que el dolor y el miedo fueran el agua, que se perdieran, que no volvieran. Pero… para bien y para mal, la vida no era así.

Fui a clase con Vero; las cosas parecían estar igual que siempre entre nosotras. Supongo que trató de aparentar que no había pasado nada y se lo agradecí. Era por cosas como esa por las que la quería tanto; sabía hacer que me sintiera bien, sabía hacerme feliz y pasaba de todo lo demás con tal de conseguirlo.
Justo antes de entrar en clase le dije:
- ¿Te sientas conmigo, por favor?
- ¿Y Britney?
La miré como diciéndole: “no quiero sentarme con ella”
- Vale.
Britney llegó apenas dos minutos antes de que sonara el timbre que indicaba el comienzo de las clases. Miró hacia mí, que estaba sentada con Vero justo detrás de donde solía sentarme con ella, pero no me dijo nada. Simplemente se sentó delante.
Me pasé toda la hora sin hablar con Vero, sin pillar ni una sola palabra de lo que decía el profesor; lo único que hacía era mirar la espalda de Britney, su pelo, sus brazos… Me hacía daño estar así con ella. Era difícil de llevar.

viernes, 7 de mayo de 2010

CAPÍTULO 19 (PARTE 2)

- Britney… - soné cansada, tal vez triste – Tienes que parar, tienes que dejar de hacer esto, de hacerme daño, de hacerte daño – Al ver que no decía nada continué – yo… te quiero… Y trato de demostrártelo todos los días. A lo mejor cometo errores, pero trato de hacerte ver que me tendrás siempre que me necesites. Quizás no es… suficiente para hacerte feliz…
Seguía sin hablar y finalmente me atreví a decir lo que más miedo me daba.
- A lo mejor no soy suficiente para ti…
- A lo mejor…
Nada que hubiera dicho me habría podido doler más, nada en el mundo. ¿Lo había dicho en serio?
¡Pues claro que lo había dicho en serio! En el fondo nunca entendí como una chica como Britney podía haberse enamorado de alguien como yo.
A los dos segundos yo ya tenía los ojos llenos de lágrimas. Me quedé inmóvil y aparté la mirada, no quería verla.
Creo que se dio cuenta de que me había hecho daño. Se levantó para ponerse agachada, delante de mí. Me agarró las piernas para intentar que la mirara. Pero yo no quería. Era tarde. Esa última frase había sobrado.
- Amy…
- Vete – lo dije con tristeza ni si quiera enfadada, solo dolida.
- Yo…
- Vete, por favor. No quiero hablar contigo ahora.
Se levantó. Oí sus pasos alejándose por el pasillo. Y antes de que la puerta de mi casa se cerrara las lágrimas ya empezaban a rodar por mis mejillas, silenciosas, sin fin.

CAPÍTULO 19 (PARTE 1)

"I was her. She was me. We were one. We were free. If there’s somebody calling me up, she’s the one
Mi móvil me despertó. Reconocí la melodía, era la que sonaba cuando Britney me llamaba. Intenté no moverme demasiado ya que Vero seguía dormida y estaba abrazada a mí, apoyando su cabeza en mi hombro y pasando un brazo por encima de mi cintura. Estiré el brazo que me quedaba libre para alcanzar el móvil.
- ¿Sí?
- Amy soy yo.
- Ya lo sé cariño. ¿Pasa algo?
- ¿Puedes abrirme? Estoy en la puerta.
- ¿De mi casa?
- Sí.
- Voy.
Colgué. Cogí suavemente el brazo de Vero intentando apartarlo despacio. Bajé de la cama por la parte de abajo para no tener que pasar por encima de ella. Corrí por el pasillo y abrí la puerta, dejando entrar en casa una corriente de aire frío. Me dio un escalofrío porque aunque llevaba un pantalón largo de pijama de invierno, la camiseta era de tirantes.
- ¿Qué haces aquí? – dije abrazándola. Pero no le di tiempo a contestar porque la besé antes, agarrándola por la cazadora blanca que llevaba abierta y metiéndola en casa.
Fue al separarme cuando vi la venda que trataba de tapar con el flequillo. Tocándole el borde de ésta pregunté:
- ¿Qué ha pasado?
- No es nada, tranquila…Me pasé la noche mareada, yendo al baño. Y una de las veces me desmayé, perdí el conocimiento y me caí, me di con la puerta… de ahí esto – dijo señalándose la frente de forma irónica – Me han tenido que dar dos puntos, aunque dicen que no me va a quedar marca, y tuve que pasar allí la noche, en observación por el golpe.
- Mierda. ¿Y por qué no me avísate antes? – dije abrazándola de nuevo.
- ¿Para qué? Eran las tantas de la madrugada y además ya estaban mis padres, no era como si estuviera sola…
- Vamos al salón, que Vero aún está dormida.
Se quitó la cazadora y nos sentamos en el sofá abrazadas.
- ¿Vienes a clase?
- Sí, paso de quedarme en casa otro día y además estoy mejor. Mis padres se tuvieron que ir ya al trabajo por eso vine, no querían que me quedara sola.
- Normal.
Puso los ojos en blanco.
- Nos preocupamos por ti… eso no es tan malo.
- Ya lo sé – dijo sonriendo.
- Cambiando de tema; vas a tener que esperar a que nos vistamos y eso que aún es pronto.
- Yap. No pasa nada, estoy contigo.
La besé. A veces era tan dulce…
Al poco tiempo vino Vero, que al parecer sí se había despertado.
- Buenos días – dijo bostezando y estirándose.
- ¿Desayunamos algo antes de que se levanten los demás?
Vero asintió, no era de muchas palabras cuando se acaba de levantar.
- Yo también tengo hambre que no tomé nada aún – añadió mi novia.
Preparé café para las tres y para mi madre y mis hermanos (cuando se despertasen) mientras Britney untaba un par de tostadas con mantequilla y Vero llevaba galletas.
- ¿Dormiste bien?
Vero esperó un segundo más antes de beber y dijo con una media sonrisa:
- Mucho.
- Y yo.
Seguimos desayunando las tres en silencio. El ambiente estaba algo raro, tengo que reconocerlo, pero tal vez era solo por el sueño.
- ¿De qué te ríes? – dijo Vero después de un rato. Y era cierto, tenía una sonrisa en la cara que no había podido evitar.
- De nada.
- Venga ¿De qué?
- De que…cuando me despertó Britney estabas muy mona durmiendo.
Sonrió sin saber que decir.
Britney se levantó a coger agua de la nevera.
A los diez minutos habíamos acabado de desayunar. Me levanté para recoger. Estaba apoyada en la encimera cuando Brit me abrazó por detrás, besándome el cuello. Era como una alarma para mí, un solo beso de ella, un solo roce y todo mi cuerpo se encendía, no podía evitarlo, no era algo que pudiera o quisiera controlar.
Vero se levantó arrastrando la silla.
- ¿Puedo darme una ducha?
- Claro, ven que te doy una toalla.
- ¿Esperamos en la cama hasta que salga? – dije girándome hacia Britney.
- Vale, te espero allí.
Me fui con Vero y me paré en el pasillo para coger una toalla en la cómoda. Se metió en el baño y yo me fui hacia la habitación. Al llegar Britney estaba sentada en la cama que no habíamos usado, con las piernas cruzadas.
Me tiré en la que estaba deshecha con los brazos estirados para que se tumbara a mi lado, pero en cuanto me fijé en su cara me di cuenta de que algo no iba bien.
- ¿Qué te pasa?
Me miró en silencio y pude apreciar en sus ojos una mezcla de rabia, tristeza y… quizás algo más… ¿reproche?
Por fin se decidió a responder:
- ¿Has dormido con ella? - ¡Era eso!
- Sí – lo dije como dando a entender que no veía donde estaba el problema.
- ¿En la misma cama? – su tono de voz empezaba a subir.
- Sí.
- ¡¿Has dormido con ella en la misma cama?!
Suspiré. No esperaba todo aquello.
- Es mi amiga… ya hemos hablado de esto…
- Y creía que habías entendido que me hace daño.
- ¿El qué?
- ¡Esto! Que hagas estas cosas con ella, que tontees con ella.
- ¡Yo no tonteo con ella!
- Ya… - dijo irónicamente.
Nos quedamos en silencio; un silencio incómodo, dañino, de alguna forma atronador.
- ¡Joder! – lo dijo como dándose cuenta de algo – Por eso antes le has dicho que cuando te desperté con el móvil estaba muy mona ¿verdad? Porque estaba abrazadita a ti…
No dije nada. ¿Había realmente algo que decir? Sí, estaba abrazada a mí. Y sí, estaba guapa. ¿Y qué? Yo en algún momento de aquella conversación, entre sus celos y reproches, me había perdido.

martes, 27 de abril de 2010

CAPÍTULO 18 (PARTE 3)

- ¿Sabes? – dijo después de un rato – Pablo se está portando muy bien conmigo.
La miré sorprendida.
- ¿A qué viene eso?
- No sé, quería contártelo.
- Eso ya, digo que por qué se está portando bien.
- Me mandó varios mensajes para preguntarme por mi abuela y me consoló un poco el otro día cuando… Brit se puso así.
- ¿Te consoló en qué sentido?
- Mal pensada… solo hablo conmigo y me tranquilizó porque estaba bastante cabreada y como tú te habías ido con ella…
- Siento haberte dejado así.
- Da igual. Al fin y al cabo la bronca era vuestra.
- Ya, pero acabaste metida tú cuando en realidad no tenías nada que ver.
- Bueno, da igual. El caso es que estuvo majo.
Me incorporé un poco para verla mejor.
- ¿Vas a volver con él?
- No lo sé, en parte no quiero pero por otro lado…
- ¿Qué?
- Pues que me gusta tener a alguien que me de cariño, ya lo sabes.
- ¡Aish Vero! No puedes estar con alguien solo por eso, sobre todo si esa persona está enamorada de ti… por eso lo dejaste ¿recuerdas?
- Ya… pero ahora es distinto.
- ¿En qué exactamente?
- No sé, últimamente necesito más que nunca tener a alguien, tener ese cariño.
- Pero eso podemos dártelo cualquiera de nosotros… Diego o yo o incluso Britney.
- Pero no es igual.
- A no ser que estuvieras enamorada y que quieras volver por eso, yo la única diferencia que veo es que con él había sexo ¿tanta importancia le das a eso?
- ¡No es por el sexo! Buf da igual, ya no sé si quiero tener esta conversación.
- ¡Ey no! Si la empezaste será por algo así que explícate.
Estuvo un rato callada.
- Me refiero a alguien a quien pueda llamar a cualquier hora, que me abrace en cualquier parte sin importarle la gente, que me sorprenda con regalos o pequeños detalles, alguien con quien dormir abrazada…
- ¿Ya está?
- ¿Cómo que ya está?
- Es que si eso es todo no veo por qué no te basta con tus amigos o al menos conmigo. Vamos por partes: creí que ya sabías que podías llamarme a cualquier hora ¿no es así?
- Sí, solo era un ejemplo…
- Pues entonces el primer requisito lo cumplo. Bien, el segundo… no veo por qué no puedes abrazarme estemos donde estemos, de hecho lo haces. Y además ya sabes que yo hace tiempo que paso de lo que piense la gente.
- Ya – dijo pensativa.
- Pues entonces también cubro ese; en cuanto a lo de dormir con alguien es más chungo porque no vivimos juntas, pero de todas formas tampoco dormías muchas veces con Pablo, en la excursión y poco más…
- Pero algo es algo.
- Bueno pues puedes dormir conmigo mientras te quedes aquí, sigue siendo un “algo es algo”.
- ¿En serio?
- Claro, ni que fuera la primera vez…
- Ya, pero ahora tienes novia…
- Y tú antes tenías novio y dormías conmigo y antes, cuando yo estaba con Diego, también.
- ¿Y a ella no le importará?
- No creo, ¿por qué iba a importarle? Pero puedo preguntarle si te quedas más tranquila.
- Ok.
- A no ser que no quieras dormir conmigo, que también es entendible.
- Claro que quiero.
- Pues entonces ya cumplo tres requisitos. Y en cuanto al de los regalos sorpresa… - me levanté para coger mi bolso y escondí los caramelos detrás de mi espalda. Volví a tumbarme en la cama al mismo tiempo que se los enseñaba.
- ¡Amy! – dijo con cara de sorpresa y emoción. Se levantó corriendo y se tiró encima de mí, abrazándome.
- ¡Que te los cargas!
- ¡Ay perdón! - se tumbó a mi lado sin dejar de repetir que le hacía mucha ilusión y sin parar de darme las gracias.
- No hay de qué. Y eso, que cumplo con toooodos los requisitos.
- Ya lo creo…
Nos quedamos descansando un rato, una al lado de la otra, mientras abríamos la bolsa de caramelos y cogíamos uno. La miré de reojo y me fijé en que estaba sonriendo de una forma peculiar así que le pregunté qué le pasaba.
- Es que no sé cómo hacemos – dijo – pero desde hace algún tiempo siempre que hay dos camas en una habitación acabamos en una.
- Que mal sonó eso…
- ¡Pero es verdad!
- Ya…
No dije nada más ¿Qué podía decir? Era cierto, siempre que había dos camas terminábamos las dos en una, daba igual que fuera para hablar, para escuchar música, para hacer deberes, para ver la tele, para reír, para llorar o para dormir. Siempre pasaba, siempre acabábamos juntas. ¿Por qué? Era extraño. Pero no quise darle muchas vueltas así que una vez más, lo dejé pasar.
Fui a beber agua y al volver no pensé en tumbarme en la otra cama, me parecía una chorrada porque además acababa de decirle que podía dormir conmigo. Me tumbé con ella.
- ¿Entonces qué – dije después de un rato - duermes conmigo?
Asintió añadiendo:
- Si te parece bien…
- Claro que me parece bien. Eso sí, ya te aviso de que yo no tengo los fuertes brazos de Pablo para abrazarte – hice un gesto sacando músculo para que viera que no tengo – ni la tableta de chocolate, ni las piernas peludas para rozar las tuyas.
Se echó a reír y luego dijo:
- Da igual, yo te prefiero así. Es más, prefiero tu cuerpo – al ver mi “pocker face” añadió - ¡Oh, venga, ya sabes que tienes un buen cuerpo y que eres sexy! De todas formas no me refería a eso, me refería a que prefiero dormir abrazada al cuerpo suave, acogedor y dulce de una mujer que al peludo y fuerte de un tío.
- Yo también. ¿Sabes lo que necesitas de verdad? Tener, por fin, una novia. Y no esa idea de volver con Pablo, con el que ya tenías claro que no querías nada…
- Puede que tengas razón.
- Pues ya sabes, a la primera chica guapa y lesbiana que veas te lanzas.
Miró para mí y arqueó las cejas como diciendo: eres guapa y lesbiana. Así que añadí:
- Vale, a la segunda chica.

CAPÍTULO 18 (PARTE 2)

Seguimos caminando y hablando de chorradas (nos encantaba hablar de cualquier cosa) hasta que llegamos a mi casa. Subimos a dejar su maleta y volvimos a bajar para visitar a Britney.
- Espera – me dijo deteniéndome justo antes de que pulsara el timbre de la casa de mi novia.
- ¿Qué pasa?
- ¿Crees que es buena idea que yo entre?
- ¿Qué? – no entendía a que venía aquello.
- A ver… la última vez que vi a Britney estaba gritando e insinuando que estabas liada conmigo.
- Eso fue una chorrada…
- ¿De verdad lo fue?
- Estaba nerviosa por lo empezar la quimio y encontró ese sms y se montó una película en la cabeza.
Me miró con cara de duda.
- ¿Seguro que quieres que entre?
- Ven aquí – la agarré por la muñeca atrayéndola hacia mí – Tú y yo somos amigas desde hace años, eres mi mejor amiga y no sé qué haría sin ti y ella es mi novia así que… por favor, intentar llevaros bien. No le tengas en cuenta lo del otro día ¿ok?
Asintió y llamé al timbre. Me alegró que no fuera Britney la que abrió ya que eso le daba unos segundos más a Vero para tranquilizarse. La madre de Britney me dio un cariñoso abrazo en cuanto abrió la puerta; y nos indicó donde estaba su hija.
Al llegar al salón vi a mi novia al fondo, tumbada en el sofá, tapada con una manta y con signos evidentes de no encontrarse bien físicamente aunque con bastante mejor aspecto que la última vez que la había visto.
Nos sonrió y se levantó para abrazarnos, tambaleándose un poco al hacerlo. Cuando abrazó a Vero le dijo:
- Perdona lo del otro día, sé lo importante que eres para Amy… y no quiero estropear las cosas.
- No pasa nada, todos podemos tener un mal día.
- ¿Estás mejor? – le pregunté tumbándome a su lado en el sofá.
- Sí, probablemente mañana ya iré a clase.
- ¿Va a ser así todas las veces? – lo dije con un tono más serio del que quería poner, pero fue inevitable, no sé mentir.
- ¿Estás preocupada? – dijo casi burlándose de mí.
- Pues claro que estoy preocupada…
- ¡Oh, qué moooona!
Empezó a hacerme cosquillas para tomarme el pelo y yo trataba de hacer que parase, sin demasiado éxito.
- Ya veo que no estás tan mal…
Después charlamos las tres durante un rato y Britney le preguntó a Vero por su abuela así que ella le explicó la situación. Al cabo de un tiempo Brit propuso ver una peli y cuando pusimos los canales de cine estaba justo empezando “Match Point”; a pesar de que odio a Woody Allen no me quejé cuando decidieron ver esa porque sabía que a ellas les encantaban sus películas (no entiendo por qué) y porque además la protagonista era Scarlett Johansson (que además de ser una de mis actrices favoritas, me alegraría la vista).
Al acabar la película nos despedimos de Britney para dejarla descansar y volvimos a mi casa. Aún eran las 22:30. Al llegar me fui hacia la cocina porque tenía sed y Vero me siguió.
- ¿Quieres ver algo en la tele? – pregunté aunque lo cierto es que tampoco me apetecía demasiado.
- Prefiero ir a la habita.
Sonreí porque esperaba esa respuesta. Al llegar preparamos su cama mientras charlábamos.
- En momentos como éste es cuando echo de menos que mis padres estén juntos.
- ¿Por?
- Al menos tendría un sitio al que ir ¿no?
- Siempre tendrás un sitio al que ir Vero, éste. Y además con tus padres no puedes cotillear como conmigo hasta las tantas ni hablar de sexo.
- Hum… supongo que es un punto a tu favor.
Me tumbé en mi cama y ella en la de al lado.
- ¿Cómo viste a Britney? – pregunté al cabo de un rato.
- No te preocupes… si no la vas a poner más nerviosa a ella. La quimio es así, los mareos y eso son normales ¿ok?
- Vaaale. Siento hacerme pesada pero es que si le pasa algo…
- Estás muy pillada por ella ¿no?
Más que como una pregunta lo dijo como dándose cuenta de ello, como reflexionando al respecto.
- Sí…
Era tan obvio que Britney me volvía loca, que prácticamente lo era todo para mí que era una chorrada intentar negarlo cuando quien te lo preguntaba era tu mejor amiga.
Después hubo un largo silencio que no sé por qué pero me pareció extraño, como si hubiera algo en el ambiente que prefiriésemos ignorar. Al final me decidí a preguntar lo que llevaba unos días en mi cabeza.
- ¿Qué me tenías que contar?
- ¿Te refieres a lo que te dije por teléfono? Da igual, ya no tiene importancia…
- ¡Venga, llevo días pensando en ello!
- Pero ahora ya no tiene sentido hablarlo.
- El otro día dijiste que querías.
- Pero eso era otro día… ya hemos hablado de lo que pasó con Britney y hemos arreglado las cosas, ya está.
- ¿Era sobre eso?
- Sí. Pero créeme, ya no importa.
La miré intentando encontrar algún indicio sobre lo que pensaba.
- ¿Qué? Te prometo que era sobre eso, sobre cómo se puso Britney el otro día y sobre lo que dijo. Pero ya lo hemos hablado ¿no?
- Sí.
- Pues ya está. Confía en mí.
- Ok.
No me quedaba más remedio, si decía que se trataba de eso ya no había nada más que decir y si se trataba de otra cosa… no sé por qué iba Vero a mentirme. De todas formas seguía notándola rara y no quería que se sintiera mal así que lo dejé pasar y no insistí en el tema.

CAPÍTULO 18 (PARTE 1)

Britney estuvo vomitando todo lo que quedaba de tarde y aún seguía mareada cuando la acompañé a casa y esperé hasta que se tumbó en la cama.
No dormí nada esa noche, era incapaz de conciliar el sueño sabiendo que ella estaba mal. Quería estar allí abrazándola para que durmiera, haciéndole compañía, ayudándola si se encontraba mal… pero no podía y eso me cabreaba muchísimo. Sus padres me habían pedido que me quedara en mi casa esa noche para dejarla descansar, además de que desde que sabían que estábamos juntas ni ellos ni mi madre nos dejaban demasiadas veces ir a dormir a casa de la otra.
Al día siguiente por la tarde fui a buscar a Vero a la estación del tren. Mientras iba caminando por la calle pensaba en todo lo que me había pasado en los últimos meses y en especial pensaba en dos cosas concretas: en que quería ir a ver a Britney para saber si estaba mejor (esa mañana no había ido a clase) y en aquello que me había dicho Vero que tenía que contarme antes de que su abuela se pusiera mal y tuviera que marcharse precipitadamente de la ciudad.
Justo cuando pensaba en Vero pasé por delante de una nueva tienda de chucherías y vi en el escaparate un paquete de sus caramelos preferidos, unos que son como gajos de limón. Instantáneamente se me dibujó una sonrisa en la cara al pensar que aunque fuera una chorrada a ella le haría ilusión que se los comprara, así que por verla sonreír entré a por ellos.
Cuando llegué a la estación el tren aún no estaba allí. Me senté a esperar y me cerré un poco más la cazadora, ya que empezaba a tener frío. Encendí el MP4 para intentar distraerme un poco y las melodías del último single de Lady Gaga, “Bad romance”, me hicieron compañía hasta que, por fin, vi a lo lejos como el tren salía del túnel y se acercaba al andén. Lo guardé rápidamente en el bolso mientras me puse de pie, ansiosa -¿tal vez demasiado?- por ver a mi amiga.
Cuando el tren se detuvo del todo la gente empezó a bajar poco a poco. Las caras desconocidas salían del tren y se abrazaban con sus familiares, amigos o parejas, mientras que otros que viajaban juntos seguían con su conversación y aquellos que no tenían a nadie esperándolos continuaron solos su camino hacia la salida de la estación. Una multitud de caras desconocidas, pero no alcanzaba a vislumbrar la única que quería ver.
Justo cuando empezaba a creer que me había equivocado al apuntar el horario del tren en el que venía, vi a Vero descendiendo las escaleras. Inconscientemente sentí un fuerte alivio, las cosas siempre iban mejor cuando ella estaba allí.
Me vio entre la gente sin que tuviera que hacer ningún gesto y sin llamarla; se quedó quieta un instante (apenas perceptible para los demás aunque sí para mí), me miró y poco a poco, como a cámara lenta, una sonrisa se fue dibujando en su rostro. Comenzó a caminar hacia mí arrastrando su maleta, sin demasiada prisa pero tal vez más rápido de lo normal. El fuerte viento que había ese día y que en la estación se notaba el doble le agitó el pelo en el aire, como si fuera un anuncio en el que una chica va desfilando mientras un ventilador le echa pelo hacia atrás. Fue una de esas escenas que, por una razón que en ese momento no alcanzas a comprender, se te quedan grabadas para siempre en la memoria.
Cuando por fin llegó a mi lado soltó la maleta y me abrazó, colocando sus brazos alrededor de mi cuello con demasiada fuerza.
- ¡Vero que me ahogas!
Aflojó un poco su abrazo, riéndose.
- Te he echado de menos – me susurró al oído.
Cuando después de un buen rato se separó de mí, vi que tenía lágrimas en los ojos y que alguna que ya se le había escapado se perdía en sus labios, pintados de un rosa pálido, casi imperceptible.
- ¡Ey! – Ahora fui yo la que la abracé con todas mis fuerzas – Venga… que solo has estado fuera tres días. En verano te fuiste muchos más al campamento – La solté por fin.
- Ya, pero ahora es distinto…
- ¿Por qué?
- No lo sé, me siento distinta, tal vez más débil, más dependiente. Solo sé que no podría estar todos esos días sin verte.
- ¡Venga ya…! – dije en tono de broma, quitándole importancia.
- Amy – dijo agarrándome del brazo para que me girara hacia ella – Te lo juro, no sé por qué, pero no podría estar tanto tiempo sin verte.
Hubo un extraño silencio mientras caminábamos hacia la salida.
- Me he reído de ti – dije sin parar de caminar – pero la verdad es que yo tampoco podría ahora estar tanto sin verte.
Me acerqué al taxi que tenía delante, en la puerta de la estación.
- ¡Ey espera! Prefiero ir andando – dijo Vero. Yo ya había abierto la puerta.
- Supuse que estarías cansada y además hace frío.
- Da igual, prefiero caminar contigo, así tenemos más tiempo para hablar – sonrió tímidamente.
- Ok, como tú quieras… Perdone – dije hacia dentro del taxi antes de cerrar la puerta. El conductor me hizo un gesto con la mano para indicarme que no pasaba nada.
Cruzamos la calle y se agarró a mi brazo para empezar nuestro trayecto hasta mi casa, que no estaba precisamente cerca.
- ¿Qué le pasó ayer a Britney mientras hablábamos?
- Se mareó – dije desviando la mirada – La quimio…
Lo entendió sin que tuviera que decir nada más.
- ¿Y hoy está mejor?
- No creo, no ha ido a clase. ¿Al llegar te parece bien si vamos a verla?
- Claro – me apretó un poco el brazo para darme ánimos.
- ¿Y qué tal tu abuela?
- ¡Puf! No sé, tiene días… a veces está perfectamente pero ayer por ejemplo se pensaba que yo era la chica de la limpieza.
Las dos nos echamos a reír.