sábado, 20 de febrero de 2010

CAPÍTULO 10 (PARTE 1)

Me levanté el primer día de clase con ganas de ir, por raro que suene. Pero ese año iba a estar con Britney, Diego y Vero en la misma clase, ya que los cuatro habíamos elegido el bachillerato de sociales y nuestro instituto solo formaría una clase con los alumnos que hubieran escogido esa opción. Y además quería despejarme y mantenerme ocupada para no pensar demasiado en lo de mi madre, que era prácticamente lo único que había hecho desde que dos días antes mantuvimos esa conversación.
El ambiente en casa estaba raro. Mamá hacía como si no hubiera pasado nada. Naira al enterarse de lo ocurrido se había revelado y le había echado en cara a mi madre su comportamiento. A Miguel lo único que le preocupaba en esos momentos era que con el inicio del curso su tiempo para jugar a la play se vería reducido. Naira y yo se lo habíamos contado todo el día anterior y le pareció muy bien que Britney fuera mi novia pero no entendía por qué se había creado ese ambiente en casa ni por qué mamá le había dado tanta importancia. Lo que más le fastidió a Miguel, como él mismo dijo para hacerme reír, fue que ahora tendría que competir con una persona más para conseguir chica.

Cuando ese primer día de clase iba con Britney hacia el lugar en el que habíamos quedado con Vero, Diego y Pablo recordé que tenía que empezar a preparar el regalo que iba a darle, ya que tres días más tarde cumplíamos nuestro primer mes (lo contábamos desde el primer beso que nos dimos). No es que lo hubiera olvidado, de hecho ya tenía pensado que quería regalarle, es solo que con todo lo que había pasado aún no lo había acabado. Nos habíamos prometido que no íbamos a gastar mucho dinero porque, al fin y al cabo, solo hacíamos un mes, y pensábamos estar muchos meses juntas. Yo le había grabado un CD con mis canciones favoritas para que me fuera conociendo un poco más. Pareció hacerle mucha ilusión cuando se lo di y dijo en repetidas ocasiones que lo oiría esa misma noche.
Cuando me dio su regalo estaba tan nerviosa que casi se me cae al suelo al intentar abrirlo. Quité el papel de regalo y otro que había dentro de un color plateado. Era un colgante de cuerda negra, suave, con una pequeña figura, de un material que imitaba a la plata, de la estatua de la libertad. Me encantó en cuanto lo vi.
- Lo compré en Nueva York - dijo con una sonrisa.
- ¡Guau! Es perfecto. ¿Pero estás segura de que quieres dármelo a mí? Es un recuerdo tuyo...
- El día que lo compré lo hice por un motivo, ahora te lo doy a ti por el mismo motivo.
- ¿Cuál?
- Bueno, en realidad a ti te lo regalo por dos motivos. El primero porque espero poder ir contigo algún día, al igual que a los otros sitios de mi mural. Y el segundo - dijo mientras me lo ponía - es porque es la estatua de la libertad y quiero que recuerdes siempre, incluso si algún día no estoy a tu lado...
- ¡No digas eso! - la interrumpí.
- Puede pasar ¿no?
- Pero no lo digas.
- Shhh. Escúchame - dijo poniéndome un mechón de pelo detrás de la oreja - Quiero que recuerdes que eres libre, que nadie intente quitarte eso nunca. Eres una gran persona y te mereces poder ser feliz, decidir a quién quieres amar y elegir tu propia vida. No lo olvides - me susurró al oído - Somos libres.

jueves, 11 de febrero de 2010

CAPÍTULO 9 (PARTE 2)

Esa noche me quedé a dormir en casa de Britney. Mi madre dormía fuera porque había tenido que hacer un rápido viaje de trabajo para un nuevo proyecto de su despacho de arquitectos; así que llamé a Naira y le pedí que me dejara quedarme y que si llamaba mamá le dijera que yo había dormido en casa. Naira al notar por mi voz que yo no estaba bien me dejó quedarme con Brit a cambio de que al día siguiente se lo contara todo.
Nos acostamos en su cama, grande como una de matrimonio, y vimos una peli. Eligió una comedia para que me riera un poco y la verdad es que lo consiguió. Durante bastante tiempo, gracias a ella, conseguí no pensar en mi madre y en nuestra conversación.
Me dormí abrazada a Brit antes de que la película acabara.
Cuando al día siguiente volví a casa y estuve sola durante un rato, volví a pensar en todo lo que me había dicho mi madre y, una vez más, me senté en mi mesa con boli y papel en la mano. En esta ocasión aunque la carta iba dirigida a ella no pensaba entregársela, era solo una forma de desahogarme. Poco a poco las palabras empezaron a surgir solas:

"Una vez vi un documental en el que una chica contaba cómo fue el día en que le dijo a sus padres que era lesbiana. Contó que su madre antes de que ella dijera nada ya sabía de qué iba a hablarles aquel día. Su madre le dijo que ya lo sabía porque cuando estaba con su mejor amiga (que en realidad era su novia) se la veía distinta, más llena de vida. Su padre al principio estaba sorprendido; pero le dijo que era su hija y que siempre la protegería, que la quería incondicionalmente y que por tanto lo haría pasase lo que pasase.
¿No te das cuenta? Eso es todo lo que quería escuchar yo. Que estarías ahí, protegiéndome y que me querrías siempre decidiera lo que decidiera en mi vida, amara a quien amase, viviera como viviese. No quería escuchar todo aquello, no quería oír lo que ya sabía, no quería que me dijeras lo mismo que el resto del mundo. Quería que como madre me mostrases que tú me querrías incondicionalmente, desde el primero hasta el último día de mi vida. Siempre recordaré ese momento. Ese vínculo que habíamos creado y que hacía que estuviéramos tan unidas se resquebrajó. Me partiste el corazón. Y sólo sé que desde aquel día, por mucho que lo intente, ya no puedo mirarte de la misma forma. Ya no sé quién eres."


Nunca se lo he dicho porque me cuesta aceptarlo, pero lo cierto es que siempre la quise un poco menos desde aquel día.

CAPÍTULO 9 (PARTE 1)

El teléfono sonó tres veces antes de que lo cogiera.
- ¡Hola Amy!
- Hola - dije con la voz algo quebrada.
- ¿Estás bien?
Evité contestar.
- ¿Estás en casa? - le pregunté.
- Sí. ¿Vienes?
- Ok. Estaré ahí en dos minutos.
Hice el camino casi inconscientemente; estaba en otro mundo, en mi mundo.
Cuando el ascensor se abrió y fui a darle al timbre de la puerta que tenía delante apenas podía contener las lágrimas. Tenía los ojos completamente nublados.
La puerta se abrió y la abracé nada más entrar. Noté que cerraba la puerta detrás de mí, sin soltarme y sin dejar de preguntarme qué había pasado. Me dejé llevar y solté todas las lágrimas que llevaba guardando desde ese mediodía.
- Se lo he dicho - susurré entre sollozos.
- ¿El qué a quién?
Me separé un momento sin poder dejar de llorar. Ella me apartó las lágrimas con las mano en un gesto realmente dulce.
- Se lo he dicho a mi madre.
Al instante pareció comprender con exactitud de qué le estaba hablando.
- "Oh my God"
Volvió a abrazarme.
- ¡Ven! - dijo mientras me guiaba de la mano hasta su habitación. Nos sentamos en el borde de la cama, con las piernas encima de ésta para poder estar frente a frente.
- ¿Qué ha pasado? Cuéntamelo todo... - dijo cuando conseguí calmarme.
- Ayer mi hermana me comentó que intuía que estábamos juntas. Hablamos de ello y le conté todo.
- ¿Y cómo reaccionó?
- Muy bien. Dijo que siempre iba a estar ahí para mí y que me veía feliz y eso es lo que le importa.
- Eso es bueno, te apoya... - dijo sonriendo.
- Lo sé, Naira es espectacular.
Aguardé un momento antes de seguir.
- También hablamos de si debería contárselo a mi madre o no. Ella me aconsejó que lo hiciera, que fuera sincera desde el principio, que no tuviera miedo. Pensé en ello toda la noche y al final decidí que quería confiar en ella. Pero por desgracia soy bastante cobarde y tenía miedo a que llegado el momento no fuera capaz de explicarle lo que ha pasado y cómo me siento. Así que le escribí una carta y la dejé a la vista para que la leyera por la mañana.
- ¿Y la leyó?
- Sí, y luego se fue al trabajo así que no pude verla hasta el medio día. Cuando volvió me dijo que deberíamos hablar de ello y nos sentamos en el salón - la voz comenzó a temblarme - Al principio estuvo amable; me dijo que en absoluto había dejado de quererme, que cómo podía pensar eso. Pero luego...
Las palabras se perdieron antes de que yo las pronunciara.
- ¿Luego qué?
- No sé... no te puedo decir cómo fue exactamente la conversación porque yo estaba tan sorprendida que me quedé en estado de shock. Pero muchas de las frases se me quedaron grabadas. Ella cree que el hecho de que mi padre no viva aquí y de que yo lo haya pasado muy mal por eso puede tener algo que ver con que crea que me gusten las chicas. Pero que es solo una fase y que se me pasará.
La estaba sorprendiendo bastante.
- Además - continué - me dijo que la sociedad no estaba tan modernizada como nosotros creemos y que Pontevedra es un sitio pequeño y mucha gente iba a enterarse, que piense que a ella y mis hermanos eso también va a afectarles porque tienen que vivir aquí.
Una lágrima resbaló de mis pestañas y cayó directamente en mis vaqueros, que empezaban a estar bastante mojados.
- ¿Qué más te dijo? - inquirió Britney.
- Dijo algo de que los extremos y las cosas radicales nunca no son buenas y que ser lesbiana es un extremo. No lo dije en voz alta pero en ese momento me pregunté ¿y ser hetero no lo es?
- Ya, tienes razón.
- Para acabar su maravilloso discurso dejó caer que debería dejar de pensar en esas cosas y centrarme en intentar que me gusten los chicos.
- No me lo puedo creer, ¿en serio dijo eso?
- Sí, tal cual.
Nos miramos en silencio sin saber muy bien que decir. Ella quería consolarme y tratar de animarme pero no sabía cómo; Britney ni siquiera había pasado por eso, sus padres la habían apoyado desde el principio. ¿Por qué no pude yo tener lo mismo?¿Por qué lo único que conseguí con mi sinceridad fueron signos de opresión más propios de antaño que del siglo XXI?¿Por qué la persona a la que había recurrido para que me ayudara era la que más miedo e inseguridad me había metido en el cuerpo?¿De verdad creía mi madre en lo que me dijo durante esa conversación?¿Cómo podía creer que esa frase de "tu intenta que te gusten los chicos" tenía algún sentido?

domingo, 7 de febrero de 2010

CAPÍTULO 8 (PARTE 2)

Esa misma noche, después de que mi madre llegara a casa y de que Naira y yo apagáramos la tele, me tumbé en la cama sin ninguna intención de dormirme. Lo único que conseguí hacer fue pensar en cómo iba a decírselo a mi madre y especular sobre cómo podía reaccionar. La consideraba una mujer bastante moderna y, sobre todo, respetuosa con todo el mundo. Pensé que al igual que Naira, ella se daría cuenta de que ahora era más feliz que nunca y de que eso era lo único importante.
Me levanté de la cama y me senté en mi mesa. Aparté el teclado del ordenador. Cogí un boli y un folio y empecé a escribir:

"¡Hola mamá!
Sé que te sorprenderá que te haya escrito una carta. Es muy posible que esta sea la peor opción del mundo, o al menos la más cobarde, pero sabes que me expreso mucho mejor por escrito y que estoy más cómoda que hablando. Por otra parte, sinceramente, creo que nunca reuniré el valor suficiente para tener esta conversación contigo cara a cara. Y tampoco quiero seguir ocultándote cosas, así que esta es la única opción posible que se me ocurrió.
Supongo que toda esta carta va a sorprenderte pero quiero que sepas que no es fácil para mí tener que escribirla. Probablemente nuestra vida sería mucho menos complicada si nunca lo hiciera y me olvidara de todo; pero eso significaría renunciar para siempre a mi felicidad y es algo a lo que nunca estaré dispuesta.
Mamá, como ya sabes, hace un mes que conocí a Britney. Desde entonces he quedado con ella varias veces y se lleva muy bien con Vero y Diego también. Desde que la conocí algo ha cambiado. Es una persona especial y me hace muy feliz haberla conocido y ser su amiga. Pero lo cierto, es que no somos solo amigas. Hoy, tumbada en mi cama y pensando en las consecuencias de esta carta, me he dado cuenta de que sea lo que sea que pase a partir de ahora vale la pena; porque estoy enamorada de ella.
Sea lo que sea lo que tengas en mente ahora, por favor, no hagas teorías al respecto, solo escúchame y trata de ponerte en mi lugar y de entenderme. Hace algún tiempo que salgo con chicos pero aunque no quería reconocerlo no disfrutaba con ellos, no me atraían de verdad. Cuando alguna vez he besado a algún chico me sentía extraña porque sabía que se supone que tenía que gustarme y me asustaba muchísimo porque no era así. Créeme, en el fondo siempre he sabido la verdad. Es solo que nunca lo he dejado ver, ni si quiera a mí misma. Cuando conocí a Britney abrí los ojos. No quería perderla simplemente por mi estúpido miedo. Me he dado cuenta de que la vida es demasiado corta y ya he perdido demasiado tiempo engañándome a mí misma.
La única verdad es que soy lesbiana. Soy feliz con Britney. Solo espero que todo esto no cambie tu visión sobre mí; espero que no estés decepcionada porque tal vez no soy lo que esperabas que fuera. Pero al fin y al cabo, eso no cambia mi carácter, no cambia mi vida, no cambia todas las cosas buenas que he hecho... nunca lo olvides mamá, sigo siendo tu niña pequeña, sigo siendo la misma persona.
Hay algo en lo que he estado pensando y que quiero contarte. Ya sabes que no soy muy religiosa y que no me van mucho esas cosas, pero es algo que, inevitablemente, me he planteado. Mamá, la única conclusión a la que he llegado es que sigo creyendo en Dios; en un Dios al que lo que le importe sea la bondad de las personas y el amor en cualquiera de sus formas; un Dios que me respete por cómo soy y que no me juzgue basándose solo en a quién amo. Espero de corazón que ese Dios exista y que me proteja y me dé fuerzas de aquí en adelante.

Con todo mi amor y toda mi sinceridad.

Tu hija, Amy".


Al acabar de escribir metí la carta en un sobre en el que puse "mamá" y lo dejé en la cocina para que lo viera al despertarse.
Volví a tumbarme en la cama. Las lágrimas resbalaban por mi rostro y me mojaban la camiseta del pijama. Estaba aterrorizada por el paso que acababa de dar. ¿Y si mi madre no se lo tomaba bien?¿Y si intentaba cambiarme? Todas esas preguntas rondaban por mi cabeza pero la que más miedo me daba era: ¿y si deja de quererme? Sé que suena estúpido porque ¿cómo una madre deja de querer a sus hijos por algo así? Pero realmente llegué a temer que eso pasara.
Aquella fue sin duda la peor noche de mi vida hasta el momento. Me dormí llorando y temblando por los nervios, literalmente. Y me desperté cuando mi madre se levantó para ir al trabajo (algo que es muy inusual, nunca me despertaba cuando ella se levantaba). La escuché ir hacia la cocina y hasta podría jurar que oí como rasgaba el sobre.
Cuando volví a oír pasos por el pasillo me hice la dormida.
Finalmente mi madre se fue al trabajo.

CAPÍTULO 8 (PARTE 1)

Cuando volví a casa esa noche, después de estar con Britney, mi madre había salido con Javier y mi hermano tampoco estaba. Me encontré a mi hermana en el salón y después de ponerme el pijama fui a sentarme con ella en el sofá.
- ¿Hubo huída? - pregunté de coña.
- Eso parece. Mamá llamó hace un momento y dijo que Miguel se queda en casa de un amigo, otra vez.
- Nos abandonan.
- ¡Pshe! Peor para ellos - dijo riendo - ¿Y tú qué, dónde estabas?
- En casa de Britney.
- ¿Con Vero?
- No, fui con Vero y Brit a comprar la mochila pero luego se fue que tenía vez en la peluquería.
- ¿Y qué tal con Britney? Parece que os lleváis muy bien ¿no?
Estuve a punto de echarme a reír pero me limité a mostrar una sonrisa disimulada. Conocía de sobra a mi hermana y sabía que quería llegar a algún lado con tanta pregunta.
- Sí, nos llevamos muy bien.
Se quedó reflexionando un poco.
- Naira que nos conocemos...
- ¿Qué?
- ¿Quieres preguntarme algo?
Sonrió.
- En realidad no necesito preguntártelo, ya lo sé. Al fin y al cabo eres mi hermana y como tú dices, nos conocemos - me guiñó el ojo, sin borrar la sonrisa que tenía.
- ¿Y qué es lo que sabes?
- Cuando hablas de ella se te dibuja una sonrisa en la cara, inconscientemente. Y las pocas veces que estuve con vosotras te vi distinta. No sé muy bien cómo explicarlo pero hace unos meses te notaba rara, como perdida. Ahora te pasas el día cantando por toda la casa y te veo feliz. Y creo que es por ella, porque cuando te veo con Britney pareces... más llena de vida. Nunca te había visto así con nadie.
No dije nada, me había dejado sin palabras. No esperaba tener aún esa conversación con nadie de mi familia.
- ¿Y te parece bien? - pregunté después - ¿te parece bien que estemos juntas?
- ¡Ey Amy! Eres mi hermanita pequeña y quiero que seas feliz. No te voy a mentir, me sorprendió bastante cuando me di cuenta, pero es como tenerte de vuelta después de esos meses en que realmente parecías otra. Te veo contenta y eso es lo único que quiero.
La abracé. Era lo que necesitaba oír, que estaría a mi lado, que me veía feliz y que eso es lo único que le importaba. Necesitaba el apoyo de mi familia y ella estuvo allí, como hermana mayor, como amiga. Nunca, nunca, llegaré a agradecerle lo suficiente que tuviéramos aquella conversación. Fue como el principio de un largo camino que sabía que tenía y quería recorrer.
- ¿Cuándo se lo dirás a mamá? - me preguntó de pronto.
- No lo sé... Es difícil decirle a tu madre que eres lesbiana.
- Pero deberías hacerlo, Amy.
- Ya, ¿pero cómo le dices a alguien que te conoce de toda la vida que no eres quien cree que eres?
- ¿Y cómo mientes a alguien que te conoce de toda la vida fingiendo ser quien no eres?
Tenía razón, tarde o temprano tendría que decírselo, era mi madre y no podía fingir con ella aparentando ser otra persona. Quería que me quisiera por quién soy y no por quien ella quiere que sea. ¿Pero cómo decirlo?¿Cómo empezar esa conversación?¿Cuándo? Me puse a pensarlo y me di cuenta de que no importaba cuándo o dónde, tenía que decírselo, porque por mucho que esperara nunca habría un momento o un lugar perfecto para decirle a tu madre que tu vida ha cambiado para siempre. Nunca habría un momento perfecto para decirle que era lesbiana.

martes, 2 de febrero de 2010

CAPÍTULO 7 (PARTE 2)

- Pues sí. Yo me quedé un poco triste y tal y una de las chicas que trabajaba en el bar se dio cuenta de todo lo que había pasado y vino para intentar animarme. Me hizo reír, me dijo que aquel chico no me merecía. No sé por qué me inspiró confianza y le expliqué que yo no buscaba eso: a un tío que no pudiera ni mantener una conversación normal o que pasara de mí toda la noche y luego pretendiera meterse en mi cama como si esa fuera mi obligación o algo así.
Hizo una breve pausa. Se levantó y cogió una cosa que tenía en el fondo de un cajón de su escritorio. Volvió a tumbarse y me enseñó una foto de una chica morena con el pelo en tonos casi rojizos y ojos marrones.
- ¿Es ella? - pregunté
- Sí. Aquel día me ayudó un montón, me pidió que me quedara hasta que acabara su turno para poder invitarme a tomar algo. Y eso se convirtió en una costumbre. Iba a muchas veces a la cafetería y luego esperaba a que ella acabara para ir a dar una vuelta. Una semana después habiendo hecho eso todos los días yo ya tenía mucha confianza con ella. Y un día fuimos al cine... y me besó.
Se quedó callada.
- Sigue - le animé.
- No sé lo que sentí exactamente pero me di cuenta de que no sentía eso con los chicos y fue como si abriera los ojos de pronto. Yo ya me había acostado con un par de chicos y no había disfrutado, no me atraían y entonces supe por qué. Ella me llevó a su casa y lo hicimos por primera vez. Fue muy dulce conmigo, pero a la vez sensual y sexy. Me trató como si fuera un privilegio estar conmigo y no una obligación como me había hecho sentir aquel tío. De hecho yo considero que esa fue mi primera vez y no las otras. A partir de ese momento pues no sé, empecé a plantearme si contárselo a mis padres, amigos etc. Pero bueno esa parte ya la conoces.
Reflexioné un momento mirando la foto de la chica.
- ¿Cómo se llama?
- Kate.
- ¿Y cuándo fue todo eso?
- En julio del año pasado.
- ¿Y qué pasó después?¿Por qué lo dejasteis?
- Bueno, salimos en julio y junio y nos llevábamos muy bien y mee gustaba muchísimo. Pero... a su padre le ofrecieron un trabajo en Chicago y se fueron. Cuando me contó que se iba decidimos dejarlo y ser solo amigas, porque sinceramente con quince años es muy complicado tener una relación a distancia y no era lo que ninguna de las dos queríamos. Seguimos siendo amigas y hablamos de vez en cuando.
- ¿La has vuelto a ver desde que se fue?
- Sí, vino una vez a Willmington y quedamos para ponernos al día. ¿Sabes? Aunque no sea una de mis mejores amigas o no la vea muy a menudo es una persona importante para mí. Cuando la conocí mi vida cambió y pocas veces puedes decir eso de alguien.
- Yo puedo decirlo de ti.
- ¿En serio?
- ¡Claro! No lo digo por decir; mi vida ha cambiado desde que te conozco. Es evidente...
Me agarró de la camiseta para que volviera tumbarme con ella y me abrazó.
- ¿Sabes Amy? Es curioso, por alguna razón te cuento cosas de las que nunca hablo con nadie, como lo del tatuaje o lo de hoy. Es decir mis amigos saben que tengo un tatuaje pero nunca les he contado por qué me hice eso exactamente. Y en cambio me gusta hablar esas cosas contigo porque son cosas que forman parte de mí, al igual que tú. Y me gusta muchísimo que tú hagas lo mismo y me cuentes cosas de ti que consideres importantes.
- Te contaré todas esas cosas, te lo prometo.
- Y yo prometo estar aquí para escucharlas... siempre.
- ¿Siempre? - pregunté para saber si estaba segura de lo que decía.
- Siempre...

CAPÍTULO 7 (PARTE 1)

SEPTIEMBRE DE 2008:

Un par de días antes de que empezaran las clases decidí que tal vez ya era el momento de comprarme una mochila nueva, sobre todo teniendo en cuenta que la que había usado el año anterior estaba rota.
Desde el día de mi cumpleaños había quedado varias veces con Britney y habíamos decidido que íbamos a tomarnos nuestra relación poco a poco, sobre todo hasta que yo estuviera preparada para hablar con mis padres. Como mis hermanos, Miguel y Naira, también iban a nuestro instituto (Naira tendría que empezar la universidad ese año pero repitió curso) y además Pontevedra es una ciudad en la que las noticias vuelan no quería que se enteraran por otra persona de que Britney era mi novia.
Después de acompañarme a comprar una mochila Britney me invitó a ir a su casa para ver la habitación ya, por fin, terminada. Le había quedado increíble. En realidad solo había cambiado una cosa, pero era realmente llamativo y merecía la pena que me hubiera llevado para verlo: en el techo había pintado esparcidas para que no quedara agobiante estrellas con el borde violeta; eran de un material especial que había comprado en EEUU y brillaban en la oscuridad. Era realmente alucinante. Apagó la luz y para que pudiera verlo bien cerró la persiana. Nos tumbamos en la cama. Estuvimos allí un montón de tiempo, mirando las estrellas que Britney había dibujado a mano y hablando.
- ¿Sabes? - dijo cogiéndome la mano - Eso es algo que no me gusta de aquí. En Pontevedra pocas noches se ven las estrellas. Y cuando se ven son solo cinco o seis.
- Ya.
- En mi casa solía salir al porche de noche a dibujar y miraba las estrellas. ¡Jo, quiero llevarte a mi casa! ¡Quiero enseñártelo todo! ¡Quiero pasear contigo por allí, ir al muelle, a la cancha del río! ¡Quiero tenerte en mi habitación!
- Bueno... al menos estoy en esta ¿no?
- Sí y ojalá no te fueras nunca, pero realmente me gustaría estar contigo en Willmington y ver las estrellas.
Suspiró.
- ¡"Fuck"! - dijo en un susurro.
- Echas de menos estar allí ¿verdad?
- Sí. A ver... me gusta vivir aquí, me gusta tenerte en el piso de arriba y Pontevedra es bonita.
- Si tú lo dices...
- Sí, de verdad. Es solo que aquella es mi casa ¿entiendes? Siempre he vivido allí. Y simplemente me gustaría que estuviera más cerca para poder ir de vez en cuando. Pero bueno, es lo que hay...
Le pasé un brazo por encima del estómago para abrazarla y me puse de lado, con la cabeza apoyada en su hombro. No sabía muy bien que decirle para reconfortarla. Así que dije lo único que, aunque parezca una tontería, me habría ayudado si hubiera estado yo en la misma situación:
- Ya sé que a lo mejor no es la situación perfecta y puede que no sea suficiente, pero quiero que sepas que me tienes a mí. Estoy aquí y no me iré a ninguna parte.
Cogió suavemente mi barbilla para acercarla a sus labios y me besó. Después estuvimos unos quince o veinte minutos en silencio, solamente pensando, mirando las estrellas artificiales abrazadas.
- ¿Puedo preguntarte algo? - dije yo rompiendo el silencio.
- Lo que quieras.
- ¿Cómo supiste que eras lesbiana?
Me miró con cara de sorpresa.
- Buena pregunta - dijo medio riéndose - Empecé a sentir algo por una chica y no sé, poco a poco la cosa fue a más.
- Cuéntamelo. ¿Quién era la chica? ¿qué pasó?
- Yo había quedado con mi mejor amiga y su novio me había traído a un amigo; una especie de cita a ciegas. El tipo resultó ser un capullo, la verdad es que no se parecía en nada al novio de mi amiga, no sé ni por qué eran amigos... Total que el tío, Matt, empezó a tontear con otras delante de mis narices. Al final al novio de mi amiga le llamaron porque había tenido un accidente su padre y se fue. Mi amiga quiso acompañarlo, como es lógico, así que me quedé con Matt. Intentó entrarme a pesar de que no habíamos hablado prácticamente en toda la noche y yo lo aparté así que se fue con otra con la que llevaba tonteando un buen rato.
- ¡Que capullo!